mala leche.

Usted es un infeliz.

La vida se le presenta como una sucesión de hechos lamentables, momentos desafortunados, cosas que no quiere que sucedan pero suceden igual.

Accidentes domésticos, pequeños eventos cotidianos que para usted toman visos de tragedia griega con extirpación de ojos incluida .

Todos los días el mundo se vuelve en su contra, volviéndolo el protagonista de una conspiración que el universo tiene preparada contra usted, y que ejecuta sin prisa pero sin pausa. El centro de una trama en la que siempre tiene los números del perdedor.

Usted no se entera de que las cosas no LE pasan. Que su vida, como la de todos, es un delicado equilibrio entre alegría y sufrimiento.

Responsabiliza a dios, al gobierno, a la familia, a su mala leche proverbial. Inventa fantasmas y fantasías en las que otros, reales o inventados, no lo dejan ser dichoso.

Cuando le va bien, usted se agazapa a esperar las malas noticias. Desconfía de lo bueno como el prólogo de un mal mayor. Si la desventura no llega, usted la espera, la desea, la llama con la angustia del que sabe que no tiene escapatoria.

En realidad, secretamente, usted sabe que es entonces cuando se siente vivo.

Cuando la adversidad toca a su puerta, usted puede dar rienda suelta al pequeño teatro que tiene preparado, a las palabras y grandes frases que no puede evitar planificar con anticipación, pensando en cómo sacar jugo a las situaciones extremas, regodeándose en lo que los demás dirán acerca de su fortaleza y su entereza en las ocasiones difíciles.

Usted, que tiene la suerte de tener un techo y comer todos los días, es ciego ante la miseria real. Y envidia a los que disfrutan cuando la coyuntura lo permite. Atribuye el mérito ajeno de gozar lo que se puede a una mala distribución de la buena estrella.

Le molesta la inconsciencia de esos que, como la cigarra, saben tirarse al sol cuando calienta, sin preocuparse por que pasará cuando haga frío.

“Miralos a estos, yo no sé cómo hacen”.

Y se enoja como las patéticas hormigas cuando esas cigarras no caen en desgracia, deplorando la injusticia de que nunca les toque.

Hasta que les toca, y usted tiene la oportunidad de deleitarse en la tribulación de los demás. Está ahí, presente durante la adversidad, porque es lo que mejor le sale, porque nació para eso, que le alivia la consciencia y le da un inexplicable, inconfesable e inadmisible placer.

Así transcurren sus días, libre de culpas. Un alma bella, impoluta y virgen.

Una hormiga laboriosa, mientras las cigarras, con el alma manchada y arrugada por la experiencia, se acercan aunque sea de a ratos, a un atisbo de felicidad, soplos de esa paz que usted no conoce y probablemente no encuentre nunca.

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  1. #1 por Sil el agosto 24, 2009 - 17:13

    Que bueno Gaby!!!!!!!!!!!!!!

    • #2 por g. el agosto 24, 2009 - 17:25

      me alegro q te guste! pasate, pasate cuando quieras.

  2. #3 por MX el septiembre 4, 2009 - 1:20

    no tuvieron la suerte de ustedes, de tener un padre como el que tienen.

  3. #4 por Trish el octubre 8, 2010 - 23:29

    Wow!! :O Todos tus escritos son excelentes!!! Dios te bendiga!!! >.<

    • #5 por g. el octubre 8, 2010 - 23:31

      se agradece Trish. bienvenid@, espero que sigas encontrando cosas que sean de tu agrado.
      salut.

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