fiesta.

–         Contraseña.

Miro al mono que está parado en la puerta de entrada del bar como si no me estuviera hablando a mí. Él me mira fijo, porque sí me está hablando a mí.

–         Contraseña – repite.

El idiota de Pablo no contó esta parte ¿contraseña? ¿Qué es esto? ¿Una película sobre espías en la Segunda Guerra Mundial?

–         Eeeeh… – pienso en decir algo, cualquier cosa, esperando que por milagro lo que diga sea lo que el mono espera escuchar, pero lo veo tan grande y amenazante que mejor no digo nada. Bah, mejor digo la verdad.

–         No, mirá… a mí me llamó un amigo hace un rato, Pablo Fernández, ¿lo ubicás? Uno alto, flaco, medio pelado –

Hago un silencio, a ver si algo de la descripción del imbécil de Pablo le suena al urso, esperando el brillo de reconocimiento en los ojos. Nada.

–         Bueno, no, cuestión que este pibe, mi amigo Pablo, me dio ésta dirección – le muestro el post it donde tengo anotados la calle y el número. Nada. – y me dijo que me viniera, que estaba en una fiesta buenísima, que no me la podía perder…

–         Contraseña.

“Contraseña tu culo, qué te parece”, pienso, mientras lo miro como miraba a mi viejo cada vez que me prohibía ir a alguna parte, y yo me encerraba en la pieza puteándolo por lo bajo, para que no me escuchara y me dejara sin salir un mes entero.

Me alejo sin contestarle mientras saco el celular. Lo suficiente para que no me escuche. Marco el número de Pablo y me salta el contestador.

–         Pablo, la puta que te parió. Me hacés salir de casa, me hacés venir hasta acá con este frío y hay un forro que no me deja entrar y me pide una contraseña. Llamame, boludo. O pásamela por mensaje.

Veo un grupito de chicas que se acercan a la puerta. Me acerco a ver si pesco algo, pero llego tarde. Las minas entran. Yo sigo afuera.

Desde arriba se escucha música y gritos de gente que la está pasando bárbaro, y yo acá abajo. Hace frío, y pienso en irme. Pero arriba la están pasando tan bien… y arriba está Alejandro. Con las ganas que tengo de darle a Alejandro. Pienso en él y el frío se me va un poco, cuando recuerdo esa sonrisa que tiene, esa risa medio tímida y esa forma de bajar la mirada a veces, cuando reflexiona antes de hablar.

El seguridad sigue en la suya, mirando hacia una esquina y otra, como si no me viera, como si la diferencia de altura me hiciera invisible.

Me le paro al lado.

–         ‘Tá fresco eh.

Ni pelota. Como si pasara una mosca. Aunque con ese frío, la mosca, que no es zonza, no hubiera salido. Se hubiera quedado revolviendo basura, calentita y abrigada.

–         Sip. Parece que llegó el invierno nomás.

Me molestan los tacos. Nunca estoy cómoda con tacos, pero me quise hacer la gata, a ver si de una vez pego media onda con Alejandro. Claro que a este paso, por ahí me conviene aprovechar los tacos y probar de ejercer la prostitución, porque de entrar ni miras.

Arriba alguien exclama “¡UUUUUUJUUU!” y yo pienso, no sé por qué, en Alejandro en un reservado, enroscado con alguna, acalorado y con la camisa abierta.

Patovica de mierda… me gustaría hablarle del abuso de poder, pero no tiene sentido ponerme a filosofar con ese so bruto. O contarle que me está quitando la posibilidad de conquistar al hombre de mi vida. No creo que se vaya a conmover con esos detalles, pero como soy mandada, me mando. Total, perdido por perdido…

–         Flaco, esto no te tiene que importar, ya lo sé, ¿pero vos sabés quién está ahí arriba?

–         No.

(¡Bien, una respuesta!)

–         Ahí arriba está el amor de mi vida, pero él no lo sabe. Y yo me vine hasta acá para hacérselo saber, ¿entendés? Es mi oportunidad.

–         Sin contraseña no entrás.

–         Yo te juro que me llamaron, me dijeron que venga, pero no me pasaron la contraseña. No sabía que había una, sino la hubiera averiguado.

–         Necesito la contraseña. Sino, no entrás.

Pierdo la paciencia.

–         ¡Por favor! ¡Dejame entrar!

El tipo se corre. Lo miro sin entender bien. Atrás mío se para un grupito, dos chicos y dos chicas. Él los mira.

–         Por favor, dejame entrar – dice uno. Y pasan.

Ahí me cae la ficha. Pienso en el azar y la buena fortuna. El patova me mira y yo le sonrío de oreja a oreja. Tan contenta estoy que lo abrazo, o lo más parecido a eso que me sale. Hacen falta dos como yo para poder completar un abrazo a esa mole.

