la menor de los cabrera (III).

Parte I / Parte II

–         Calor eh.

La voz de Sebastián la abstrae de sus pensamientos mientras conducen el auto a toda velocidad.

–         Tremendo ¿Dónde nos toca hoy?

–         Constitución – contesta él mirando el mapa con cruces rojas en varios puntos – Dicen que vieron a la hermana de Alina en la manada que habita en la plaza. Nos encuentran allá.

–         Seba…

–         Sí.

–         ¿Qué se siente?

Él la mira un instante y vuelve a mirar hacia el frente.

–         ¿Qué se siente qué?

–         Cuando… cuando lo hacés. Vos ya lo hiciste, ¿qué se siente?

Sebastián desvía apenas el auto para golpear a uno, una mujer de unos cuarenta años que viste los restos de un tailleur que alguna vez fue blanco. Ante el impacto cae de costado y queda tirada en medio de la calle hasta que la pierden de vista.

–         Paz. Se siente mucha paz.

***

Su padre nunca superó la desaparición de su madre. Tal vez si hubiera tenido más tiempo, podría haber salido adelante, pero en ese mundo en el que les tocaba vivir no cabía la posibilidad de duelos prolongados.

Un día ella despertó y no estaba. Le había dejado una nota.

“Perdoname. No puedo vivir sin tu mamá. Andate con tu hermano cuanto antes. Papá”.

Nunca se lo perdonó, pero muy en su interior lo entendía.

Esa noche se emborrachó como nunca. Y los encontró a ellos.

***

Constitución es una maraña de muertos vivientes. Cuando llegan, hay cuatro coches más, estacionados a un par de cuadras de la plaza.

Apenas se detienen, suena el celular de Sebastián, que lo atiende y habla mirando a su interlocutora, en el auto de al lado.

–         Vamos. La hermana de Alina está en la vieja parada del 39, frente a la estación.

Cargan las pistolas. En cada “salvación” como llaman a los ataques, ella no puede evitar acordarse de las trasnoches con su hermano, jugando a Resident Evil, mientras su madre les gritaba que no entendía como podían perder su tiempo con esa basura. La pobre mujer nunca pensó que ese juego marcaría un día la diferencia entre la vida y la muerte para su hija menor.

***

No fue fácil decidir volverse una redentora. Requirió una importante cuota de coraje que no creyó que tenía, una capacidad de arriesgar su propia vida que la sorprendió a ella antes que a nadie.

Pero valía la pena ver la mirada del redentor que lograba encontrar a su ser amado y darle el tiro de gracia que lo liberaba de la indignidad de ser un muerto en vida. Era reconfortante. Noche tras noche ella ansiaba que llegara su momento. A veces la desvelaba el miedo de no poder llevarlo a cabo.

En sus peores pesadillas era devorada por sus propios padres. Veía sus rostros deformados, irreconocibles, mientras jugaban con sus vísceras y le sonreían con sus bocas ensangrentadas.

Despertaba aterrada, aunque no por soñarse con las tripas afuera. Lo que la espantaba era la abrumadora, inexplicable sensación de felicidad de reunirse con los suyos.

Continuará.

Anuncios

,

  1. #1 por El Gaucho Santillàn el enero 22, 2010 - 8:51

    “Resident evil”!!! Claro, no me habìa acordado.

    (a mì, me comìan siempre!)

    Esto està muy bueno. Sigo la saga.

    Saludos

    • #2 por g. el enero 22, 2010 - 10:33

      siga, siga, ya termina.
      saludos!

  2. #3 por cecilia el enero 22, 2010 - 13:56

    muy bueno,como venis ecribiendo ,sigo tus escritos,saludos.

    • #4 por g. el enero 22, 2010 - 14:09

      gracias ceci! beso.

  3. #5 por locomer el enero 23, 2010 - 2:53

    tras lo leído, lo mejor que tiene, a parte de los flashbacks y el tono reflexivo y me atrevería a decir que triste, es que el final no se intuye, lo que aumenta la tensión,

    de esta tercera parte me quedo con el sentimiento paradójico final, pues aunque es entendible querer reunirse con los suyos, esa reunión pasa por la conversión en zombi.

    saludos

  4. #6 por micromios el enero 23, 2010 - 5:56

    La duda y la ambivalencia de sentimientos marcan a la protagonista. Me gusta esta desazón porque la hace humana a pesar de que en algun momentos sientes que tiene la tentación de pasarse el otro lado.
    Atenta a la siguiente entrega.
    Salut

A %d blogueros les gusta esto: