nuestros muertos queridos.

En casa hablamos con los muertos.

No me malinterpreten, no es que seamos médiums ni nada por el estilo. Ni siquiera se trata de delirios de una familia de locos.

Es simplemente que hablamos con los muertos como si no hubieran muerto.

Siempre fuimos una familia numerosa. Papá, mamá, cinco hermanos y cuatro abuelos. Mas dos tías abuelas que habían quedado “para vestir santos” como decía la nona cuando hablaba de ellas en voz baja. Y un tío que después de que su mujer lo abandonó se vino vivir a casa porque no soportaba la soledad.

A esa multitud había que sumar a la hermana de mamá que vivía con su familia en la casa de al lado. Marido y cuatro hijas.

Las casas estaban interconectadas por el patio, y al fondo de la casa de la tía Marga, la hermana de mamá, había una huerta que a nosotros de chicos se nos hacia enorme, en la que jugábamos a tirarnos agua en verano, en la que corríamos a las pobres gallinas y comíamos peras y duraznos.

Hasta que yo tuve doce años la vida era prodigiosamente idílica. Tardes de partidos de truco o de canasta para los adultos, y nosotros revoloteando alrededor.

Pero ese año murió el tío.

Y al año siguiente, tres abuelos. Dos por muerte natural, y el otro, Tito, mi abuelo materno, se pegó un tiro en el pecho al no resistir la pena.

El peor fue el tercer año. Un domingo a la mañana nos despertó la policía. Tres de mis hermanos y dos de mis primas salieron de bailar tan borrachos que no vieron el cartel que indicaba una curva. Unos meses después, a papá le falló el corazón.

Así que ahí quedamos los sobrevivientes. Partidos a la mitad, diez en lugar de veinte. En dos casas enormes y dolorosamente vacías.

No sabemos quien empezó a hablar con los muertos. Yo creo recordar que fue mamá la primera que me lo contó a mí. Una noche le pedí plata para salir y me dijo que no. Cuando le pregunté por qué, me contestó que ella y papá pensaban que yo tenía que ganarme las salidas.

Creí que se había vuelto loca. Se lo comenté a mi hermano más grande, el único que me había quedado, y se encogió de hombros. Me confesó que él a veces hablaba con mi hermana la del medio. Cuando se sentía perdido, o necesitaba desahogarse.

Esa noche lo intenté por primera vez.  Y tuve tremenda pelea con mi papá. A la mañana siguiente salí a conseguir un trabajo para no depender de la economía familiar.

No pasó mucho tiempo antes de que todos habláramos con un familiar que en realidad no estaba ahí.

Si hay algún problema con mamá y mi hermano mayor no está, yo lo charlo con cualquier otro de mis hermanos, que me dan el apoyo y la comprensión que yo necesito en esos momentos. Nadie mejor que ellos saben lo que es lidiar con nuestra madre cuando se enoja.

A veces la tía Marga viene a casa muy angustiada a contar algo que le dijo su padre el suicida. Es que ellos siempre tuvieron una relación muy conflictiva, y el abuelo Tito siempre tuvo un gran talento para hacerla llorar.

No falta la oportunidad, en las cenas o almuerzos familiares, de intervenir en alguna discusión ajena, dando no solo nuestro punto de vista, sino también el de alguien más que no puede dar el suyo.

Ustedes estarán pensando que estamos locos. Pero no.

Es que cuando uno ha pasado el suficiente tiempo con otra persona, no necesita tenerla delante y que las palabras salgan de su boca. Ya sabe lo que diría, sabe lo que piensa y qué haría en nuestro lugar.

No siempre es fácil, conlleva un esfuerzo ponernos de acuerdo en quién habla con quién en qué momento. De hecho, hemos puesto como regla que cuando dos o más miembros de la familia apoyan un argumento invocando al mismo muerto, tiene la derecha el primero que lo nombra.

Las reglas van surgiendo a medida que las necesitamos. Ésta que les digo, por ejemplo, nació de una pelea que tuvieron el tío Cacho, el papá de mis primas, y mi abuela. El tío Cacho aseguraba que el abuelo Pedro no estaba para nada de acuerdo con el novio nuevo de mamá, un antiguo compañero de colegio. Mi abuela, por su parte, juraba y re juraba que su marido creía que era maravilloso que su querida nuera rehiciera su vida. Fue tal el lío que no se dirigieron palabra por dos meses. Finalmente, conversación con Pedro mediante, los dos se pidieron disculpas.

La última regla que pusimos fue no hacer bromas macabras.

