la menor de los cabrera (II).

Parte I.

Los primeros días fueron apocalípticos. La cifra de zombies aumentaba exponencialmente. Nadie estaba preparado para semejante hecatombe, y nadie se salvó de tener que matar a un ser querido. A la hora de elegir entre la vida propia y la del otro, no hay amor ni altruismo que valgan. Ni siquiera si se trata de los propios padres. O los propios hijos.

Durante esos días vio imágenes dantescas, que se grabaron en su retina y que hicieron que Saturno devorando a sus hijos, ese cuadro que siempre le había provocado espantosas pesadillas, fuera apenas un cuento para niños.

Bastaron algunas semanas para que el mundo entero fuera un cuadro del Bosco en movimiento y con sonido envolvente.

Por las noches los disparos, los estallidos de cañerías, granadas y bombas molotov eran ampliamente superados por los alaridos de los que eran atrapados. No requería demasiada imaginación recrear en la cabeza la sangre y el horror. Una vez que viste uno, los viste todos, solía decir su padre antes de convertirse.

Era una época en la que era muy difícil dormir. Ella resistió una semana de insomnio, hasta que comprendió que iba a tener que recurrir al Valium. Siempre había odiado los medicamentos psiquiátricos, pero si no descansaba, se convertiría en presa fácil.

Esa noche el sueño fue pesado e ininterrumpido. Al día siguiente pudo empezar a pensar con claridad por primera vez desde que todo había comenzado.

***

Toma sus armas y se prepara para salir. Un día más de cacería. Un día más de búsqueda. Ya no piensa en lo moralmente cuestionable que resulta su cotidianeidad, porque la moral ha desaparecido en la necesidad de terminar su misión. Se recoge el cabello negro en una cola de caballo y se pone un poco de brillo en los labios. Se mira en el espejo. El racionamiento y el ejercicio diario la han vuelto más dura, pero también más atractiva. El timbre la sustrae de su vanidad.

–         Ya bajo.

Apaga la computadora, se ajusta las armas, guarda las llaves y cierra la puerta tras ella.

***

La primera de la familia en transformarse fue su madre.

Una tarde del año anterior la había sentado frente a ella. Estaba pálida y sudorosa. No necesitó contárselo. Ambas se abrazaron en silencio, llorando. Luego la escuchó mientras le daba indicaciones sobre las cosas de la casa y como cuidar de su padre, y ambas pensaron en qué le diría esa tarde cuando regresara de buscar provisiones y no encontrara a su mujer. Entre las dos, escribieron una nota que luego su madre firmaría, no sin dificultad, porque el virus daba apenas unas horas hasta tomar por completo la conciencia del infectado.

La acompañó hasta el palier. Mientras bajaban en el ascensor, se tomaron fuertemente de las manos. Ninguna dijo nada.

Fuera, los zombies se paseaban a sus anchas.

Se abrazaron por última vez, ella abrió la puerta y su madre salió. La cerró justo a tiempo. La cosa que se dio vuelta y se arrojó contra el vidrio mostrando ferozmente los dientes ya no era la mujer a la que había amado y con la que había peleado durante toda su vida. Golpeó un rato el blindado antes de aburrirse y entremezclarse con los de su especie.

Del otro lado, ella lloraba, con las manos apoyadas en el vidrio.

Subió sabiendo que lo que acababa de ver permanecería con ella para siempre, se sirvió un vaso de whisky y se sentó a esperar el regreso de su padre.

Continuará.

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  1. #1 por fanou el enero 20, 2010 - 6:03

    Que curioso, ¿la dejó vivir como zombie?
    Interesante. Queremos más. Esto bien podría ser el principio de una interesante novela.

  2. #2 por locomer el enero 20, 2010 - 7:22

    coincido con fanou en lo de la novela,

    interesante reflexión esta: “A la hora de elegir entre la vida propia y la del otro, no hay amor ni altruismo que valgan. Ni siquiera si se trata de los propios padres. O los propios hijos.”

    queremos más…

    saludos

  3. #3 por El Gaucho Santillàn el enero 20, 2010 - 8:59

    Està muy bueno. Me hace acordar a “La noche de los muertos vivientes”, donde los zombies le comìan el cerebro a la gente!!! (brrrrr!)

    Bien relatado.

    saludos

  4. #4 por g. el enero 20, 2010 - 22:19

    gracias a todos!
    ya se acerca el final, quedense sintonizados!
    salut!

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