orsai.

–          Gordi, ¿qué es el orsai?

Miré a Malena. El raviol que estaba masticando me empezó a quemar la lengua. En la tele los jugadores corrían tras la pelota. El ruido de los tenedores disimuló mi desolación ante esa pregunta que no podía responder, formulada en el peor momento posible. Malena es divina, la amo, pero a veces es una desubicada, y esta situación era reflejo patente de su defecto.

Aproveché que me había hablado a media voz y le respondí en el mismo tono.

–          Dfspsfs.

–          ¿Eh?

Tragué. La bola caliente me quemó la garganta y me llenó los ojos de lágrimas.

–          Después. Después te explico. En casa, gordita.

–          Pero en casa me voy a olvidar, gordi.

–          Yo te hago acordar, quedate tranquila.

Yo no sé qué demonio se le metió en el cuerpo, pero mi respuesta disparó su irritación. Puso la voz de nena caprichosa, que al principio tanto me calentaba y ahora me rompe soberanamente las pelotas.

–          ¡Pero decime!

–          Es difícil, después te muestro.

–         BUENO, SE VE QUE PENSÁS QUE SOY TARADA, PORQUE TAMPOCO PUEDE SER TAN COMPLICADO.

Se hizo un silencio en la mesa. Papá y mamá nos miraron. Hasta la abuela, que nunca tiene idea de lo que pasa a su alrededor, nos miró.

–         ¿Todo bien? – preguntó mamá con la sonrisa impostada y los ojos en llamas por esa reacción de la mujer a la que todavía no le perdonaba haberse llevado de casa a su hijo.

Me llevé la servilleta a la boca y asentí. Malena tomó la palabra.

–         Si, todo bien Elsa. Pasa que tu hijo cree que soy estúpida y no voy a entender qué es el orsai salvo que me lo muestre con libros de fútbol y dibujitos ilustrativos.

–          No dije eso, gordita…

Pero ya era tarde. Papá interrumpió con su vozarrón y la boca llena de comida.

–          Explicale a tu señora, Claudio.

Yo no podía explicarle. Nunca entendí la ley del orsai. Soy como esa gente que no puede leer la hora en un reloj con agujas: a todos les resulta fácil, y uno se siente un idiota por esa tara que le impide ser como los demás.

Mi viejo no podía saber que yo no sabía. Mi relación con él estaba construida sobre pases y gambetas, amores y odios hacia los colores de una camiseta más suya que mía. Papá no tenía que sospechar que la pasión que compartíamos era una farsa montada para que no se sintiera desilusionado: su único hijo no sentía palpitaciones con un gol o emoción auténtica ante un clásico ganado o un campeonato obtenido.

Había trabajado toda la vida para que no se enterara. Si tenía que ir a la cancha, iba. Si tenía que pasar el domingo hablando de la formación de esa tarde lo hacía. Había aprendido a responder incluso desinformado, interpretando su tono lúgubre o alegre cuando me llamaba justo después de algún partido que no hubiéramos visto juntos.

No saber explicar la ley del orsai era una afrenta más allá de todo límite. Una excelente forma de arruinar el domingo, por decir poco. No podía ni pensar en las consecuencias que mi ignorancia podía traer a futuro.

Mi viejo me miraba, Malena – la tontísima Malena, a la que en ese momento hubiera acogotado con gusto – también. Tomé un sorbo de vino para dilatar el bochorno.

–          ¿Y?

Malena tenía la ceja arqueada. Me entregué como la res al matadero.

–          A ver… se comete orsai cuando… el jugador del equipo que ataca…

Papá asentía y me miraba fijo. Empecé a sentir mucho calor. Podía notar los colores subiéndome a la cara.

–          La pelota en realidad… cuando la pelota…y el jugador que ataca…

–         ¿Alguien quiere más ravioles? Miren que hay un montón eh.

La voz de mi vieja interrumpió mis balbuceos. Su mano, al extenderse hacia mi plato con brusquedad, arrojó el contenido íntegro sobre mi remera.

–          ¡Elsa, mirá lo que hiciste!

Mi padre intentaba levantar los trozos de carne de estofado que se deslizaban viscosos por mi remera blanca y el pantalón.

