el tío jorge.

El tío Jorge es mariachi.

Les parecerá una cosa sin importancia, pero eso es porque no conocen el contexto: el tío es argentino. Nacido y criado en Parque Chas: nunca fue a México, no tiene ningún lazo con la cultura mexicana, no existió en su crianza ningún motivo que justifique su pasión. En casa somos muy porteños, y desde que el abuelo compró la primera radio en el ’36 el tango fue religión, casi una materia obligatoria para pertenecer a la familia.

El tío Jorge es mariachi en tierra de tangos y mate, de tortas fritas y chacareras.

Y la verdad es que no sabemos por qué le dio por ahí.

La abuela contaba que enloquecía con las películas de Jorge Negrete. Quizás fue saberse tocayo, quizás una idealización de niño, mientras a otros chicos les apasionaban los cowboys y policías de las películas yanquis, él prefería al charro cantor, y lloraba como cochino cuando el abuelo lo castigaba y no lo dejaba ir al cine si se sacaba una mala nota en un examen.

Creemos que esa pasión por Negrete decantó en la pasión por ser mariachi. No fue fácil para el tío que la familia lo entendiera. Al principio casi todos creyeron que era una locura pasajera, salvo el abuelo. El viejo puso el grito en el cielo la primera vez que lo vio vestido de negro y con “esas lentejuelas” – lo cual habla a las claras de la necedad del abuelo y su profundo desinterés en nada que no fuera el dosporcuatro -, y nunca le perdonó del todo que traicionara sus raíces para elegir vestirse con esos trajes que, decía, eran para afeminados. Las peleas que escuchamos – que escuchó toda la cuadra – por esos apodos injustos con los que el abuelo trataba de convencer de mala manera e infructuosamente a su primogénito de que eligiera una profesión más acorde a sus gustos y deseos- los del abuelo, no los del tío – todavía se comentan en las reuniones, con la agridulce nostalgia de esas anécdotas que transmitimos de generación en generación y que surgen indefectiblemente en nuestros encuentros.

Porque no sería problema que el tío Jorge sea mariachi, si no fuera porque es inevitable sufrirlo en TODAS las fiestas. Todas. Navidades, años nuevos, cumpleaños… en algún momento el tío Jorge se levanta de la mesa y desaparece por aproximadamente veinte minutos, lo que le lleva cambiarse y reaparecer con sus mejores galas para torturar a las pobres víctimas de esa noche.

Es que el tío Jorge es un pésimo mariachi. Ni la voluntad ni el tesón con que se aplicó a ello pudieron reemplazar el talento del que carece, y así llevamos décadas – algunos más que otros – escuchando como desafina con la guitarra y la voz sin poder hacer nada al respecto. Este detalle a él no parece preocuparlo. En eso lo envidio. Tanto amor por lo que hace lo ciega a las críticas, al ridículo, a la carcajada pública.

La verdad es que el tío Jorge es el tipo más feliz que conozco, con su trabajo de mierda de lunes a viernes, que soporta solo porque por las noches puede ser el mariachi que desea. Se le va el salario en trajes y clases de canto y guitarra, que para lo único que sirvieron es para que toque mal los acordes correctos, acompañándolos por un berrido infernal. No puedo explicárselos, deberían oírlo para entender. Es como si tomarán un cerdo, lo ataran, le pisaran una pata con mucha fuerza y le pusieran un megáfono delante. Si pueden imaginarse eso, multiplíquenlo por tres y así tendrán una idea de lo que logra el tío al cantar.

Siempre es un desafío llevar una pareja nueva a un encuentro familiar. Una prueba de fuego para él o la candidata. Incluso prevenidos, ha habido quienes no pudieron lidiar con el asunto y entre otros motivos mucho más válidos dejaron deslizar “tu insoportable tío” como causal de separación. Entre nosotros decimos que aquel o aquella que tolera amablemente al tío en el primer evento que le toca compartir eleva sus probabilidades de terminar formando parte de nuestro clan.

Es implacable el tío Jorge. De él nadie se salva. Tengo un primo que decidió escapar a la Patagonia y casarse allá para evitarlo, pero no hubo caso. En medio de la fiesta, una fiesta muy paqueta de gente bien, apareció nuestro mariachi personal berreando “El rey”, uno de sus favoritos. Hay que decir que nadie se acuerda de esa celebración, salvo por ese momento de vergüenza que mueve a risa a los parientes políticos que adquirimos en esa ocasión.

El día que el abuelo murió, el tío Jorge decidió despedirlo “a la mexicana”, lo cual para él significaba, claro, lentejuelas y guitarrón.

Cuando llegó fue un escándalo. Gritos, insultos, invocaciones a la memoria del muerto, que siempre había despotricado contra lo que él llamaba el capricho de su hijo mayor. A punto estaban de pelearse – con puños y todo – él y otro de mis tíos cuando se escuchó la voz débil de la abuela, esa voz que tiene la gente cuando ha llorado mucho y piensa seguir llorando.

