pequeñas torturas cotidianas (II).

No le cae bien a su jefe.

Usted no sabe bien por qué sucedió, o cómo. El asunto es que se da cuenta de que hay algo, algún motivo que probablemente desconozca, al que no pueda acceder del todo, que ha hecho que su jefe lo trate en forma preocupante.

Esto puede estar sucediendo hace meses, o algunos días. Incluso puede no estar sucediendo en absoluto. Pero usted no puede sacarse de la cabeza que el tipo se malaspectó.

Ergo, su fuente de trabajo está, en mayor o menor medida, en peligro. El miedo a la pérdida inminente del ingreso mensual resulta inevitable, y puede conducir a conductas no del todo aconsejables en estas ocasiones, ya que el cotidiano puede tornarse casi en una pesadilla en la que usted es un condenado esperando la ejecución.

Pasos a seguir.

Relájese.

Usted es inteligente, ya sabe que la prisa no es buena consejera, pero ante estas situaciones, el stress impide pensar bien. Analice en frío la situación, intentando no enroscarse al divino botón.

Cerciórese

Si usted es dado a las paranoias, existe la posibilidad de que esté completamente equivocado, y que su jefe simplemente esté pasando por un mal momento personal, o ni siquiera eso, que sea su modo de tratarlo.

Intente en la medida de lo posible asegurarse de que el problema existe. Y evite por todos los medios ser extra simpático y ortiba para ver la respuesta de la otra parte, ya que mucha gente encuentra fastidiosas estas actitudes y puede ocurrir que termine cayendo mal por este motivo.

Accione.

Lo que decida hacer con la información obtenida es su responsabilidad. De cualquier manera, aquí van algunos tips e ideas para encaminar la reflexión.

  • Hágase el sota. Si puede, trate de no cruzarse con su jefe, prescinda del contacto y el encuentro téte a téte. Manéjese via mail, sólo en lo estrictamente necesario, la tecnología es una gran aliada para sortear este tipo de obstáculos. Paralelamente, vaya buscando otro trabajo, esta es una técnica que solo le permite ganar tiempo, si su jefe no lo soporta, se librará de usted eventualmente.
  • Invéntese una condición mental. Con el ataque de pánico tan en boga, puede alegar stress laboral. Si lo hace bien y tiene un médico que lo secunde, puede ganar un par de meses de licencia y la posibilidad de que no lo echen jamás. Eso sí, tendrá que lidiar con la mirada entre temerosa y asustada de sus compañeros y su jefe, pero piense que puede utilizar estas sensaciones a su favor, para que no lo jodan mucho. Es casi tan bueno como no volver a laburar más.
  • Extorsiónelo. Si elige esta alternativa debe saber que sus probabilidades de triunfar dependen de dos factores. El primero, tener un dato certero, sea algún vuelto que no llegó a destino, alguna tramoya legal o un adulterio. El segundo, y tal vez el más importante, es su capacidad de soportar la presión que significa ser el extorsionador. No se amedrente cuando la primera vez que plantee el chantaje su jefe lo despida escandalizado y negando todo. No se quiebre ahí y termine pidiéndole disculpas, agarrado de su pantalón y llorando como un niño. Es molesto, no queda bien y habla a las claras de su neurosis irresuelta.
    Piense que si el tipo no lo echa ahí – cosa poco probable, pero hay de todo en este mundo -, usted estará condenado a ser su esclavo, y el hazmerreír de la empresa hasta el día de su jubilación.
  • Háblelo. Esta es la opción más madura y admirable de todas. Es tomar el toro por las astas, enfrentar los miedos y salir adelante como una persona capacitada para lidiar con cualquier tipo de situación. Además, su jefe sentirá que puede tener con usted una conversación civilizada en la cual exponer puntos de vista, y ambos saldrán enriquecidos con lo aprendido.
    Obviamente, esta escena se da en raras ocasiones. Los seres humanos en general no somos maduros y civilizados, somos bestias crueles y competitivas que de alguna manera se las han ingeniado para ascender en la cadena evolutiva.
    Por loable que sea esta alternativa no es para nada recomendable salvo que usted sea una persona fría y equilibrada. Sino, puede ocurrir que usted se ponga a la defensiva y agreda apenas empieza su planteo, que su jefe se ponga a la defensiva y lo agreda a usted al verse descubierto. De cualquier manera, en algún momento todo se convertirá en una batalla campal.
    Si opta por este camino, las probabilidades de que salga de la oficina de su jefe conservando su puesto son igual de altas que haciéndose el sota. Eso sí, si lo hace sentir mejor, será 100% ganador moral.
    Puede contar eso en sus próximas entrevistas de trabajo.
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