Malena se había levantado con un gritito ahogado y ayudaba a mi padre con las servilletas que tenía a mano en la mesa.

–         Uy nene, perdoname, vení, vamos para la cocina que te doy un trapo y te ponés alguna de las remeras que quedaron en tu cuarto.

Intentando no dejar un reguero de salsa de tomate, la seguí a la cocina. A medida que me alejaba, escuchaba la voz de mi padre desde el comedor:

–         Bueno, el orsai es cuando la pelota parte desde el anteúltimo jugador que ataca y el último jugador está…

Abrí la canilla y me quité la remera, que al mojarse comenzó a teñir el agua de rojo, como si hubiera sido herido de muerte.

Mi mamá se paró al lado mío extendiéndome una remera vieja.

–         Tomá. Y a ver si me hacés el favor de aprender de una buena vez qué es un orsai, porque esta vez la sacaste barata, pero la próxima no sé.

La miré un instante hasta comprender lo que había sucedido. La abracé conmovido por su gesto, por su grandeza y su astucia: fingir torpeza, recibir los reproches para evitarme a mí el mal momento. Eso era una madre.

–          Sos una genia, la mejor mamá del mundo, mirá lo que hiciste por mí…

–          Ay Claudio, no lo hice por vos, no seas tan ingenuo, hijo ¿sabés lo que iba a ser soportar a tu padre si se daba cuenta de que entendés tanto de fútbol como yo de física cuántica?

Iba a balbucear una respuesta, pero ni siquiera me dejó abrir la boca.

–          Claro que no sabés… a vos te retira la palabra y listo. Yo iba a tener que escucharlo quejarse y quejarse… ya bastante lo aguanto todos los días desde hace treinta y tres años.

Tomó la remera mojada del lavabo y la escurrió con fuerza.

–         Capaz que hasta me echa la culpa porque vos no podés distinguir una pelota redonda de una ovalada… ni que fuera tan difícil el orsai, hombre…

Antes de salir al patio con la remera goteando, se dio vuelta una vez más, irritada.

–          “Posición adelantada”… ¡usá la lógica nene, usá la lógica!

Agaché la cabeza y la dejé despotricar tranquila. Era lo menos que podía hacer para compensarle el favor que nos había hecho.

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  1. #1 por chrieseli el noviembre 11, 2010 - 8:32

    GENIAL. No puedo decirte nada más, porque aún me estoy riendo con la salida de la madre.
    Realmente, sos grossa.
    Un abrazo

    • #2 por g. el noviembre 11, 2010 - 16:34

      jejeje, como te gusta decir grossa eh…
      abrazo,

  2. #3 por El Gaucho Santillàn el noviembre 11, 2010 - 9:57

    Està muy bueno.

    Madre hay una sola.

    Un abrazo.

    • #4 por g. el noviembre 11, 2010 - 16:34

      si señor. por suerte, te imaginas mas de una madre? puf…
      abrazo,

  3. #5 por MX el noviembre 11, 2010 - 11:20

    Haberme preguntado antes! Toda la vida me la pasé boyando cual delantero paparulo, creyendo que era más rápido que el fullback, hasta que comprendí que la sonrisa ladina que me dedicaba cada vez que me anulaban la corrida tenía que ver con ese pasito imperceptible que daba, dejándome desamparado ante el línea.
    – Vos siempre papando moscas – me decía mi vieja.
    – No mamá, a mí me gusta ser un centrojás de vanguardia. – le mentía.
    – Pss.-

    • #6 por g. el noviembre 11, 2010 - 16:35

      jejejejeje… muy bueno.
      abrazo,

  4. #7 por richmza el noviembre 11, 2010 - 15:14

    Qué bueno que te publiquen siempre en Oblogo!!! Yo voy a ir subiendo mis textos, me explicás cómo tenés que hacer??

    ^_^

    Gracias!!!!

    • #8 por g. el noviembre 11, 2010 - 16:35

      bueno, tampoco siempre, fueron algunas veces nomas.
      salut,

  5. #9 por Vi el noviembre 11, 2010 - 23:02

    Ay ay ay, g., y yo que soy madre…. no sé si reírme o llorar… que patológicas somos…. (y son) Lo que no puedo negar, es la formidable manera de pintar ese almuerzo familiar, con todas sus miserias. Otra cosa, la frase del principio “El raviol que estaba masticando me empezó a quemar la lengua”… vaya si era cierto! Flor de premonición.
    Muy bueno!!!

