noche de invierno.

Y en la noche fría del hormiguero, cuando el viento soplaba fuerte, escucharon algo que nunca habían escuchado, no porque no lo hubieran oído, pero en las tardes de verano, mientras el calor arrecia la tierra que es supervivencia y muerte, es difícil poner atención a otros sonidos que aquellos que representan alimento o peligro.

En medio del silencio sepulcral de su refugio, escucharon a la cigarra cantar.

Escucharon tardes de verano al sol, la contemplación de verdes de tonos infinitos, de formas perfectas, de brisa entre hojas.

Nunca habían escuchado algo tan terriblemente hermoso.

Y ya no la miraron con desprecio, sorna o pena. Conmovidas, se unieron en una alabanza a la naturaleza creadora, porque entendieron que la función de la cigarra en el ciclo interminable que compartían era tan vital como su incansable trabajo de hormigas.

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