la increíble leyenda del inventor de finales inolvidables.

Cuentan los que saben – lo cuentan susurrando, a unos pocos elegidos – que existe un hombre sin patria ni edad, un hombre de identidad difusa sin el cual no existirían muchas de las más grandes historias jamás escritas.

Es el inventor de finales inolvidables.

Nadie puede describirlo. Quienes han tenido la buena fortuna de encontrarlo y abrazar la magia de su talento generoso, no pueden hablar de él sin hesitar en la recreación.

Por otro lado, son muy pocos los escritores que confiesan habérselo cruzado. La mayoría, con el ego del artista que crea para ser amado, oculta su aporte invalorable. Prefieren convencerse convenciendo al mundo de que ese cierre impactante, inesperado e inevitable, que los coloca en la vitrina de los clásicos atemporales, es de ellos y de nadie más, el exclusivo fruto de su ingenio, porque temen perder el amor y la admiración del público que los ensalza si admiten que hubo alguien, o algo, que encendió una luz donde solo había tinieblas.

Se desconoce si es un ángel, un demonio o la musa esquiva que los griegos adoraban.

El inventor de finales inolvidables se camufla detrás de una gabardina oscura, se oculta en un rincón oscuro de los bares de mala muerte donde van los autores en crisis a buscar el consuelo de una botella, en el banco de una plaza mal iluminada de un barrio industrial al que llegan los distraídos que por buscar desenlaces no atienden el rumbo de sus pies.

Dicen los que saben que el inventor de finales inolvidables es inmortal. Que William Shakespeare contó, ya anciano, en un rapto de honestidad inducido por la borrachera, que él estaba convencido que el mejor final para Romeo y Julieta era un escape hacia el atardecer de la joven pareja, mientras Montescos y Capuletos se enfrentaban en un duelo de muchas espadas en el que todos morían, dejando todas las riquezas a los enamorados, que unificaban el reino y vivían hasta viejos rodeados de prosperidad y abundancia. Hasta que el hombre de la gabardina apareció y lo obligó a reconocer que la única salida para ese romance era la muerte.

Que Casablanca iba a terminar con el asesinato de Lazlo, y que el avión llevaría a Rick e Ilsa a Nueva York, donde abrirían un bar llamado Morocco y criarían a sus cuatro hijos en tiempos de paz.

Que Emily Bronte pensaba batir a duelo a Heathcliff y a Edgar, y que tras la muerte del marido bueno, el gitano y su amada huirían de las áridas tierras inglesas para amarse apasionadamente en una verde España.

Que Rocky Balboa iba a vencer a Apollo Creed, hasta que él le recordó a Stallone que todos aman a un perdedor.

El inventor de finales inolvidables no pide nunca nada para sí. Desaparece misteriosamente, luego de convertir tramas intrascendentes en fabulas imperecederas.

No quiere gloria ni fama. Y no visita dos veces al mismo autor.

Murmuran los que saben que el inventor de finales inolvidables es un alma en pena, que se pasea por este mundo desde el principio de los tiempos, purgando quien sabe qué castigo.

Que carga como una cadena el dolor de jamás haber podido crear una sola historia propia, y que es ese dolor el que comparte cada vez que con su voz profunda e indiscutible sentencia la separación de los amantes y el fracaso de los héroes.

Él sabe, mejor que nadie, que no hay nada más eterno que los finales infelices.

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  1. #1 por chrieseli el enero 28, 2010 - 8:43

    No sólo él lo sabe. Aunque más compleja es la comedia, el drama se para erguido sobre sus fornidas piernas y estira el cuello para hacerse escuchar. Drama, drama, drama. Que tire la primera piedra quien no haya dramatizado para obtener atención.
    Interesante reflexión. Me ha gustado eso de que no quiere gloria ni fama, eso de que no visita al mismo autor dos veces, podría discutirlo.
    Nos leemos, saludos

  2. #2 por El Gaucho Santillàn el enero 28, 2010 - 8:55

    El “inventor de finales inolvidables”, es en esencia, un “hombre gris”.

    Sabe, que en el fondo, somos morbosos y envidiosos.

    Nos llega màs, la desventura ajena, que la buena fortuna de los demàs.

    Serà que, si a los otros todo les sale tan mal, entonces, no somos tan poca cosa. Es un consuelo.

    Buena idea, y bien escrita.

  3. #3 por g. el enero 28, 2010 - 10:37

    chrieseli: puede ser que visite al mismo autor dos veces, pero a mi no se me ha ocurrido. tenes algun ejemplo?
    gaucho: seeeee, es un hombre gris! no se como a dolina no se le ocurrio antes.
    salut!

  4. #4 por fanou el enero 28, 2010 - 19:47

    Que buena idea, y que buen relato. Es como el holandes errante, como la musa maldita. Si hasta puedo verlo: lleva gabardina oscura ¿Será que me ha visitado?

    • #5 por g. el enero 28, 2010 - 20:07

      que afortunada sos si te visita! pasale mis datos que muchas veces lo necesito aca. sin ir mas lejos, para el final de este relato lo invoque, pero sin suerte.
      salut!

  5. #6 por annefatosme el enero 29, 2010 - 6:06

    Los finales inolvidables suelen ser infelices. Estoy segura que cumbres borrascosas sin su dramático final no hubiese existido, porque no se hubiese sostenido la trama sin el amor odio de sus protagonistas. Me parece que el hombre del traje gris está condenado a quedarse en la sombra. Una interesante reflexión sobre la literatura.
    Un saludo.

  6. #7 por El Gaucho Santillàn el enero 29, 2010 - 10:06

    Cumbres borrascosas!! Me viene a la cabeza Kate Bush, cantando el tema. Que grande!!

    Saludos

  7. #8 por g. el enero 29, 2010 - 10:26

    anne: pensemos que encuentra algun consuelo en ver sus finales impresos o plasmados en una pantalla.
    gaucho: kate bush! que grosso!

    salut

  8. #9 por micromios el enero 30, 2010 - 13:55

    No sabía yo de tan ilustre personaje. Tendré que pedir su musa para acabar alguna historia que se resiste a terminar, quizás porque no cree que el final sea el adecuado.
    Interesante historia que da para un gran debate sobre lo que se considera un buen final.
    Salut

    • #10 por g. el enero 30, 2010 - 14:41

      es que se esconde, micromios, no se deja ver salvo algunas veces. es un poco pagado de si, y considera que tenemos que merecernos los maravillosos y tristes finales que tiene para contar. pero no perdamos la fe, creo que algun dia puede visitarnos.
      salut

  9. #11 por Eliseo el febrero 1, 2010 - 6:19

    A todos los que le pedís una visita, creo que no va a poder ser: anda ocupado con el final de la historia de un planeta azul donde viven hombres enfrentados en guerras desde hace mucho tiempo.

    • #12 por g. el febrero 1, 2010 - 11:06

      ah, claro. por eso es q ultimamente la ficcion no tiene TAN buenos finales. gracias por el dato!

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