sorda.

Hay algo que usted no sabe de mí, Anastasio, y es hora de que lo sepa si vamos a dar el paso trascendental de unirnos de por vida en matrimonio.

Soy sorda.

Si, así como lo oye. Usted lo oye, no yo, claro. Porque lo que es yo, no oigo nada de nada.

De muy pequeña desarrollé una enfermedad que me hizo perder progresivamente la audición primero en el oído derecho y luego en el izquierdo. Me despedí del mundo de los sonidos con la inconsciencia de los niños, la resiliencia que tienen para adaptarse a todo, incluso a las situaciones más ingratas.

Mis padres, que esperaban grandes cosas de mí, me ayudaron a sobrellevar lo que ellos consideraban la mayor tragedia de sus vidas de la única manera en que sabían hacerlo: negándola.

Por eso me educaron como a los demás niños y me enseñaron a disimular mi sordera para que nadie se diera cuenta de que habían tenido una hija, como decirlo, “fallada”. Me dieron todo salvo comprensión, aunque los he perdonado porque sé que me amaban a pesar de todo.

Este es el motivo por el cual nunca quise acompañarlo a las veladas musicales a las que me ha invitado y fingí estar indispuesta para que usted no malinterpretara mi rechazo.

He leído sobre sonidos toda mi vida y aprendí a desarrollar una envidiable habilidad para leer los labios y las expresiones, para saber qué decir en una conversación, para que todos crean que escucho atentamente y entiendo todo lo que está pasando a mí alrededor.

Cuando alguien quiere hacerme oír música y me resulta inevitable negarme, simplemente miro su rostro para saber qué esperan que haga yo, y voy con la corriente. Es imprescindible para mí ir con la corriente, y como todos lo hacen no me resulta complicado pasar desapercibida en situaciones sociales.

Por eso soy callada: mi carácter reservado, el que a usted tanto le gusta y lo conquistó según me ha dicho innumerables veces, es producto de la imposibilidad de ser de otra manera salvo que devele la verdadera naturaleza de mi problema. Es curioso como usted cree que mi mayor virtud es en realidad mi defecto más grande.

Creí que era importante que supiera esto, Anastasio, porque estoy convencida de que en un matrimonio es fundamental la sinceridad. Entiendo su confusión, tan claramente pintada en sus cejas en éste momento, pero no se preocupe, este secreto que le confieso no alterará en lo más mínimo nuestro futuro en común.

Debo decir que al principio, cuando iniciamos nuestra relación, me llamó la atención que no notara nada extraño en mi proceder. Pensé en eso que dicen de que cuando uno está enamorado no ve lo que está mal en el otro, pero al pasar el tiempo no pude evitar admitir que su falta de observación superaba con creces el hecho de amarme y se debía más bien a su magnífico ego, que le impide ver más allá de sus necesidades.

Que no lo desaliente mi revelación, Anastasio. Porque yo seré sorda, pero en estos meses usted me ha dejado en claro que es completamente ciego.

Anuncios

, , ,

  1. #1 por Gustavo el octubre 9, 2010 - 0:03

    JAAAAAAAAAAAAAAJAJAJAJAJA, BESO GABY,,JAJAJAJAAA

    • #2 por g. el octubre 9, 2010 - 0:04

      jejeje, me hizo reir tu carcajada.
      beso!

  2. #3 por El Gaucho Santillàn el octubre 9, 2010 - 8:42

    Que bueno.

    Muy bien escrito.

    Y la reflexion del final, impagable.

    excelente.

    un abrazo.

    • #4 por g. el octubre 11, 2010 - 20:55

      gracias gaucho, son esas cosas de las que la gente se da cuenta si es observadora.
      abrazo,

  3. #5 por Claudia Ibañez el octubre 9, 2010 - 15:14

    Muy ingenioso! Por suerte esta mujer al ser sorda desarrolló la capacidad de observación, algo que muchas bien oyentes no tienen tan desarrollado. Saludos!

    • #6 por g. el octubre 11, 2010 - 20:55

      claro. uno pone mas atencion a las cosas cuando esta en desventaja, a ver por donde puede empatarle a la vida.
      salut,

  4. #7 por Concha Huerta el octubre 9, 2010 - 15:39

    Muy divertido. Cuanta ironía. Mi abuela siempre decia que me buscara a un hombre sordo y mudo para casarme… Un saludo

    • #8 por g. el octubre 11, 2010 - 20:56

      siii, sordo y mudo, pero no ciego. el hombre ideal.
      abrazo,

  5. #9 por micromios el octubre 11, 2010 - 18:09

    Jeje, si me dan a elegir no sé que preferiría, ser sorda o ciega. Visto lo visto, creo que ya lo sé.
    Salut

    • #10 por g. el octubre 11, 2010 - 20:57

      cualquiera de las dos sirve si no son como las de anastasio, invisibles pero reales.
      abrazo,

  6. #11 por Elena el octubre 12, 2010 - 12:10

    Claro ejemplo de que a veces una minusvalía es todo lo contrario, en cambio los que parecen válidos, resulta que no lo son. No hay nada peor que la ceguera. ¡Me ha gustado g.!

  7. #12 por chrieseli el octubre 14, 2010 - 11:49

    “Es curioso como usted cree que mi mayor virtud es en realidad mi defecto más grande”. Demoledoras palabras para un final de antología. Super weno. Me ha gustado mucho.
    Un abrazo

    • #13 por g. el octubre 15, 2010 - 0:11

      me alegro de que te haya gustado. suele ser asi en muchas relaciones, creo.
      abrazo tere!

  8. #14 por leerloslabios el noviembre 6, 2010 - 20:23

    Hola que tal Gaby.

    Mi nombre es Jose Manuel.

    Me he identificado contigo en lo vivencial de pequeño, ya que tambien yo perdi mi audicion a la edad de 7 años y a los 8 años ya estaba con auxiliares auditivos y aprendiendo a leer los labios.

    Sin duda que en la ausencia de un sentido se desarrollan los demas.

    Deseo invitarte a que pases a mi blog y podamos intercambiar vivencia al respecto sobre leer los labios y ademas de lo vivencial que resulta.

    Te mando un gran abrazo y espero saber pronto de ti.

    Jose Manuel

  9. #15 por Nadia el noviembre 9, 2010 - 21:06

    Ja. Genial, genial, genial.

    • #16 por g. el noviembre 9, 2010 - 22:47

      gracias gracias gracias.
      je.

  10. #17 por Ricardo el noviembre 11, 2010 - 2:35

    Ahí lo leí y me encantó!!!!!! Felicitaciones!!!!!

    • #18 por g. el noviembre 11, 2010 - 16:34

      me alegro, me alegro.

  1. Sorda « Oblogo
A %d blogueros les gusta esto: