fluo.

La chica brillaba en la oscuridad. Así como suena: brillaba. Era como estar frente a esos sticker de los cuartos de niños: estrellas, soles, formas varias que toman la luz de los objetos lumínicos y la mantienen un rato más hasta que se agota.

Ella era igual. Como si tuviera una batería solar que se cargaba durante el día y con las bombitas, que a oscuras se mantenía un par de horas y se iba haciendo más y más tenue hasta que se apagaba del todo.

Brillaba color amarillo. Parecía tener el sol adentro. Era de esperar que la gente le tuviera miedo y era lo habitual. La chica fluo, así la llamábamos en el colegio, tomaba con mucha naturalidad su característica distintiva. Había nacido así. Es como nacer en una casa de locos: es difícil reconocer la extravagancia cuando se convive con ella. Por lo demás era una mujer como todas, sin otros signos de rareza, si es que tal cosa existe en este mundo, botica planetaria, todo por dos pesos global en el que hay de todo.

Al saber de su existencia los servicios secretos de las potencias mundiales emprendieron una campaña para hallarla, secuestrarla, estudiarla a fondo y eliminarla si era necesario, pero no le encontraron nada. Yanquis, rusos, chinos y japoneses (los encuentros de científicos se parecían a esos chistes de quién se tira del avión primero) debatían, discutían, se rascaban la cabeza como primates y se mesaban los cabellos ante la falta de explicación del fenómeno.

Barajaron varias hipótesis descabelladas: deformaciones de ADN,  exposición a elementos radiactivos, experimentos conspiranoícos con fetos… hasta la posibilidad de un gen extraterrestre en la secuencia de la joven y de sus padres, que en vano intentaban convencerlos de que la habían concebido al estilo tradicional, sin ningún evento ni abducción ni nada fuera de lo ordinario en una relación sexual.

La conclusión no enunciada por los científicos fue la más disparatada: estaban en presencia de una especie de milagro.

Entonces llegaron las iglesias. Como la familia de la chica fluo era declaradamente atea, todos los credos querían afiliarlos y arrogarse para sí el merchandising de esa maravilla. Dado que el hecho no tenía una respuesta dentro de lo conocido, sólo podía ser obra de algún dios en los cielos, un mensaje de esperanza para la humanidad. Se sabe cómo levanta las acciones de cualquier institución religiosa demostrar que algo que no puede demostrarse le pertenece.

La “batalla divina por la mujerluz” como la llamaron los medios de comunicación, que se acercaron como hienas famélicas a la historia y la destrozaron a gusto, tomó niveles épicos. Hubo concilios y acalorados debates malinterpretando profecías de todos los libros sagrados habidos y por haber (biblia, corán, torá y un largo etcétera). Hasta la cienciología quiso aprovechar el envión para posicionarse y enviaron a los mismísimos Tom Cruise y John Travolta para convencer a la chica fluo de que ella era el más perfecto espécimen de la humanidad, y que por ello podían confiarle los secretos de Xenu y convertirla en una de los suyos. El padre de la chica flúo (sociólogo con ideas anarquistas revolucionarias) no tuvo ningún prurito en echar literalmente a patadas a los consternados acólitos, que volvieron a sus casas en suntuosas limousines, rumiando una derrota que les resultaba incomprensible.

La chica flúo (o mujerluz) no sabía qué hacer con tanta trascendencia. En los momentos de más conflicto, se encerraba en su habitación, bajaba las persianas, apagaba las luces y se sentaba en la cama, justo en el medio, equidistante de todos los límites del colchón. Se cruzaba de piernas y se miraba brillar. Se recorría el cuerpo sintiendo la energía que le daba su defecto (porque a esas alturas lo veía como una maldición) pensando en lo hermoso que era y en lo triste que le parecía tener que encontrar la forma de curarse para salvar a su familia de la voragine y la locura que los rodeaba. Se quedaba allí hasta que dejaba de brillar y recién ahí lloraba con tanta desazón que si alguien la hubiera visto no habría podido evitar unirse al llanto.

Un día, todo cayó en el olvido y la chica fluo pudo retomar sus rutinas. Y una noche, no mucho tiempo después, apagó la luz y no brilló. Asustada, prendió y apagó e interruptor varias veces, hasta que concluyó que al fin se había transformado en una persona como cualquier otra.

Ahora es cajera en una cadena de supermercados y estudia administración de empresas sin entusiasmo ni vocación. Está tan triste que a veces se emborracha y le cuenta a cualquiera quién fue. Pero nadie le cree, la tratan de loca y se alejan de ella con temor y lástima, pensando en que están todos locos y aliviándose en su supuesta normalidad, que los salva de semejantes papelones.

 

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  1. #1 por catartik el febrero 27, 2011 - 12:03

    Gabi, esa capacidad que tenés de transmitir coloquialmente ideas o sensaciones profundas, como acá, la luz que emana una persona, los inconvenientes de ese destello, el apagón normalizando y entristeciendo a la vez… ay… qué te voy a decir, brujilda? hermoso

    • #2 por g. el febrero 27, 2011 - 13:18

      se hace lo que se puede, no se qué tan logrado quedó, pero en fin…
      abrazo!

  2. #3 por Alan Rulf el febrero 27, 2011 - 19:06

    Me ha gustado la metáfora de la chica que brillaba por la noche. Lamentable final, deseado por ella, pero lamentable.

    Los acólitos de la cienciología me han hecho sonreír. Aún se veía la marca del zapato del padre de la chica en sus pantalones.

    Saludos.

    • #4 por g. el febrero 27, 2011 - 19:11

      creo que los acólitos de la cienciología mueven a risa a todos, salvo a ellos mismos.
      abrazo,

  3. #5 por Vi el febrero 27, 2011 - 20:43

    Que tema el de la luz. Brillar o no. No pudimos saber para todo lo que estaba lista la mujer flúo, y ella no se animó, o no pudo (quizás si renuncia al super?)
    Y todos los que ayudaron para que eso suceda! Siempre los mismos, eh! Al menos no lograron mostrarla como un milagro, para que a nadie se le ocurra que era una mujer común y corriente y se les ocurra imitarla (como a los próceres, bah, que se los pone en un lugar taaaaan lejano que uno no puede sino mirarlos desde abajo)
    Yo igual guardo esperanzas de que esa lucecita siga prendida, y un día de estos nos sorprenda. Me gusta pensar que se resguardó para surgir con más fuerza.
    Muy buena la idea, g.
    Abrazo

    • #6 por g. el febrero 27, 2011 - 20:45

      ojala que asi como un dia se apago, se vuelva a encender. yo creo que brillar debe dar un poco de miedo. pero anda a saber, no?
      abrazo!

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