–         Déjenlo que haga lo que quiera, es su forma de despedir a su padre. Nadie puede decir a los otros cómo vivir ni como sufrir.

No se habló más. En el medio de los llantos desconsolados, el tío cantó dos rancheras, tres corridos y un huapango. Lloraba tanto mientras cantaba que nadie pudo decirle que se detuviera. Fue una prueba dura. Imaginen al chancho atado berreando y gimoteando a la vez.

Lo mismo pasó cuando falleció la abuela, esa vez sin peleas.

Mi mamá, que es su hermana y que ya está grande, nos habla a menudo a mis hermanos y a mí del momento de su muerte.  Medio en broma, medio en serio, comenta que espera que sea después de la del tío, para no someter a sus conocidos a esa situación ensordecedora.

Yo no estoy de acuerdo con ella. Es más, muchas veces me da pena pensar que, si llego a vieja, mi velorio será como los del resto de la gente: con lágrimas y murmullos mucho menos sentidos que el cantar del tío Jorge y su guitarrón mexicano.

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  1. #1 por cecilia el marzo 28, 2010 - 18:17

    Así.QUE GROSO¡¡¡ Pesí que no lloren,que hagan una fiesta y te recuerden como eras,con defectos y virtudes,pero sin lágrimas,con una sonrisa.

  2. #2 por cecilia el marzo 28, 2010 - 18:28

    quise decir pedí que no lloren ji ji¡¡

  3. #3 por El Gaucho Santillan el marzo 28, 2010 - 20:48

    “He de comer esa tuna…..he de comer esa tuna…..aunque me ESPINE LA MANOOOOOOOOO!!!!!”

    Esa era de Negrete.

    Làstima que cante mal. Yo lo acompañarìa con el guitarròn grandote, ese que usan.

    Un abrazo

    • #4 por g. el marzo 28, 2010 - 21:12

      desde aca se escuchó barbaro gaucho.
      salut!

  4. #5 por D. el marzo 29, 2010 - 11:52

    el mundo de los incomprendidos no conoce de notas y tonos afinados.
    el mundo de los incomprendidos se parece al sonido de un mariachi en medio de la milonga.
    no son desubicados.
    son incomprendidos.
    pobrecito tío jorge!

    • #6 por g. el marzo 29, 2010 - 13:03

      si, pobrecito.
      abrazo!

  5. #7 por GUSTAVO el marzo 29, 2010 - 15:05

    Me caguè de risa…”berrido”, jajaja…pobrecito
    y una cosa mas
    Quiero conocer al tìo Jorge, por diooosss!!!

    • #8 por g. el marzo 29, 2010 - 15:23

      un grosso el tio jorge.
      gracias por pasar! salut!

  6. #9 por micromios el marzo 29, 2010 - 17:33

    Me ha gustado mucho tu historia, tiene de todo para hacer del tio Jorge un personaje entre entrañable y ridículo.
    En todas las familias debe haber el equivalente al mariachi, en la mia estaba un tio lejano, marido de la hermana de mi abuela que le daba por cantar ópera, canto de oído decía, todos los sobrinos nos sentabamos alrededor mientras cantaba y jugabamos a ver quien acertaba a meterle una miga de pan por la boca.
    Salut

    • #10 por g. el marzo 29, 2010 - 17:41

      jejejeje… que malos! y? quien acertaba? que hacia el cuando le tiraban las migas?
      salut!

  7. #11 por fanou el marzo 30, 2010 - 4:57

    Que moral tiene. Pero si te hace feliz algo tan fácil, por qué no darse a la felicidad? Qué mal hace?
    Muy buen relato.

  8. #12 por micromios el marzo 30, 2010 - 5:00

    No tuvimos la suerte, aunque mi hermano una vez le dio en un ojo. Fue un gran acierto que le mereció un viaje al rincón de los castigos. Aquel dia mi tio cantó poco. Mi madre por la noche le dio un trocito más de pastel a mi hermano.
    Salut

  9. #13 por annefatosme el abril 2, 2010 - 11:55

    Un relato muy entrañable y diría que tierno hacía el tio Jorge. Un tío pesado, pero con una pasión que le acompaña en cualquier circunstancia y a pesar de las opiniones burlonas de todos. Seguro que cuando ya no esté se le echa de menos.

    • #14 por g. el abril 2, 2010 - 12:28

      seguro que si, anne.
      salut!

  10. #15 por Viviana el abril 13, 2010 - 12:53

    Ahhhh, que buen personaje! Si desde que lo leí, no hago mas que imaginármelo… qué no daría por pasear de su brazo por las callecitas!… acompañarlo silenciosamente mientras en secreto espero el momento en el que, luego de la canción, levante el sombrero y grite VIVA ZAPATA, CABRONES!!!… no sé, me dió por ahí…

    • #16 por g. el abril 13, 2010 - 21:52

      esta buena la imagen viviana.
      gracias por leer.
      salut!

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