caín y las zapatillas mágicas.

Imagínese.

Usted tiene siete años. Va al colegio, católico, para más datos. Le gusta, aunque a veces lo aburre que le enseñen cosas que ya aprendió.

En las clases de catequesis –porque es de esos colegios donde se enseña catequesis desde los 4 años -, una monja simpática le cuenta la biblia como su mamá le cuenta historias de zapatillas que bailan solas. Relatos de redención, unos y otros. Tratando de meterle en la cabeza que no está bien ambicionar de más, ni perseguir sueños imposibles.

Le decía, en las clases de catequesis de ese colegio en el que a las autoridades se las saluda invocando alabanzas hacia un muerto milenario, usted escucha atentamente, porque le gustan las historias, lo transportan y se puede imaginar, muy fácilmente, una película en su cabeza.

Hasta ese día. Ese día en que escucha sobre Adán, Eva y la manzana. Algo le hace clic en la cabeza. Porque en el fondo sabe, o cree que sabe – aunque todavía no lo puede expresar, acuérdese que tiene siete años y no es un niño prodigio – que Eva no estaba tan equivocada, que si el saber y el sabor están al alcance de la mano, es porque son posibilidades reales, cómo no tomarlas…

Pero hay algo que sí puede expresar. La duda que empieza a asomar, una certeza de que algo, algo que no tiene en claro qué es, no está del todo bien.

Y sigue escuchando. Y una mañana fría le cuentan la historia de Caín y Abel. La traición entre hermanos. El pecado segundo. Pero usted no se detiene en la lección moral.
La duda se le hace carne.

¿Cómo puede ser?

Entonces, en un recreo, se le acerca a la monja que camina por el patio, controlando que nadie se divierta de más.

–         Pasa que Caín y Abel no fueron los únicos hijos de Adán y Eva. Después tuvieron más. Y ellos poblaron el mundo.

Usted no sabe lo que es el incesto. Ni siquiera piensa en cigüeñas todavía, eso vendrá apenas un tiempo después. Pero el instinto le grita desde el fondo del cerebro.

Y vuelve a preguntar.

¡¿Cómo puede ser?!

La monja lo mira, le pone una mano en el hombro. Y antes de alejarse, le da la respuesta que mata todas las preguntas.

–         Es un misterio.

Y usted entiende, por primera vez, que esas historias de manzanas y serpientes que escucha en el banco del aula no son más reales que los cuentos de zapatillas mágicas que bailan solas castigando a niñitas ambiciosas.

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  1. #1 por Tauro el enero 4, 2010 - 14:44

    Y si… la tienen re solucionada.
    Con la del “misterio” y “Dios todo lo puede” (salvo destruir al diablo, que el creo) ah, y el “libre albedrio”… ya esta, borran todas las dudas…

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