dolores.

Me duele una muela. Me hice un tratamiento de conducto y creo que algún nervio quedó vivo, porque cuando me descuido y la rozo con la de abajo me sacuden pinchazos de dolor. Me resisto a ir al dentista aunque empiezo a convencerme de que no tendré más remedio si la cosa sigue así. Lo comento elevando la voz sobre los paneles del box en el que paso el 50% de mi semana. Desde la otra punta del pasillo abarrotado de divisiones de durlock oigo a Amanda.

–          AYayaymi cabeza, mi cabeeeeza.

Amanda es una vieja mala, una hija de puta. Esas minas que se han quedado solas en la vida porque sus hijos decidieron irse lejos al comprobar que estar cerca de ellas sólo les produciría conflictos y sufrimiento innecesarios. Amanda pasa los días en busca de coincidencias que le permitan conversar al lado del dispenser de agua, y no se da cuenta (o finge no hacerlo) de que cuando ella llega al dispenser los que están allí se evaporan.

Hemos llegado a pensar que Amanda es en realidad una trampa del gerente, una especie de rompehuelgas minorista, que con su sola presencia desintegra cualquier posibilidad de comunicación entre el resto de los miembros de “su equipo”, como a él le gusta llamarnos cada vez que se dirige a nosotros pese a nuestras miradas hostiles. Amanda llega primera y se va última, como si lo más divertido que le pasara en el día fuese estar allí entre esas cuatro paredes blanco tiza, bajo esos tubos fluorescentes que yo estoy segura que dan cáncer.

Y a Amanda le duele la cabeza.

Trato de retomar el hilo acerca de mi muela pero el “ayayay” que se oye de fondo me lo impide. Cada vez que empiezo a hablar, ella dice algo como “es del lado donde una vez me caí, puede ser una embolia”, o “es como un latido, bu-bum, bu-bum, bu-bum, bu-bum”. Y con el bu bum de fondo que se impone al tacatacataca de los teclados, yo trato de redondear la idea, a ver si alguno me puede decir una palabra de consuelo o darme algún pretexto que me tranquilice y me impida pensar en que tendrán que volver a meterme un torno en la boca para solucionar un problema que no estaba allí antes de que me metieran un torno en la boca. Mientras tanto pienso que no hay manera de que un dolor de cabeza sea tan terrible como un nervio que debería estar muerto y no lo está.

Alguien (creo que Federico) se apiada o se cansa y le ofrece un analgésico, pero Amanda es alérgica y lo rechaza. Oigo una silla que se desplaza hacia atrás y escucho unos pasitos que reconozco mientras se acercan por el pasillo. Su voz no tarda en sonar a mis espaldas.

–     ¿A vos te gusta la obra social?

Le digo, sin levantar la vista del teclado, que éste tal vez no sea el mejor momento para hacerme esa pregunta, porque estoy dolorida y mi opinión puede verse influenciada por ello. Hubiera sido mucho más fácil contestar que sí. Pero estoy enojada con Amanda por haber interrumpido mi queja y mi dolor auténtico por uno que estoy segura que es inventado. Es que Amanda está loca. En el fondo, no la mando a la mierda porque me da miedo que el día que decida matarnos a todos yo caiga primera por haber disparado su ira. Me da miedo que ese día entre y se me venga al humo a mí primera, que no podré esconderme y huir mientras ella liquida a algún otro compañero.

–          No – continúa – porque yo fui a la guardia una vez que me dolía el estómago, ¿y sabés qué me dijo el médico? Que eran gases. Me mandó a casa y no me dio nada de tomar. No sabés la noche que pasé.

Escucho el movimiento de la silla frente a la mía, detrás del panel que tengo cubierto con imágenes de vacaciones, familia y amigos. Me imagino a Soledad que se asoma por los costados y mira a Laura de un lado y a Alejo del otro. Casi los veo mientras los tres se ríen en silencio de lo que me pasa.

Le explico a Amanda (con la mayor amabilidad posible por el temor a volverme su objetivo a masacrar) que estoy terminando algo muy importante, que necesito concentrarme, que me disculpe.