Subo las escaleras de dos en dos, mientras sigo pensando en el destino y en las miles de posibilidades maravillosas que se abren frente a mí a partir de esa noche.

Es un fiestón. Gente bailando por todo el lugar, tragos que vienen y van, calor… Busco a Alejandro con la mirada, primero en los reservados, donde, por suerte, no lo veo. Y a Pablo, más que nada para que me diga dónde está Ale.

Lo veo (a Pablo) en la pista y pienso que debe estar borracho o drogado, porque Pablo no baila. Está rodeado de dos chicas, no muy agraciadas, y se están divirtiendo como locos. Me le acerco y me abraza como si no me hubiera visto en meses, pese a que vino a casa ayer a tomar unos mates.

–         ¿Dónde está? – mi voz casi no se escucha, con el barullo de la música a todo lo que da.

–         ¿Eh?

–         ¡¿Dónde está?!

–         ¿Quién?

–         ¡Ale, Alejandro! ¿¿Dónde está??

–         ¡Ah! Se fue hace un rato, no se sentía bien.

De pronto, la fiesta no está tan buena. La gente bailando se me antoja exagerada y tengo ganas de matar a Pablo, que me mira moviéndose como espástico.

Lo dejo bailando solo y me voy hacia la barra. Escucho a Pablo entre el ruido.

–         ¡Pero te dejó un beso eh!

Sin girarme, levanto una mano para darle a entender que ok, que lo oí. Me abro paso en la barra para pedirme una cerveza, mientras me enveneno pensando en lo caro que me va a salir el taxi de vuelta a casa.

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  1. #1 por Concha Huerta el junio 4, 2010 - 14:26

    Me ha gustado este relato y sobre todo el dialogo que expresa la frustracion de un encuentro perdido. Ay la juventud y los amores, que tiempos tan duros.
    Un saludo

  2. #2 por micromios el junio 4, 2010 - 15:16

    Qué bueno, me he divertido imaginando. Es que parece que lo veo. Me gusta el vocabulario, estos giros locales dan una riqueza el texto que lo hace más vivo.
    Salut

  3. #3 por David Silva el junio 6, 2010 - 23:32

    jajajaja. esto me hizo reír mucho. Es una situación bien cómica, sobretodo el final.
    Verás, si me ha hecho reír es porque me parece escuchar el eco de algo muy similar que me sucedió hace un tiempo y… ahora lo recuerdo y me da risa.
    En fin. Me gustó mucho.
    Un saludo.

  4. #4 por g. el junio 7, 2010 - 0:00

    concha: duros, si, pero divertidos tambien, no me digas q no…

    carme: buenisimo que lo hayas podido ver, era un poco la idea, contarlo como si fuera casi una pelicula. en cuanto a los giros, a mi me gusta utilizarlos, me siento muy libre al hacerlo, es que los tengo muy incorporados, aqui hay una riqueza enorme de localismos.

    david: me alegro que te haya hecho reir. ando medio perdida de ideas y de estilo, por eso descargo con estas escenitas que me distraen y me mantienen en forma hasta que vuelva la inspiracion.

    gracias a todos por pasar y por leer,

    salut!

  5. #5 por pipermenta el junio 7, 2010 - 17:52

    Muy, muy entretenido. De verdad que estas cosas tan cotidianas nos hacen sonreír. Sucesos comunes con los que disfrutar sin más recovecos .
    Estupendo relato.

  6. #6 por annefatosme el junio 8, 2010 - 3:56

    Un relato muy bueno y un dialogo desternillante, me lo he pasado muy bien leyéndote. Un desencuentro lleno de gracia…para los lectores! Y dices que estás a falta de inspiración, será broma, no?

  7. #7 por chrieseli el junio 8, 2010 - 12:11

    Muy bueno G. Entretenido, dinámico, muy real. Casi cinematográfico. Me gustó “caleta”
    Un abrazo

  8. #8 por jordim el junio 8, 2010 - 16:32

    muy buneo el diálogo, sisi.

  9. #9 por g. el junio 8, 2010 - 17:07

    piper: me alegro que te haya gustado, a falta de inspiracion bueno es obtener sonrisas.

    anne: qué va, ya quisiera bromear… pero no, ultimamente me siento poco inspirada y por eso armo estas cronicas en tono mas ligero. me alegro que te haya divertido, era un poco el objetivo, probar algo que arrancara alguna sonrisa.

    tere: gracias, gracias, yo tb lo vi cinemarografico. y que es “caleta”?

    jordim: bienvenido por aca, espero que encuentres cosas que te gusten.

    salut a todos!

  10. #10 por chrieseli el junio 8, 2010 - 17:21

    Mucho, cualquier cantidad 🙂

    • #11 por g. el junio 8, 2010 - 17:22

      me parecio q iba por ahi…

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