viejos tiempos.

–   Te juro que ya no sé qué hacer. Estoy pensando en hacerme algunos retoques.

–   ¿Para qué? Si no tiene sentido, es lo mismo…

–   Al menos me evito la mirada de desilusión cuando ven que la mayoría somos feos. Eso es lo peor, ¿no te parece? La mirada desilusionada.

–   Mse.

–   Como la otra noche, ponele. Una piba, caminando por la calle, ahí en Parque Chas. Sola, la situación ideal. Me le paro delante. Abro la boca. Me mira los colmillos y empieza a gritar.

–   Bueno, bien.

–   No, pará. Empieza a gritar “¡llevame con Edward!, ¡llevame con Edward!”

–   Claro.

–   Me pegué media vuelta y me fui.

–   Y sí. Bueno, peor era la época de Buffy. La combinación Buffy-Tae bo. Cómo me han cagado a patadas…

–   ¿Te acordás cómo era antes?

–   Antes de Drácula, decís.

–   No, incluso en aquella época. Drácula era un personaje digno, qué se yo. Todavía nos veían como amenaza. Se asustaban. Eran un manjar.

–   Es cierto. Ahora comés sin ganas. Esa sangre sin sal, es como estar a dieta.

–   ¿Y los que te interrogan? “¿Podés desaparecer? ¿y volar? Podés volar?”

–   ¡No! ¡Soy un vampiro, no soy Superman!

–   ¡Claro!

–   Los peores son los que quieren demostrarte que con vos está todo bien. Y te dicen que te prefieren a los hombres lobo.

–   Unos ridículos.

–   Gente que cree todo lo que ve en una pantalla, qué se le va a hacer.

–   Yo al principio hasta intenté explicarles, antes de comer. Pero no había caso eh, no había uno que no dijera “No, bueno, pero yo vi en televisión…”

–   El problema es que nos arrastran a la locura de ellos. La vez pasada me cruce con Carlos, ¿te acordas? El gordito, que paraba en Libertador y Tagle…

–   Ah, sí. ¿Cómo anda?

–   Está yendo al gimnasio. Bajó como veinte kilos. Se pudrió de que la gente se riera de él. Dice que así lo respetan un poco y al menos puede comer.

–   Bueno, pará, ¿a Roberta la ubicás? La grandota, tetona.

–   Sí.

–   Empezó terapia. Está con antidepresivos.

–   No me digás…

–   Se le enamoró un tipo, no la dejaba tranquila. Al final no quería ni salir a la calle, parece que le dio como un ataque de pánico.

–   Qué desastre. Al final, ellos nos terminan infectando a nosotros.

–   Y si son una peste, qué querés.

–   No sé donde vamos a ir a parar si seguimos así.

–   Sí, che. Cómo se extrañan los viejos tiempos…

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  1. #1 por micromios el diciembre 7, 2009 - 12:44

    Muy acertada sátira de la ola de vampiros tuneados que nos afecta. Yo también echo de menos a los vampiros de toda la vida.
    Saludos

    • #2 por g. el diciembre 7, 2009 - 12:47

      si, pobres, son tiempos dificiles para las criaturas fantásticas.
      saludos

  2. #3 por Franco V el diciembre 8, 2009 - 23:49

    a mi me viene bien. Ahora es más gourmet, viste? Antes se comía lo que se podía… en cambio ahora voy probando entre las que ponen el cuello a disposición, hasta que encuentro el que tenga ese no-se-qué.

    Y si alguna se enamora desaparezco y que se maneje.

    • #4 por g. el diciembre 9, 2009 - 0:43

      si, pero no me digas que no pierde un poquito de magia… al menos para los vampiros.

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