el exilio de bernardo reyes – parte I -.

Bernardo Reyes nunca imaginó que saldría huyendo en medio de la noche del pueblo que lo vio nacer. No es fácil vislumbrar la tragedia en ciernes incluso cuando uno se encamina hacia ella irremediablemente, tan por sentado dan algunos hombres el lento devenir de sus días.

No pensaba Bernardo Reyes en el exilio cuando todas las mañanas se levantaba para ir al trabajo, un trabajo rutinario que no le requería ningún esfuerzo más que mantenerse despierto durante las ocho horas que pasaba detrás del mostrador de la librería de Don Carlos, ni cuando visitaba a Lidia, su novia, y simulaba escucharla en sus interminables monólogos, mientras pensaba en las grandes hazañas que leía en los libros que vendía, aventuras asombrosas que nunca podría protagonizar, porque en el fondo se sabía cobarde y poco digno de cualquier otra cosa que esa rutina amarga pero reconfortante de alguien que a los veinte años tenía el camino trazado: un huérfano cobijado por su comunidad desde la muerte de sus padres, el prometido de la hija del comisario más por decantación que por decisión, adentrándose en una vida sin escape, un escape que por otra parte Bernardo no quería.

Era un hombre más, un tipo normal, Bernardo Reyes, hasta el día en que el deseo que llega como un vendaval arrasó con lo conocido y le dio a su existencia vulgar visos de evento extraordinario.

Y todo por una mujer, se repite ahora Bernardo en el apremio de su huída, mientras arma una valija apresurada en la que no se lleva ni la mitad de lo que cree que puede llegar a necesitar. Piensa en Ramona, la ve de nuevo contoneándose mientras se aleja por  la calle de la librería en bajada y se da vuelta para sonreírle con esos labios enormes, destinados a besos húmedos y calientes.

Ahora Bernardo sacrificaría todos esos besos a cambio de no haber levantado la alfombra bajo la cual se acumulaban la podredumbre y la perversión de los que hasta ese momento habían sido “los suyos” y ahora son “los otros”. Ciudadanos ejemplares de reputaciones intachables. Monstruos indestructibles dueños del poder que les da el poder, contra los que él no puede hacer nada.

Piensa en Ramona como la última vez que la vio, hace menos de una hora. Las piernas le fallan y la garganta ahoga un grito. No puede permitirse tales demostraciones ahora. Necesita todas sus energías para salir vivo del pueblo.

La primera vez que Ramona le habló, una mañana cálida de marzo, Bernardo no pudo entender lo que decía, tan perdido estaba en la curva del labio superior de la recién llegada, sobre la que había escuchado hablar pero que no había visto hasta entonces. Tuvo que repetirle la pregunta dos veces para que Bernardo respondiera vacilando, tan confuso que ella no pudo menos que reír. Bernardo maldice ahora el sonido de su risa, esa risa cristalina y musical que ese día lo perdió irremediablemente.

Ramona era una loba salvaje que no disimulaba su constante búsqueda de placer, que no se detenía ante nada cuando quería algo y que cuando conseguía lo que quería, lo consumía lentamente hasta dejarlo acabado, seco, sin una gota de energía para otra actividad que adorarla.

Pero cuánto placer le daba a Bernardo vivir para Ramona. Qué milagro fue que ella lo hubiera elegido a él. Le confesó luego, una de las noches que pasaron entre sueño y sexo que fueron su timidez y su inocencia las que lo habían distinguido entre los demás habitantes de ese villorrio perdido en la llanura. Bernardo callaba y la besaba, paladeando la felicidad en cada contacto, sin suponer siquiera el precio que le traería la elección de esa mujer.

*continuará.

