proteste pero no moleste.

Es agotador el sentido común. Cansa escuchar una y otra vez las mismas frases repetidas sin otro significado que la repetición misma.

La protesta jode. Retrasa y detiene por un rato la vida cotidiana de miles de hormiguitas laboriosas.

La única respuesta posible a eso es banqueselá.

La lógica de la protesta es esa, llamar la atención sobre problemáticas que afectan a más de una persona. Ser visto y ser escuchado, aunque más no sea para ser noticia en la cada vez más popular sección “problemas de tránsito y blablabla” – como parece que son todos los reclamos, por válidos que sean, en esta ciudad llena de snobs e individualistas.

Hay gente que protesta porque tiene hambre. O porque gana poco. O no gana lo que cree que se merece. O porque este señor está a punto de ser nombrado ministro de educación de un gobierno que además de fachista y corrupto raya en la oligofrenia en cuanto a estrategias políticas y manejo de conflictos.

Y está bien que protesten, mal que les pese a usted y a todos los que como usted viven sus vidas a ciegas creyendo que no tienen nada por lo que quejarse a viva voz.

Que usted no tenga huevos para reclamar como se debe acerca de lo que le parece injusto no lo habilita a invalidar la demanda ajena con la excusa de que llega tarde a su casa.

Porque usted se queja de ellos, pero no del que lo pisa a usted todos los días, que no tiene la gentileza de permitirle salir antes de la oficina. Y lo obliga a cumplir un horario, marchas o no marchas, sin importarle que usted después se queda varado en un embotellamiento.

A ese que todos los días abusa de usted y lo explota eso no le interesa porque no es su problema. Y usted se lo hace fácil, porque agacha la cabeza y acata las reglas sin razonarlas, sin notar que muchas de ellas son sinsentidos preestablecidos por otros, destinados a jodernos la vida a todos.

Mucho más que las marchas que le cortan una calle.

Por supuesto, usted dirá que no está en contra de la protesta en sí, sino de la modalidad.

Porque el derecho del otro termina donde empieza el suyo. Y más blabla.

Seguramente le parezcan mejores, más civilizados, los actos de esta gente, donde tres trasnochados se reúnen en una plaza – en la cual no incomodan a los que creen que son como ellos -, para pedir que vuelvan botas que pisarán no solo la libertad del que corta una calle, sino también la suya. Esa libertad aburguesada construida en base a prerrogativas por las que no ha tenido que luchar.

Pero claro, ellos no molestan. Ellos no atentan contra su derecho a llegar a horario.

¿Qué hay más importante que ese derecho?

Tiene razón.

Ninguno.

Ni el derecho a una vida digna.

Acá va una idea: organice una marcha por el derecho a la libre circulación.

Después me cuenta.

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  1. #1 por Tauro el enero 4, 2010 - 14:26

    Buenisimo… la gente siempre se queja para abajo, nunca para arriba porque lo obliga a ver su insignificancia. Hacia abajo estan los molestos, los que viven de arriba. “Si no trabajan es porque no quieren” si lugar para ser explotados tenemos todos…
    Y bueno, la inteligencia es subjetividad pura.
    Muy buen escrito.
    ; )

    • #2 por g. el enero 4, 2010 - 14:29

      y les molestan los que se quejan hacia arriba. es asi nomas.
      beso

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