los extraterrestres son seres paganos.

El día del Gran Encuentro había amanecido nublado.

Este dato, que puede parecer trivial, resultó esencial para la supervivencia de una de las dos especies que se cruzaron ese día.

La comitiva de bienvenida que se armó era un manojo de nervios en el momento en que la enorme puerta de la nave se abrió y comenzó a develarse el misterio.

Estaba integrada por funcionarios de segundo orden: cabezas de algún ministerio sin importancia, cuartos o quintos en líneas de sucesión a vetustas monarquías, algún país envió al alcalde de un pueblito perdido… ninguna autoridad real quería exponerse a la evaporación repentina.

Y los segundones, claro, no pudieron rechazar la misión, desesperados como estaban por dejar de ser el último orejón del tarro.

Babosas. Esa fue la primera imagen que se cruzó en las cabezas de los miles de millones que miraban ese momento cumbre de la historia de la civilización al ver a los visitantes avanzar lentamente hacia el pequeño grupo que los aguardaba.

Los elegidos se miraban unos a otros, presas de la confusión. ¿Cómo se saluda a una babosa?

Ofrecer la mano quedó inmediatamente descartado, ya que podía ser entendido como un gesto de agresión y superioridad. Así son los humanos. Una especie cruza la galaxia con tecnología que no alcanzan a comprender, pero puede llegar a sentirse inferior por no tener brazos.

El primero en acercarse fue el vice de un país tercermundista. Católico hasta la médula, llevaba consigo un ejemplar de la biblia como ofrenda.

Consciente de que los ojos del mundo estaban sobre él, con la voz quebrada por la emoción de la gloria venidera, comenzó a leer las bienaventuranzas.

Las babosas escucharon las primeras con lo que él interpretó como un respetuoso silencio. Envalentonado, siguió leyendo, en tono cada vez más firme.

Tres de ellas se posicionaron a su alrededor, estratégicamente. Era una imagen maravillosa ver desde el cielo a ese hombre en el medio de tres grandes masas amorfas.

De repente, cuando el vicepresidente hablaba de los mansos que heredarían la tierra, las tres se arrojaron encima del pobre hombre, que fue fagocitado en cuestión de segundos.

El horror. El resto del grupo se dispersó entre gritos histéricos, algunos se meaban encima mientras corrían.

Tras eructar la biblia, las tres babosas y cientos más que salieron desde el interior de la nave reptaron con una velocidad inusitada en todas direcciones, devorando todo a su paso.

Hasta que algunas gotas tocaron el suelo. Rayos y truenos ensordecedores las hicieron detenerse, temerosas.

El temporal se abatió sobre ellas. Y ese fue el final del intento de invasión. Se desintegraron formando enormes y asquerosas burbujas de baba.

Los sobrevivientes caminaban como zombis y resbalaban entre los restos de invasores e invadidos.

Uno de ellos encontró la cabeza del vicepresidente, que fue enterrada con honores en su país, con un recordatorio por haber sido primera víctima de los alienígenas. En honor a la verdad, no había mucho más por lo que recordarlo.

Pero lo realmente sorprendente de esa jornada llena de sorpresas fue darse cuenta que la tormenta salvadora había sido de gotas saladas. Muy saladas. Tan saladas que allí donde llovió no volvió a crecer el césped hasta mucho tiempo después.

Algunos, los más obtusos, lo consideraron un milagro.

Otros, más suspicaces, supieron que la naturaleza había reaccionado de la misma forma en que muchas veces reaccionaba contra la humanidad.

Y comenzaron a respetarla un poco más.

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  1. #1 por micromios el octubre 5, 2009 - 14:07

    Me ha gustado mucho. Siempre he sido una fan de la ciencia ficción y fiel seguidora de las películas de “serie B”.
    Un saludo

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