civilización (II).

En el capítulo anterioooooor…

***

El intendente giró y vio a sus coterráneos, que lo impulsaban mediante gestos y muecas a insistir.

BAM BAM BAM.

La puerta del camión se abrió con un sonido seco. Del interior salió un hombre con la camisa desabrochada y los ojos semicerrados por la luz del sol. Miró a los lomitenses, que le devolvieron la mirada sin decir una palabra.

El camionero se llevó la mano al bolsillo trasero del pantalón, sacó un papel arrugado, lo abrió y, rascándose la barba de algunos días, preguntó.

–  ¿Las Lomitas?

El intendente se irguió y extendió la mano. Era consciente de que ese era probablemente el momento más importante de su mandato, creía que de sus  palabras dependían muchas cosas, aunque no tenía idea de cuáles.

–  Sí caballero, bienvenido a nuestro humilde pueblo. ¿Qué lo trae por aquí?

–  Tenemos que instalar un supermercado a un kilómetro – dijo con la voz cansada, y agregó en un suspiro, mirando hacia la ruta -. Qué raro que no llegaron los demás camiones.

El hombre metió medio cuerpo dentro del camión y se estiró hacia el asiento del acompañante, mostrando a todo el pueblo una línea oscura que nadie tenía deseos de ver. Sacó un teléfono celular y empezó a marcar unos números mientras miraba el papel.

–  ¿Un supermercado? – preguntó el dueño del almacen de ramos generales, dando dos pasos hacia el hombre.

–  Sí. De la cadena “Compre mucho” – se produjo un súbito silencio. El aire se cargó de tensión -. ¿La conocen?

El dueño del almacen cruzó la mirada con el dueño del bar. El bibliotecario y la maestra se pusieron uno al lado del otro en un acto instintivo e inconsciente. El intendente, que era borracho pero no estúpido, tomó la palabra.

–  Pero nosotros no pedimos un supermercado.

El camionero seguía intentando comunicarse por el celular.

–   No tengo idea, jefe. Vio como es, deben haber hecho esos estudios de mercado y vieron que por acá no había y se estaban perdiendo un lugar donde vender. Y como hay un par de pueblos cerca, les tocó a ustedes. Bienvenidos a la civilización, je, je. Diga, ¿dónde tendré señal?

*continuará.

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