–          Claro, claro.

Se aleja por el pasillo, una oleada de dolor me sube desde la encía hasta el ojo que cierro como si tuviera un tic nervioso. Los pasos se detienen y oigo el giro 180 grados, previo a que los pasos vuelvan a acercarse a mi box.

–          Sabés qué, querida, yo voy a hacer una carta, apenas se me pase este dolor de cabeza, exigiéndole a Sergio que nos mejore el plan de la obra social. Le voy a contar lo de los gases y esto que te pasó a vos, después la firmamos las dos y yo se la entrego, ¿te parece?

Quiero decirle que Sergio no puede mejorarnos nada. Primero porque no quiere, segundo porque Sergio es el forro de seis tipos que están encima de él y que con nosotros puede dárselas de gerente, pero todos menos ella sabemos que en realidad es el lameculos de cualquiera que tenga una oficina medio metro más grande que la suya.

Miro a Amanda que se agarra la cabeza como si tuviera miedo de que se le fuera a escapar materia gris por alguna parte, un pinchazo me sacude la boca y sube hasta la sien. Amanda dice algo más pero no la entiendo, asiento y giro mi silla dando por terminada la conversación. Ahora sí, Amanda vuelve a su escritorio. Por el camino repite “bu-bum” y comenta como al pasar que está un poco mareada y que está segura de que el botiquín de primeros auxilios no tiene los implementos para curarla si se cae desmayada y se parte la frente. El tecleo de los otros dieciocho empleados me rebota en la cabeza, como música de fondo de los quejidos de Amanda. Vuelvo a mis planillas. Mientras trato de controlar el dolor, me pregunto por cuánto podrá conseguirse una ametralladora en el mercado negro.

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  1. #1 por MX el mayo 11, 2011 - 12:31

    Serás lo que debas ser o serás oficinista. El dolor siempre es fuente de inspiración, aunque sea chiquito como el de una muela (no por eso menos terrible), y nos hace encontrar buenas historias. Andá al dentista! (o no, aprovechá la infección para seguir escribiendo post redonditos como este).

    • #2 por g. el mayo 11, 2011 - 12:32

      se, se, chiquito p vos q no lo sufris, pf.
      beso.

  2. #3 por catartik el mayo 11, 2011 - 14:24

    eh! coincido con el chino, redondísimo (esperaba que la chabona sacara la ametralladora de la cartera en realidad, y terminara con amanda raudamente), y sí, vas atner que ir al dentista, esos enviados de satán sin los que no podemos vivir… beso!

    • #4 por g. el mayo 11, 2011 - 14:34

      gracias gracias, a mi no me parece gran cosa, chicos, pero si les gusta, me alegro tantísimo.
      beso!

  3. #5 por Tatito el mayo 11, 2011 - 14:43

    Se siente el dolor querida. Aunque me imaginé que el post seguía y te acercabas a ella por detrás mientras ella estaba sentada en su box, vos con tu silla en lo alto y se la bajabas con fuerza en la nuca, así seguro dejaba de quejarse de su dudoso dolor de cabeza y (sino caía inconsciente) se podía quejar de un dolor de verdad…

    Un beso y andá al dentista, vos podés vecer ese miedo.

    Javier.-

    • #6 por g. el mayo 11, 2011 - 14:44

      veo q amanda les ha despertado las ganas de matarla. me alegro, me alegro, se lo merece.
      prometo q si mañana sigo igual voy, no es tanto miedo como paja. me queda lejísimos.
      abrazo

  4. #7 por Vi el mayo 11, 2011 - 15:37

    Odio a las Amandas.
    No te duelas, g.
    Abrazo!

    • #8 por g. el mayo 11, 2011 - 15:38

      SEEE, malditas amandas.
      abrazo!

  5. #9 por GUS el mayo 11, 2011 - 16:54

    Por Dios, que no suene machista porque es cierto, pero…Amanda tiene un solo problema en su vida.
    No tiene sexo.
    Salutte!

    • #10 por g. el mayo 13, 2011 - 1:28

      seguro que ese es su problema más importante.
      abrazo!

