la menor de los cabrera (I).

Se lleva la mano a la nuca y la desliza hacia delante, mirando la humedad que el sudor deja impregnada en su palma.

Hace demasiado calor, piensa, demasiado. El ventilador arroja aire caliente.

El ruido de la botella de cerveza helada que destapa suena refrescante. Se lleva un buen sorbo a la garganta con alivio.

Si no fuera por el calor los zombies se le harían más soportables. Agradece que sean torpes y lentos. Nunca le gustó correr, nunca fue rápida, y menos en altas temperaturas, se sofoca enseguida. Si fueran veloces ella ya se hubiera convertido en comida. O peor aún, en uno de ellos.

Demasiado calor, se repite mientras toma otro sorbo de cerveza y mira el sol caer en el horizonte de edificios semidesiertos. Quién hubiera dicho que el infierno era acá mismo.

Mira la fecha de vencimiento de la botella. Febrero de 2018. Dos años atrás. Se sonríe cuando recuerda cuánto le importaban esas cosas antes. Antes del colapso.

Fue todo un descubrimiento comprobar que su hermano tenía razón cada vez que le decía que las fechas de vencimiento de los productos eran mentiras inventadas para generar una falsa sensación de seguridad y cuidado.

Suena su celular. Mira el número y arquea las cejas.

–         Justo estaba pensando en vos… estoy tomando una cerveza que venció hace dos años… acá todo igual. Anoche no dormí, había demasiado quilombo en la calle, no sé que les pasaba, andaban aullando como locos ¿Por allá?… No, no sé si voy a poder ir… ya sé que es tu cumpleaños, Pablo, pero no tengo como llegar… ¡Porque no quiero aprender a manejar, me da miedo, no me gusta!… si, más miedo que matar zombies, que querés que te diga… hablando de zombies, ¿sabés a quien vi el otro día?… a la González… si, la de Química… no, no estaba taaan distinta, salvo por la baba y la sangre en un ojo… le reventé la cabeza, y un poco lo disfruté, ¿sabés?… y, me puso un uno en cuarto año, me mando a diciembre… si, pobre vieja… Ok, dale, hablamos. Cuídense, saludos a Mara y a las nenas.

Pobres todos nosotros, piensa, mientras se asoma a la ventana y mira tres pisos más abajo, a la calle, donde los zombies se pasean sucios y semidesnudos, obscenos en su animalidad. Ve venir por la vereda a dos que desde ahí arriba parecen sincronizados. Apunta con la botella. Espera. En el momento justo, la suelta. Uno de ellos cae al suelo mientras el otro sigue su marcha sin alterarse. Convulsiona unos instantes y luego se queda inmóvil.

***

No se sabe que fue lo que lo ocasionó. Pero sí que los primeros en convertirse fueron los integrantes de las fuerzas de seguridad.

La mayoría de las teorías conspirativas que leyó en Internet – único medio de información después del colapso – apuntaban a un experimento global para mejorar la capacidad y aptitud física de las fuerzas de choque, ante la creciente violencia social por la escasez de recursos.

El objetivo era prepararlos para eliminar sistemáticamente y con mayor efectividad a todos aquellos que “sobraban”, dejando un mundo preparado y habitable solo para unos pocos beneficiados que podrían disfrutarlo.

Un experimento que salió mal.

Vaya si salió mal.

***

Su hermano no entiende por qué ella quiere seguir viviendo en esa ciudad infestada. Es cierto, el campo es más tranquilo. La ecuación es simple: menos densidad poblacional, menos riesgo. Pero ella no puede irse todavía. Su hermano lo sabe, aunque desde hace un tiempo ha decidido no pelear con ella por eso.

Además, el campo no le gusta. A los que se quedaron en la ciudad no les falta nada. Una vez que pararon los saqueos, los sobrevivientes se organizaron en un acuerdo tácito. Ya bastante tenían con los otros como para matarse entre ellos e incrementar las filas del enemigo. Aplicaron la filosofía del “yo no me meto con vos, vos no te metés conmigo”, y todos contentos. Aunque contentos era una palabra demasiado generosa para describir ese nuevo estado de las cosas.

Continuará.

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  1. #1 por micromios el enero 18, 2010 - 4:54

    Un futuro desalentador. Pero si no nos ponemos las pilas la realidad puede incluso superar esta ficción.
    Resto a las espera de la próxima entrega.
    Salut

  2. #2 por locomer el enero 18, 2010 - 8:20

    aunque esta en una situación excepcional,el relato apela a una normalidad en tanto que hablan por celular, de la visita frustrada con motivo de un cumpleaños, del debate campo o ciudad, las fechas de caducidad, la cerveza y el calor, la relación entre hermanos. Pero es una normalidad extraña, distorsinada, perturbadora, pues los otros no son los vecinos sino zombies, con cuya convivencia los personajes ya se han acostumbrado. No sé, pero hay un aire de cotinianeidad que es lo me más me ha gustado. Enganchado me has dejado, a ver donde nos llevas…

    saludos

  3. #3 por El Gaucho Santillàn el enero 18, 2010 - 9:03

    Buen relato. Me hizo acordar a “Soy legiòn”.

    Espero la segunda parte.

    saludos

  4. #4 por g. el enero 18, 2010 - 10:30

    micromios: por las dudas, yo me estoy abasteciendo, je.
    locomer: es que la normalidad solo es normal para nosotros… esa naturalidad es la que permite seguir viviendo incluso en situaciones de lo mas bizarras. me han contado relatos de ciudades asoladas por la guerra en las que la gente adaptaba sus rutinas y continuaba yendo a trabajar cuando a unas cuadras se oian las bombas.
    gaucho: vio como es… relato de zombie, son todos mas o menos parecidos.
    espero cumplir las expectativas de todos. q presion! q presion!
    saludos

  5. #5 por fanou el enero 18, 2010 - 12:44

    Muy bueno… y queremos más!!

  6. #6 por Salvador Pliego el enero 19, 2010 - 11:59

    Sabes ambientar bien tu relato. Un placer leerte.

    Saludos.

  7. #7 por g. el enero 19, 2010 - 12:09

    gracias a ambos.

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