    • #10 por g. el noviembre 11, 2010 - 23:12

      jejejee… esta bueno lo de la premonicion,
      abrazo!

  6. #11 por Concha Huerta el noviembre 12, 2010 - 12:22

    La ley del orsai… Y yo que pensaba que era algo del museo de impresionistas. menuda futbolera estoy hecha. casi peor que el pobre infeliz que narra esta divertida historia. Un saludo

    • #12 por g. el noviembre 14, 2010 - 22:27

      jejeje, o sea que tampoco serias una buena candidata para explicarla.
      abrazo,

  7. #13 por fla el noviembre 13, 2010 - 10:21

    Muy bueno….
    Son esas cuestiones en las que se suele entrar para sentir que se pertenece a:….
    Una familia y no quedarse afuera…negociaciones perversas del ser

    • #14 por g. el noviembre 14, 2010 - 22:27

      si si, exacto licenciada, jejeje.
      abrazo,

  8. #15 por micromios el noviembre 14, 2010 - 7:20

    Me gustó el relato.
    En mi casa siempre fuimos muy futboleros, mi madre es más forofa que mi padre que se pasaba el dia pendiente de los resultados de futbol. Si perdia el Barça era como un dia de duelo. Durante los partidos, se guardaba respetuoso silencio (cuando era pequeña siempre por la radio) no fuera uno a perderse una jugada.
    Yo siempre he sido de estar por las nubes y mi madre usando su vocabulario futbolero siempre decia de mi que estaba orsai.
    Salut
    PD pensé que hablabas de otra cosa, una revista que se llama Orsai y de la que ultimamente leo en bastantes blogs.

    • #16 por g. el noviembre 14, 2010 - 22:29

      si, conozco la revista, el director es argentino pero vive por tus pagos, se llama hernan casciari. muy recomendable, por cierto.
      en mi casa cuando perdia river, el equipo de los amores de mi padre y mio , nos amargabamos mucho, y no queriamos ni atender el telefono, para que no nos cargaran los amigos de boca juniors.
      abrazo,

  9. #17 por Claudia Ibañez el noviembre 16, 2010 - 16:27

    Muy, muy bueno…me encantó el giro de no quedarte en la madre apañadora que hace todo por su nene…ma’qué por su nene!! Por ella! Todavía me sonrío con las expresiones de tu relato. Un abrazo!

    • #18 por g. el noviembre 17, 2010 - 10:00

      gracias claudia. si, es que esta madre ayuda a su hijo, pero se ayuda a ella tambien, no es una martir, je.
      abrazo,

  10. #19 por carolina el febrero 22, 2011 - 0:09

    jajaja!! está bueníiiiisimooo!!

    • #20 por g. el febrero 22, 2011 - 0:42

      gracias gracias!

  11. #21 por Alan Rulf el marzo 13, 2011 - 12:38

    Yo nunca he entendido el orsai (lo conozco como “fuera de juego”, y frente a él me reconozco fuera de juego). Creo que nunca lo entenderé, pero tampoco me preocupa lo más mínimo.

    Esta historia es lo más interesante que he leído sobre el tema.

    Saludos.

    • #22 por g. el marzo 13, 2011 - 13:10

      nuestro pobre personaje está igual con vos, pero tiene el problema de sentir que tiene que entenderlo.
      abrazo, alan!

  12. #23 por RAQUEL el marzo 22, 2011 - 14:14

    Genial! como esposa de un sufrido futbolero desde hace 25 años, y madre de un pibe de 21 que no comparte con su padre los colores de la pasión futbolera, dejame que te agradezca estos minutos de catarsis.
    Felicidades, me pareció estar en esa mesa!
    Gracias, Raquel

    • #24 por g. el marzo 22, 2011 - 23:23

      por favor, gracias a vos raquel por haber aprovechado el cuento para hacer catarsis! si es sufrido, es de racing tu marido? (viste que los de la academia son sufridos, pobres)
      me imagino que muchos de tus almuerzos pueden ser una pelicula, un cuento o una obra de teatro.
      salut, y bienvenida.

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