gato al sol.

Te veo ahí tirada. Tan confiada en que no voy a hacerte daño. Tan tranquila con los ojos semicerrados que solo se entreabren un poco cuando retiro la mano que se mueve por tu lomo al ritmo lento de las caricias que te gustan y se abren solo para no errar al volver a atrapar la mano con las garras, firme pero con suavidad para no lastimarme y que no me enoje y te rete o te faje por bruta.

Todo lo que hacés es egoísta. Está en tu naturaleza. Tus acciones están guiadas por el deseo y la búsqueda de satisfacción de las pulsiones y el placer, que pueden parecer lo mismo pero no son, porque podés vivir sin mimos que te hagan ronronear pero no podés vivir sin comer. Por eso sos buena y no te me tirás encima mientras estoy durmiendo y me deformas la cara a mordiscones. Y yo sé que a veces se te cruza la idea. Te lo veo en los ojos, en las pupilas dilatadas y la mirada torva que me echas cuando no te dejo subirte a la mesa de luz o meterte debajo de las sábanas a la hora de ir a dormir.

Te envidio la transparencia con la que te manejás y la facilidad para conseguir lo que querés porque hacés que sea importante satisfacerte, con esa demanda silenciosa pero constante que no se puede eludir las veces que me seguís por toda la casa en silencio y si te miro al pasar me lanzás un maullido lastimero que me parte el alma y me hace sentir que si no hago lo que querés te estoy matando de a poco y te quedan tan pocos años de vida, yo no sé cuantos pero muchos no deben ser, aunque no se te nota la vejez ni el cansancio, yo sé que en algún punto vos percibís que tu existencia es breve y no hay tiempo que perder para conseguir lo que necesitás para ser feliz.

Por eso no puedo negarte lo que me pedís y por eso te quiero tanto que se me estruja el corazón cuando pienso en el día en que ya no me vas a seguir por la casa, mi compañera de camino, y deseo que ese día nunca llegue, que seas un único e irrepetible caso de inmortalidad y me sigas siguiendo hasta que me toque caminar al ritmo de un bastón.

Confiás en mí ciegamente y por eso te tirás al piso patas arriba con la certeza de que todo va a estar bien, y me permitís las caricias que te encienden el motor del ronroneo. Porque en tu pequeño mundo animal, completo así como está, las dos sabemos que hay una sola dueña, y que anda en cuatro patas.

Anuncios
  1. #1 por Concha Huerta el septiembre 5, 2010 - 6:39

    Precioso texto que ensalza la relación única que nos une a nuestros hermanos felinos. Una relación que me recuerda a la que tuvo mi padre con su inseparable Miky. El día que falto perdió irremediablemente el brillo de sus ojos. http://wp.me/pwJx2-A6

    • #2 por g. el septiembre 5, 2010 - 13:16

      si, son esas relaciones que solo entienden quienes las han tenido, construidas en los habitos que ellos nos imponen y que nosotros adoptamos sin rechistar, porque nos hace bien verlos bien.
      un abrazo!

  2. #3 por MX el septiembre 5, 2010 - 14:22

    Me encantó. No hay dudas de que hay una sola dueña, no hay duda de quién domesticó a quién. Y lo digo con la experiencia del derrotado feliz.
    Salú, Gato!

    • #4 por g. el septiembre 5, 2010 - 16:23

      si, si, y vos no le ofreciste nada de resistencia, jejeje.

  3. #5 por El Gaucho Santillan el septiembre 5, 2010 - 18:57

    Es asì, ciertamente.

    ellas mandan!!!

    El final es sorpresivo. Un abrazo.

    • #6 por g. el septiembre 5, 2010 - 23:11

      no se si tan sorpresivo, ellos tienen las herramientas para dominarnos.
      un abrazo!

  4. #7 por fanou el septiembre 6, 2010 - 7:18

    Cómo se parece a mi Abby. Yo también he pensado alguna vez en esa confianza ciega como acto de voluntad tácito.

    • #8 por g. el septiembre 6, 2010 - 10:34

      si, vi las fotos de abby, son iguales, quizas fueron separadas al nacer, y una cruzo el oceano y la otra quedo en su tierra natal. anda a saber cual es cual, no?
      un abrazo,

  5. #9 por chrieseli el septiembre 7, 2010 - 11:19

    Quien no se ha entregado voluntariamente a la voluntad tiránica de un minino jamás podría entender la profunda verdad de tus palabras. Me confieso ABSOLUTAMENTE subyugada por la presencia de mi gato, único macho en el mundo que me hace levantar de la cama dos y hasta tres veces en la noche, abrirle la puerta de calle para que salga a olisquear la lluvia o a convencerse que la libélula que dejó escapar se fue no más.
    Lo espero y no me duermo mientras no regresa y se acurruca en mi cuello y me ronrronea feliz. Ahhhhh, esa es vida.
    Un abrazo

    • #10 por g. el septiembre 7, 2010 - 18:02

      ah si si… yo tengo hembra, no tengo ese tipo de problemas. pero hacen lo que quieren con nosotros, eso esta claro.
      un abrazo tere!

A %d blogueros les gusta esto: