el exilio de bernardo reyes – parte III -.

parte II.

***

Todo estaba como antes, y eso le provocó un nudo en el estómago que creció a medida que se acercaba al dormitorio donde vio la cama deshecha, el armario con la ropa de Ramona sin tocar, el vaso de agua en la mesa de luz y la bata de seda verde esmeralda de su amante descuidadamente tirada en el piso. Solo faltaba ella.

Bernardo se sentó en la cama y estuvo allí no sabe cuanto tiempo. Se levantó como un autómata cuando las sombras comenzaban a devorar la débil luz de ese atardecer de otoño. Regresó a su casa y estuvo despierto dando vueltas en la cama, preguntándose qué podía haber pasado y qué debía hacer.

Temía por Ramona, pero más temía despertar la más leve sospecha acerca de la relación que lo había unido a ella, sabía que todo el pueblo lo condenaría, no eran dados a los escándalos. Temblaba de solo pensar en la reacción de su futuro suegro en la eventualidad de que se supiera que él había estado engañando a la inocente Lidia.

Bernardo entra al dormitorio de sus padres, desde donde se oyen los fuertes golpes en la puerta de calle. La escopeta de caza descansa sobre el respaldar de la cama. Se acerca temblando y la toma en sus manos, la marca en la pared deja dibujado el contorno del arma, y temblando aún toma las balas del armario y la carga. No tiene idea de cómo usarla. Ha olvidado por completo las tardes de cacería con su padre, cuando él lo obligaba a apuntar a los animales que su hijo, a los diez años, no quería matar.

Es surrealista, piensa Bernardo mientras se dirige a la puerta trasera, listo para correr hacia el bosque con toda la fuerza de sus piernas. Tan surrealista como la respuesta al misterio de la desaparición de Ramona, develado en la escena impensada que presenció hace apenas un par de horas.

Esta noche que terminará en su huida comenzó igual que la anterior: sin ningún atisbo de sueño. Bernardo dio vueltas por su hogar conjeturando hipótesis, elaborando teorías, buscando alguna que aliviara la sensación de que Ramona no se había ido por voluntad propia, que algo malo había sucedido, que alguien podía haberla lastimado.

El insomnio lo condujo fuera de casa. Caminó por las veredas silenciosas meditando, cargando con el peso de una responsabilidad que no deseaba y el presagio de que algo había pasado y era su deber desentrañarlo. Absorto en sus pensamientos llegó hasta el límite del pueblo, y siguió caminando sin darse cuenta de que se había sumido en la oscuridad boscosa de las afueras. Fue entonces cuando el viento trajo las voces.

continuará.

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  1. #1 por El Gaucho Santillan el mayo 2, 2010 - 18:23

    Esta Ramona me està poniendo ansioso!!!

    Bien escrito.

    (una abducciòn alienìgena?)

  2. #2 por pipermenta el mayo 3, 2010 - 6:16

    Por Dios, esta Ramona nos está dejando colgados de la intriga.
    Un saludo

  3. #3 por chrieseli el mayo 3, 2010 - 10:42

    El viento, siempre el viento. Dale mujer que me tienes en ascuas.
    Saludos

  4. #4 por fanou el mayo 3, 2010 - 11:48

    Voces? Qué voces?
    Cuanta expectación!

  5. #5 por annefatosme el mayo 3, 2010 - 16:14

    El viento, las voces, Bernardo con la escopeta, una historia cargada de malos presagios. Me da muy malas pulgas…

  6. #6 por Viviana el mayo 4, 2010 - 9:32

    Tic..tac..tic…tac…tic…tac……

  7. #7 por Concha Huerta el mayo 4, 2010 - 11:04

    Bernardo insomne adentrandose en el bosque con una escopeta. Se avecinan vientos de muerte. Como nos gusta adelantar las tragedias. Quiza la Ramona se esconde de un mal amor y el la rescate y la conquiste.
    Esperaremos…

  8. #8 por g. el mayo 6, 2010 - 2:03

    ahi está, ahí está, la vida real me tuvo entretenida y ni los comentarios pude responder. gracias a todos por seguir la historia, y espero que les guste el desenlace.
    salut!

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