los últimos deseos.

¿Adónde irán los deseos de los moribundos?

No puedo sacarme esa pregunta de la cabeza mientras te sostengo la mano y vos apretás con fuerza la mía, con más fuerza aún en los accesos de tos, cuando escupís sangre. No le hubiera creído a quien me hubiese dicho que íbamos a terminar así, vos tosiendo color rojo y yo limpiándote la boca y acompañando ésta vigilia de la muerte que se hace la difícil y se toma su tiempo, como si antes de llevarte tuviera que gastarte y quitártelo todo, hasta la dignidad. Ahora sos un manchón pálido, una sombra tímida que se achica frente a mí, que hago como que no pasa nada porque vos hacés como que no pasa nada.

En esta lúgubre sala de espera en que se convirtieron nuestras horas, que devoran las termitas implacables que habitan tus células, hablamos de las cosas que vamos a hacer cuando te levantes de la cama. Nos pasamos el tiempo pensando en el futuro que no va a llegar, un futuro en común inventado por los dos, lleno de esos anhelos que no vas a poder realizar.

Hablamos de los restoranes por los que pasamos y dijimos “acá tenemos que venir”, de las cosas que vamos a pedir cuando te saquen el suero y puedas volver a masticar. Casi podemos oler la comida mientras te describo con minuciosidad los menúes, desde la entrada hasta el postre, todo regado con esos vinos que me van a saber a amargos cuando no los pruebes conmigo.

Hacemos planes para los domingos a la tarde: ir a plazas, tomar mates, ver a la gente pasar, charlar sobre nada mirando al cielo y tomando sol. Ir a la cancha y corear los cantitos de la hinchada, ser felices o amargarnos según el resultado del partido de la fecha.

Programamos qué vamos a hacer para tu cumpleaños y para el mío. Competimos a ver cuál fiesta va a ser mejor y más divertida. Te dejo ganar, porque yo voy a poder festejar y vos no, vos te vas a quedar siempre en esta edad. Un retrato paralizado, una foto de otro tiempo, en eso estás a punto de convertirte.

Proyectamos viajes a las ciudades que no conocimos porque estábamos esperando el momento propicio sin saber que el momento propicio era ese. Nos armamos el itinerario, pensamos qué ruta nos conviene más, si primero Francia y después España o al revés. Y discutimos, nos peleamos fiero porque vos querés volver a Buenos Aires desde Roma y yo prefiero volver desde Barajas. Yo te acuso de caprichoso y vos te reís y me decís que soy una cabezadura.

Así pasamos el tiempo que nos queda, sin hablar de lo importante, o por ahí sí, por ahí lo importante es este universo por venir que no vendrá pero que nombramos e imaginamos.

Y yo quiero preguntarte si sabés dónde van estos deseos de lecho de muerte, estas cosas que ya no se van a poder hacer porque vos te vas y yo me quedo y no va a ser lo mismo sin vos, que siempre tuviste todas las respuestas y nunca me dejaste con la duda.

Como no vas a saber qué contestarme, sigo con el juego de desear sueños imposibles, para hacer más amenos los ratos de conciencia que te quedan hasta que te pierdas en la oscuridad, segura de que mi último deseo va a ser tener ésta respuesta que ni vos ni nadie me puede dar.

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  1. #1 por carolina el diciembre 28, 2010 - 0:47

    Buenísimo, me encanta todo lo tuyo que voy leyendo. Abrazo!

    • #2 por g. el diciembre 29, 2010 - 13:56

      que bueno, carol, bienvenida. yo me pase por tu blog y tambien me gusto mucho.
      un abrazo,

  2. #3 por chrieseli el diciembre 28, 2010 - 9:20

    Wow, duele, carcome y te deja en un parelé inmenso. ¿Qué se hace cuando no se tiene ESA respuesta?.
    Tremendo y verdadero, como la vida misma.
    Un abrazo G.

    • #4 por g. el diciembre 29, 2010 - 13:57

      no se hace nada, supongo, apechugar con la falta de respuestas, como nos sucede en general.
      un abrazo, tere.

  3. #5 por Ana Maria Banga el diciembre 29, 2010 - 1:47

    muy crudo, muy bueno

    • #6 por g. el diciembre 29, 2010 - 13:57

      gracias gracias.
      beso!

  4. #7 por Concha Huerta el diciembre 29, 2010 - 8:40

    Triste reflexión que nos presentas sobre la agonía de un enfermo y su pareja. Quiza esos deseos sirvan para preparar el duelo de quien narra esta triste despedida. Un saludo

    • #8 por g. el diciembre 29, 2010 - 14:01

      yo creo que sí, que esa es su utilidad, si es que tienen alguna.
      un abrazo, concha,

  5. #9 por annefatosme el diciembre 29, 2010 - 11:33

    g, pequeña, me has hecho llorar.
    Un beso.

    • #10 por g. el diciembre 29, 2010 - 13:58

      anne, disculpas por las lágrimas, estaba en un día oscuro cuando lo escribí.
      un abrazo y un pañuelo a la distancia para vos.

  6. #11 por micromios el diciembre 29, 2010 - 13:40

    No sé donde van estos deseos no tampoco donde van los que se van pero espero que estos deseos y los que se van se encuentren allá donde sea que vayan.
    Salut

    • #12 por g. el diciembre 29, 2010 - 13:59

      ojala, aunque ese deseo también integra la lista de deseos que no sabemos dónde van, no?
      un abrazo, carme.

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