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  1. #1 por chrieseli el abril 28, 2010 - 15:54

    yyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy???????
    Pero por Dios, cuál es el gusto de empezar esta historia arrobadora, rítmica e inmensas proyecciones y dejarla en el primer acorde??? No hay derecho señores, no hay derecho.
    Un saludo que te lo dejo porque soy gentil, pero insisto, no hay derecho 😦

    • #2 por g. el abril 28, 2010 - 16:05

      bueno, bueno, pero no te hagas muchas expectativa eh!
      salut,

  2. #3 por El Gaucho Santillàn el abril 28, 2010 - 16:09

    Buena historia, y bien escrita.

    Era brava, la Ramona.

    (no sè porquè, pero se me cruza que la Ramona……..mejor no lo digo, a ver si es verdad!!!)

    Saludos

    • #4 por g. el abril 28, 2010 - 16:15

      que? que se te cruza?
      no me dejes con la intriga!
      salut,

  3. #5 por pipermenta el abril 28, 2010 - 18:12

    Es verdad la Ramona huele a lo que aquí llamamos “chamusquina”. Pero veremos como la ve en realidad la autora.
    Un saludo.

    • #6 por g. el abril 28, 2010 - 22:02

      y “chamusquina” vendría a ser… que?
      salut,

  4. #7 por Viviana el abril 28, 2010 - 19:04

    …tic tac tic tac tic tac….ya está la segunda parte? a ver…no. Tic tac tic tac tic tac….ahora? tampoco.
    No, no estoy ansiosa, no.
    Espero.
    tic tac tic tac tic ta…….

    • #8 por g. el abril 28, 2010 - 22:02

      ya, ya, todavia hay que retocar, asi que no se cuando sale la segunda parte.
      gracias por las ganas de que la historia siga,
      salut,

  5. #9 por Concha Huerta el abril 29, 2010 - 2:30

    Me gusta este Bernardo apocado acostumbrado a manejar libros y no víboras como esa tal Ramona que se abandona a una pasión devastadora. Devastadora? Lo sabremos más adelante cuando nos regales la segunda parte. Saludos.

    • #10 por g. el abril 29, 2010 - 16:43

      ya viene, ya viene. hay que darle merito a bernardo, hay que animarse a vivir una pasion asi en un pueblo…
      salut!

  6. #11 por annefatosme el abril 29, 2010 - 5:58

    Los contrarios se atraen, cuantos hombres apocados se sienten atraidos por tigresas! Conozco unos cuantos con finales felices…pero no sé porque me da que tu relato nos reserva alguna sorpresa!
    Un cordial saludo,

    • #12 por g. el abril 29, 2010 - 16:44

      espero que los sorprenda, anne. y que les guste,je.
      gracias por leer.

  7. #13 por fanou el abril 29, 2010 - 7:38

    Que prometedor. Yo también quedo expectante.

  8. #14 por pipermenta el abril 29, 2010 - 8:04

    “Chamusquina” vulgar forma de decir que algo huele mal. No solo físicamente, puede decirse de la persona que nos da “mala espina”, o no nos parece buena o algo nos oculta. Espero que la aclaración te parezca suficiente.
    La historia me está atrapando y espero, como dice Ann, la sorpresa del desenlace.
    Un saludito

  9. #15 por g. el abril 29, 2010 - 16:46

    fanou: ya me esta preocupando la expectativa, me temo que no voy a estar a la altura de las circunstancias.
    piper: efectivamente, algo huele mal, pero no es Ramona, ya vas a ver.
    salut a ambas,

  10. #16 por Camaché el abril 29, 2010 - 18:01

    pero por Dios! has empezado con pie derecho y machacado todo germen de vida bajo tus pies!
    me has dejado (y aparantemente a todos tus lectores) con el dulce en la punta de la lengua.
    quedo pendiente de tu blog (cómo siempre) y seguir con este hilo que pinta guiar el camino de una muy interesante y bien escrita historia.
    Un abrazo.

    • #17 por g. el abril 29, 2010 - 20:24

      uf… te digo que lo dejaria aca… no se si el resto esta a la altura!
      salut y gracias por los elogios!

  1. Bernardo Reyes | TagHall
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