el tiempo de las vacaciones.

Andaba la nena con su vestidito rosa y su vincha haciendo juego por las veredas del barrio que la vio nacer y crecer, las únicas veredas que había conocido.

Andaba con un caramelo de esos que duran un rato largo, caminando y meditando, sí, meditando sobre el significado de las cosas.

Esa mañana su mamá le había dicho que se mudaban. Que se iban a vivir a otro país, que para ella era lo mismo que otro planeta.

Así que se había escapado un rato, para pensar en las cosas que ya no volvería a ver, un poco triste, no mucho porque el caramelo era delicioso y se le deshacía en la boca con el sabor dulcemente insoportable del exceso de azúcar.

Los pies la llevaban solos sin que ella les indicara dónde ir. Ella no podía pensar donde iba, porque andaba meditando, y eran cosas muy importantes las que tenía para meditar.

Ya mamá le había dicho que no iba a volver al colegio después de ese verano y ahora la nena entendía que eso quería decir que no iba a volver a ver a Camila ni a Bernardo, ni a la señorita Ana.

Iba entendiendo mientras andaba que estas vacaciones no eran entonces como otras vacaciones, estas eran vacaciones para siempre.

No le interesaba a ella si había otros colegios, otras Camilas ni otros Bernardos. Solamente conocía estos, y no le parecía bien no volverlos a ver.

Se daba cuenta que desde que papá se había ido mamá lloraba mucho. Ella la entendía, también lo extrañaba. Pero que no por eso, pensaba, había que irse del lugar donde habían vivido los tres. Después de todo esa era su casa.

Mamá le había dicho muy clarito que no le podía contar a nadie que se iban. Que iba a ser el secreto de ellas dos, pero a la nena no le gustaba el tono en el que se lo había dicho. Era un tono raro.

Le gustaba más su mamá cuando le contaba cuentos de libertad, como los llamaban las dos. Y le había prometido que el país donde iban era un país como los de esos cuentos.

Le había dicho que era por un tiempo, nomás, ¿pero cuánto sería “un tiempo”? ¿Sería el tiempo de las vacaciones, el tiempo de ir al colegio?

Pegó la vuelta con el caramelo todavía en la boca, decidida. Le iba a preguntar eso, y según lo que le dijera, iba a hablar con ella para explicarle que ella mejor se quedaba con la abuela.

Cuando llegó a la esquina de casa la vio a mamá con los señores de verde. Instintivamente dio un paso atrás. Los señores de verde eran los malos en los cuentos de libertad, y tanto mamá como papá le habían dicho muy clarito muchas veces que tenía que evitarlos.

Pero entonces, ¿qué hacía mamá con ellos?

La vio con las manos en la espalda, mientras los señores de verde la movían de aquí para allá, y se le llenaron los ojos de lágrimas. El caramelo ya no le sabía a nada, se lo sacó de la boca y lo apretó en una mano.

Los señores tiraron al piso a mamá y la cara le quedó para la esquina desde la que la nena la miraba.

Así que las dos se miraron y mamá lloraba y ella también. Pero los señores de verde no la vieron.

Cuando la subieron al auto a mamá, la nena se quedó parada con el caramelo pegado a la mano y los vio desaparecer por la otra esquina.

Y con el caramelo pegado a la mano, la nena llegó a la casa de la abuela, cuando ya caía la noche. La abuela la abrazó fuerte, la metió adentro y le empezó a preparar la comida mientras hablaba por teléfono para ver dónde se habían llevado a su nuera.

Mientras escuchaba, la nena se dio cuenta de que ahora tampoco sabía cuanto tiempo iba a tardar su mamá en volver.

Esperaba que fuera menos, mucho menos que el tiempo de las vacaciones.

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  1. #1 por El Gaucho Santillàn el febrero 8, 2010 - 9:30

    Que pena. Los que hemos vivido ese tiempo, tratamos de olvidar, pero eso sigue ahì.

    Desde que te metieran preso por nada, hasta que desaparezca, alguien, pasando por la facultad tomada por un grupo de enmascarados que te arengaban dos o tres horas. Todo era malo.

    Bien escrito.

    Un abrazo.

    • #2 por g. el febrero 8, 2010 - 11:23

      gracias gaucho.
      salut,

  2. #3 por micromios el febrero 9, 2010 - 3:41

    Triste relato de una realidad que vivimos todos, unos hace tiempo otros más recientemente. La libertad en algunos lugares estuvo a punto de ser un cuento que se explica como los de las princesas, las hadas y los ogros malos. Por suerte el tiempo trajo cordura y la libertad se convirtió en un derecho que no se explica, se tiene.
    Me ha gustado esta visión desde el mundo infantil.
    Salut

  3. #4 por Concha Huerta el febrero 9, 2010 - 11:18

    Cuanta tristeza y fuerza en este recuerdo que sera el de tantos hijos de desaparecidos. Uno se pregunta cómo pudieron ocurrir tales hechos, quien los promovio quien no movio una mano para detenerlos, hacia donde miran aquellos elegidos por el pueblo traicionado.
    Un saludo

  4. #5 por g. el febrero 9, 2010 - 13:35

    micromios: si, pero no hay que olvidarse que la libertad es un derecho ganado, y tiene que ser defendido todos los dias.
    concha: siguen ocurriendo esos hechos, tristemente, en muchos lugares del mundo.
    salut a ambas!

  5. #6 por Camaché el febrero 10, 2010 - 20:25

    au!… me dolió, sabes? 😦
    un relato muy triste, la niñez es probablemente la manera más cruda de sentir. Probablemente me esté muy contextualizado con tu idea, pero eso no evitó que la sintiera.

    Me recordó un largometraje animado “Persépolis” te lo recomiendo. Creo que tiene algo qué ver.

    Saludos.

    • #7 por g. el febrero 10, 2010 - 21:11

      gracias david, vere si puedo verla.
      salut,

  6. #8 por fanou el febrero 11, 2010 - 14:34

    Me gusta mucho. Es sorprendente que logres introducirte en los pensamientos de una niña con tanta naturalidad y exactitud.
    Escribes muy bien.

    • #9 por g. el febrero 11, 2010 - 18:58

      gracias fanou, es un muy buen elogio el tuyo.
      salut,

  7. #10 por carolina bugnone el marzo 28, 2011 - 15:28

    bello, y no puedo decir nada más. gracias

    • #11 por g. el marzo 28, 2011 - 15:33

      gracias a vos, es suficiente lo que dijiste.
      abrazo,

  8. #12 por Gi el marzo 24, 2012 - 13:47

    Y una, como una nena, trata de llegar al final del relato con la esperanza de que eso que sospecha, no pase. Para compensar, inútilmente, un poco de tanto horror incompensable.
    Memoria. Por todas las nenas y nenes, las mamás, los padres, los abuelos. Los que están y los que no.

    • #13 por g. el marzo 26, 2012 - 19:28

      como dice león, todo está guardado en la memoria. y cada vez más, creo. y duele pero que no nos quiten el dolor para que nunca más sea de verdad nunca más.
      un abrazo gi.

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