dorotea y el tornado.

Que vuelva el tornado, piensa Dorotea.

Que vuelva y me lleve a la tierra de Oz y prometo que ya nunca querré volver a esta tierra blanco y negro, que voy a sumergirme en el verde esmeralda de la ciudad más hermosa del universo.

Qué tonta y cobarde fui, piensa, mientras hace la colada y se dobla de dolor por la ciática que no la deja ni a sol ni a sombra. Qué estúpida y qué joven.

Como no vi que el mundo frente a mí en ese país sobre el arcoiris era todo lo que podía desear.

Tantas veces durante esos años se esperanzó ante un viento fuerte, tantas veces rezó a dioses paganos y de los otros sin que sus tíos supieran, rogándoles que por favor, por favor la llevaran de vuelta a la mágica patria del mago… tantas veces que ha perdido la cuenta.

Los zapatos se destiñeron, se ajaron como su cara andando caminos que nunca fueron amarillos en ese pueblo de Kansas abandonado a la suerte de los pobres y olvidados.

Al final, suele lamentarse, lo único que trajo el viento fue la sequía interminable. De la granja que nunca pudieron levantar, y de ella misma.

Mientras escucha a su marido que la llama desde el interior de la casa, para que lo ayude a levantarse y sentarse en la silla de ruedas que lo esclaviza y esclavizarla a ella con el resentimiento de no haber podido volver a caminar, piensa en decirle que existe un lugar donde no necesita las piernas, porque los monos alados lo llevarán donde quiera, donde un hombre de lata encontró su corazón, un lugar donde todo es posible.

Pero no tiene sentido, él simplemente le contestará con esa amargura que les vuelve cada vez más negro el corazón. La tratará de idiota y de borracha, porque no comprende que contar esas historias maravillosas no es producto del alcohol, sino al revés.

Que vuelva el tornado, repite como un mantra mientras camina hacia la casa y cada paso es un ladrillo, y cada grito desde dentro es una palada de tierra en su tumba, porque ya está muerta.

Algunos días se niega a aceptar que ella es de los que sólo tienen una oportunidad en la vida, no le parece justo que la elección le haya llegado tan jovencita e inocente. Se enoja consigo misma y con el mundo por no haber sido capaz de entender entonces lo que entiende ahora.

Algunas noches, las noches en que le parece escuchar el canto de los munchkins en el susurro que rebate las ventanas de madera podrida, sale en camisón y se deja abrazar por algún ventarrón pasajero. Extiende los brazos y lo enfrenta en puntas de pie deseando ser liviana como las hojas que se le enredan en los cabellos que fueron rojos y ahora no.

Cuando nada pasa, regresa a su cama y se duerme llorando sin hacer mucho ruido, porque no quiere que la escuche su esposo, porque no quiere escucharlo a él.

Tan descreída está Dorotea, tan perdidas están sus ilusiones, que el día que la brisa se transforma en ventisca, y la ventisca en ciclón, se paraliza unos instantes, porque el deseo se le convirtió en costumbre y ya desea solo por desear, sin soñar siquiera en que su anhelo se cumpla.

Pero al ver doblarse los árboles pelados, al verlos arrancados de cuajo, los pies de cemento se le vuelven de pluma.

Entra a la casa que le sirvió de transporte la primera vez, la casa en la que fue infeliz casi toda su existencia, y toma la silla de ruedas del marido quejoso, que grita cosas que ella no puede oír.

Lo deposita en la entrada y le da un beso en la frente. Él la insulta y la maldice, ella vuelve a entrar y se prepara para el viaje. Como si se acordara de algo a último momento, deja los preparativos acelerados y toma al perrito de turno, al que nunca pudo poner otro nombre más que Totó. Abre la puerta y lo arroja fuera.

El perro ladra, tapando al marido que le ordena que regrese cuando la casa se empieza a elevar hacia el arcoiris.

Dorotea, iluminada desde adentro hacia fuera, la luz de Oz saliendo desde sus entrañas, los saluda desde la ventana hasta que desaparecen tras las nubes de la tormenta que le ha salvado la vida.

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Nuevamente Carme y David han tirado una propuesta difícil de rechazar, esta vez con el viento y las ideas que lleva y trae.

Aquí mi aporte, y los de aquellos que ya se han ido sumando. Ojalá lo disfruten:

el viento y la furia – micromios.

un regalo del viento – david silva.

entre las nubes – historias ciertas y otras no tanto.

la edad y la agricultura – emi eat world.

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  1. #1 por micromios el febrero 6, 2010 - 6:11

    No esperaba encontrar un precioso tornado que me llevara lejos, ni una historia que se confunde entre pasados que deslucen el presente. El viaje a Oz nunca fue más interesante.
    Muy bueno Gabriela, creo que la imaginación está en este lado del arco iris.

    PD: Me ha hecho gracia lo de Dorotea, para mi es Dorothy, no tradujeron el nombre.

    • #2 por g. el febrero 6, 2010 - 12:30

      aca tampoco, pero ya que me la apropio, me tomo esa libertad.
      salut!

  2. #3 por Emi el febrero 6, 2010 - 7:15

    Me alegra saber que Dorotea (yo siempre la conocí por su nombre en inglés…) volvío a Oz y que su vida saldrá de esa monotonía en la que a veces nos encerramos sin querer.

    Un saludo, Gabriela.

    • #4 por g. el febrero 6, 2010 - 12:32

      si, a veces la vida da otra oportunidad, mejor aprovecharla.
      salut!

  3. #5 por cecilia el febrero 6, 2010 - 12:15

    Muy bueno Gaby,que suerte que todos nos acordamos de El Mago de Oz,

    • #6 por g. el febrero 6, 2010 - 12:30

      gracias ceci!
      beso

  4. #7 por annefatosme el febrero 6, 2010 - 15:29

    Bonito relato.
    Saludos

  5. #8 por fanou el febrero 7, 2010 - 21:07

    Oh, que mal lo ha llevado Dorotea.
    Una vuelta de hoja al clásico muy lograda.

  6. #9 por chrieseli el febrero 8, 2010 - 16:03

    Me has sorprendido gratamente con esta vuelta inesperada de un cuento que para mí era bastante soso y demasiado hollywoodiense.
    Pensaba cuántas Doroteas/Dorothy han quedado por el camino, sin que tengan siquiera la esperanza de ver repetido el milagro una vez más y subyacen en lugares en blanco y negro, viviendo de la sustancia de sus antiguas aventuras, sin poder repetirlas nunca más.
    Muy interesante el tópico. Me ha gustado a donde nos ha llevado este viento.
    Saludos,

    • #10 por g. el febrero 8, 2010 - 19:24

      me alegro q te haya gustado!
      es verdad, la amenaza de ser dorothy en blanco y negro pesa sobre todos, me parece que la gracia esta en encontrar cual es nuestra tierra de oz, y darnos cuenta cuando la encontramos.
      salut!

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