mendigar cariño.

Si usted es de los que creen que nunca han pedido ni un mendrugo de afecto, sepa que está equivocado.

Todos hemos estado en ese lugar. En esa situación en la que, ya sea un padre, una pareja, un amante, un amigo (usted elija), nos hace ver que quizás, tal vez, la cuota de sentimientos que hemos invertido en ellos vuelve en menor cantidad que la deseada.

No hay quien escape a la necesidad imperiosa de tener amor. Viejos resabios de la vida en manada, quizás. Cuando estar rodeados de gente que nos cuidara era lo único que alejaba a la muerte.

Por eso funciona tan bien Facebook, por la brillante maniobra de hacer sentir a sus miembros que le importan a alguien.

En esa comunidad virtual, todos tienen más amigos que los que podrían tener en su vida, aún si la dedicaran a cultivar amistades las 24 horas del día, los siete días de la semana.

Las redes sociales son la prueba máxima del mandato que nos conmina a ser aceptados, en primer término, y a ser amados como máxima aspiración.

Ahí están los que cuentan todo. Los que sólo cuentan cuando están mal. Los que sólo cuentan cuando están bien. Los que buscan provocar. Los que ponen videos moralizantes. Los que ponen videos divertidos. Los que ponen videos emocionantes.

Todos apuntan a lo mismo. “Acá estoy, este soy yo. Miren como pienso, miren como vivo, miren y quiéranme. O si quieren no miren, pero comenten, marquen que ‘les gusta’, hablen, háganme sentir que existo y que me tienen en cuenta”.

Es la evolución del implorar un poco de atención.

Pedimos que otros nos estimen porque nos conocemos demasiado bien como para sentir por nosotros mismos algo más que un obligado aprecio, como el que se tiene hacia la familia política.

Creemos que cuanto más invertimos en que nos amen, más amados seremos.

Pero no.

Es hora de descubrir que esta necesidad, como muchas que nos inculcaron, está teñida de una ideología mercantilista.

Somos capitalistas con el afecto.

Pensamos sin pensarlo demasiado que el amor debe responder a las mismas reglas que el mercado.

Ahí está el matrimonio, despojado de su carácter original de transacción comercial y elevado al altar de los logros de la vida. “He aquí alguien que me amará SIEMPRE. Lo está firmando en este papel. Es un contrato”.

Por eso es duro el desengaño cuando el arreglo se rompe, y entran los abogados y la ley, buscando resarcirnos por no haber sido amados como correspondía.

La búsqueda del amor es incesante. Y casi siempre equivocada.

Es que nos enseñaron que hay que hacerse querer. Pero no nos han dicho cómo.

La verdad, nadie lo sabe.

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  1. #1 por despueslanada el septiembre 25, 2009 - 14:25

    Y si… nos engañaron che.
    Algo de la historia llega mal… Demasiado egocentrico el amor como para hacer bien por mucho tiempo.
    Por eso funcionan bien las redes sociales, nunca nos llegamos a conocer tanto como para decepcionarnos por completo.

    • #2 por g. el septiembre 25, 2009 - 14:36

      yo diria más bien demasiado egocentricos nosotros como para que el amor en el buen sentido del termino funcione. pero si lo pensas, todos usamos el amor de la misma manera, hasta la madre teresa, q se suponia q era una “santa”.

  2. #3 por despueslanada el septiembre 25, 2009 - 17:05

    Exacto… como separar al amor del que lo siente?
    Lo mejor que se podria lograr es que los egocentricos encontremos alguna recompensa en un fin altruista (mentiroso) pero que beneficie realmente al que lo recibe y que no sea una simple busqueda de la retribucion por la ofrenda otorgada, sino que ese acto se transforme en un fin en si.
    Como teoria va como piña, no?
    Pero son demasiados acuerdos a reformular y somos humanos.
    Improbable lograrlo, creo…

  3. #4 por La lectora el agosto 1, 2010 - 19:27

    Totalmente de acuerdo con la función del facebook.
    Como esas personas que adoptan un perro y descargan sobre el pobre bicho (que queda sin duda malcriadísimo) todas sus carencias afectivas.
    Qué pensarán los perros?

    • #5 por g. el agosto 1, 2010 - 19:43

      si, o – peor aun – como esas personas que tienen un hijo y descargan sobre él todas sus carencias afectivas. pasa que el pobre perro solo puede limitar sus expresiones a la mirada resignada del que quiere que lo rescaten pero no lo puede transmitir.
      un abrazo,

  4. #6 por Juan Sebastián Olivieri el marzo 31, 2011 - 14:54

    “…Creemos que cuanto más invertimos en que nos amen, más amados seremos…” esto está muy cerca de dar con la génesis del problema, me parece.

    • #7 por g. el abril 1, 2011 - 16:56

      si, el tema es la solución del problema, no? gracias por leerte TODO y por comentar.
      abrazo

  5. #8 por Juan Sebastián Olivieri el abril 4, 2011 - 12:05

    ¡Puf!
    ¡Y yo que creía que dando con el origen encontraba la solución!

    Claro que leo todo. (…a ver si se me pega algo de inteligencia…)

    • #9 por g. el abril 5, 2011 - 0:55

      jaja, no, pero para que se te pegue inteligencia tenés que ir a otros lados, acá se te va a pegar algo de feminismo, algo de zombies, y alguna otra cosa por el estilo.
      gracias otra vez!

  6. #10 por Juan Sebastián Olivieri el abril 5, 2011 - 11:23

    Gabriela, si lo tuyo es feminismo, ya quisiera que fueran todas las mujeres así.

    • #11 por g. el abril 5, 2011 - 17:05

      estimado, lo mio ES feminismo, no le quepa ninguna duda. lo sufren los que conviven conmigo, pobres.
      abrazo!

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