  6. #11 por micromios el mayo 12, 2011 - 2:46

    Parece que el modelo Amanda es universal. Yo tambien tengo uno por ahí. Lo que no había pensado es que es una disuasora de convocar conflictos laborales jeje.
    Cuidate la muela.
    Salut

    • #12 por g. el mayo 13, 2011 - 1:07

      habrá que observarla con cuidado, maldita rompehuelgas!
      abrazo

  7. #13 por Alan Rulf el mayo 12, 2011 - 18:10

    He sufrido dolor de muelas varias veces, y es de lo peor que te podía pasar. Mi consejo, déjate de miedos tontos y ve al dentista cuanto antes.

    Y a Amanda, mucha tila. Aunque tú sigas necesitando mucha paciencia.

    Saludos.

    • #14 por g. el mayo 13, 2011 - 1:09

      al menos lo de la muela se solucionó, lo de amanda, hay cosas con las que hay que lidiar más tiempo que con un dolor de muelas.
      abrazo

  8. #15 por Juan Sebastián Olivieri el mayo 16, 2011 - 14:25

    Tus quejas ficcionadas me seducen mucho más que tus críticas concretas.

    Me gustó mucho. (Igual me quedan ciertas ganas de que le busques una vuelta más para cerrarlo, ¿pero quién soy yo para opinar, no?)

    • #16 por g. el mayo 18, 2011 - 10:51

      vale la opinión. a veces me pasa q el texto me cansa y digo “mah si, sale asi”.
      a mi tb me gustan mas mis quejas ficcionadas. las criticas concretas siempre me salen agresivas y mala onda, je.
      abrazo!

  9. #17 por Gabi el mayo 19, 2011 - 9:31

    Ahora que leo esto recuerdo cuando trabajaba en una agencia encubierta de colocación de Amandas. Las Amandas se contratan con distintos fines, pero estos siempre son espurios y secretos. Luchemos contra ellas! Un saludito!

    • #18 por g. el mayo 19, 2011 - 17:34

      si, luchemos. yo por mi parte les doy la menor bola posible.
      abrazo!

  10. #19 por blopas el mayo 22, 2011 - 0:00

    Somos varios los que conocemos o hemos conocido distintas Amandas en diferentes lugares del mundo. Yo, por ejemplo, hace unos años cuando trabajaba en la Secretaría de Agricultura, fuente de todo tipo del alimañas y personajes marginales a los que les pagamos el sueldo para nada. La tuya me hizo acordar (por asociación, no porque se vaya a parecer) a ese ser terrorífico que describe Lovecraft en “At the mountains of Madness”. Ese que recorría los laberínticos corredores de la ciudad subterránea debajo del casquete de hielo en el polo sur, y que a medida que se desplazaba iba diciendo “Tekeli-li – Tekeli-li”. Algo muy parecido al bu-bum, bu-bum.
    Tardé tanto en leer este post que descuento que ya está solucionado el tema del molar.
    Saluti!

    • #20 por g. el mayo 22, 2011 - 12:53

      si señor, está solucionado, gracias.
      te digo que la amanda en la que me inspiré tiene un cierto aire al personaje de lovecraft que me contás. tengo que leer más lovecraft, siempre siento q no lo leí lo suficiente.
      abrazo blopas,

  11. #21 por Gonzalo Viñao el mayo 22, 2011 - 13:37

    uno de los mejores del blog!!!

    • #22 por g. el mayo 22, 2011 - 13:40

      te parece? naaaah.
      abrazo.

  12. #23 por Concha Huerta el mayo 23, 2011 - 5:29

    Llego tarde, disculpa. Me gusto esta imagen de una escena cotidiano empañada por el dolor de una muela, sin duda el peor dolor que puede tenerse. Y esa otra quejandose de un simple dolor de cabeza la muy… Un saludo

    • #24 por g. el mayo 26, 2011 - 8:55

      horrible concha, se siente como un dolor insoportable. por eso nuestra pobre protagonista esta tan cerca de convertirse en esos locos que colapsan.
      abrazo!

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