Es que un día estábamos con mi hermano y mis primas, jorobando, cuando escuchamos a la tía China, una de las tías abuelas, hablando con su hermana. No tuvimos mejor idea que escondernos y empezar a contestarle en serio. La pobre vieja quedó tiesa de la impresión y no hubo forma de revivirla.

El otro día tuvimos una conversación muy seria al respecto con ella, mi hermano, mis primas y yo.

Por suerte no está enojada con nosotros, pero le prometimos que iba a ser la última vez que hacíamos ese tipo de chistes.

Es que si nos morimos todos ¿quién va a hablar con nuestros muertos queridos?

***

Bueno, ahora que veo este relato, me recuerda muchísimo a La salud de los enfermos, del inmortal Julio Cortázar. No en estilo, por supuesto, ni en genialidad, pero quizás si en temática. Fue completamente sin intención. Es más, esta historia bien podría llamarse “la influencia de Six feet under en mi vida”. De cualquier manera, lo comparto con ustedes para que juzguen por sí mismos. Y si no leyeron Cortázar, les dejo el link para que puedan enmendar el error.

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  1. #1 por fanou el marzo 8, 2010 - 6:15

    Me ha gustado mucho. También el de Cortázar, no había tenido el placer aún. Descubrimiento doble para una mañana de lunes…

  2. #2 por El Gaucho Santillàn el marzo 8, 2010 - 9:17

    Muy buen trabajo. Excelente.

    Me mantuvo enganchado hasta el final.

    Un abrazo.

  3. #3 por Lucecita Cosmica el marzo 8, 2010 - 12:27

    Qué buenoo!
    El de Cortázar también, lo leí, pero me vino bien recordarlo.
    Me gustó mucho!
    Linda forma de empezar la semanita..

    Saludos!

  4. #4 por Concha Huerta el marzo 8, 2010 - 18:09

    Me encanta. Yo confieso que tambien hablo con mi abuela y otros miembros de mi familia ausentes. Sobre todo para desahogarme. Asi que ya ves. Todos estamos locos.
    Saludos

  5. #5 por micromios el marzo 8, 2010 - 18:09

    Cuando todos se mueran podreis enviaros msm a traves de los truenos que siempre están dispuestos a hacer ruido.
    Me gusta el humor negro 😆
    Salut

  6. #6 por g. el marzo 8, 2010 - 18:16

    fanou: cortazar siempre es un placer, si no lo has leido, te recomiendo “cefalea”, aunque podría pasarme la tarde recomendandote cosas de cortazar. mah, leete todo y ya, no te vas a arrepentir.

    gaucho: me alegro, gracias por pasar, y espero que todo le ande bien.

    flavia: y si, que mejor que empezar una semana con un amigo como cortazar…

    concha: si todos estamos locos, sera que nadie lo está.

    micromios: si, pero guarda que dicen que los relámpagos son más rapidos.

    salut a todos

  7. #7 por >O< el marzo 10, 2010 - 0:16

    Que regreso mama mía! Qué regreso! No escribo mucho más por temor a estar en un blog equivocado y meter la otra pata también esta noche…. Te amo!!!!!!!!!!!!!!

    permiso, voy a dejar mi blog a ver si me ve alguien:

    voyacambiar.wordpress.com

    • #8 por g. el marzo 10, 2010 - 10:25

      jajaja… sos exagerado eh.
      abrazo,

  8. #9 por chrieseli el marzo 11, 2010 - 9:18

    Como sabes, me fascinan estas historias cotidianas y de sencillos y profundos sentimientos familiares. Yo no hablo con mi abuela, yo la mantengo presente. Yo hablo POR ella. Eso sí que es chaladura y también hablo sola a menudo, pero bueno, asi vamos soltando la manija, me imagino y hasta parecemos normales:)
    Un gran abrazo Gabriela.

    • #10 por g. el marzo 11, 2010 - 21:22

      yo suelo hablar sola o con mi gata. como le decia a concha… si todos estamos locos…
      gracias por pasar!

  9. #11 por cecilia el marzo 28, 2010 - 18:44

    Me encantó la historia,y sí,yo tambien hablo, con mis plantas, es eso estar locos? nooooooo¡¡¡¡

  10. #12 por Viviana el abril 13, 2010 - 11:35

    …y en una de esas… el mismísimo Julio es el que aclara sobre su cuento en las lineas finales… no sé, es solo una sospecha de quien bien sabe lo charlatanes que suelen ser los muertos… MUY BUEN CUENTO!!! (o relato, nunca sé)

    • #13 por g. el abril 13, 2010 - 21:53

      cuento, relato… yo tampoco se, lo mismo da, lo bueno es que lo disfruten.
      salut!

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