martín.

Tengo un hermano al que no veo desde hace veinte años. Se fue de casa a los dieciocho, después de una grandísima pelea con mi papá, que nunca se recuperó y que cuando murió, siete años después, no paraba de repetir que por favor le dijéramos a Martín que lo perdonaba a pesar de todo lo que había sucedido.

Martín dibujaba. Mucho. Dibujaba con carbonilla. Nunca fue a aprender, dibujaba después de dormir. Se despertaba y dibujaba sus sueños. Creía que de esa forma podría desentrañarlos, revelar alguna verdad en ellos que se le escapaba porque no los podía descifrar. Su habitación estaba empapelada de esas ilustraciones que colgaba en las paredes como un obseso, una encima de otra cuando el espacio le quedó chico.

Los dibujos eran terribles. No terribles por malos, al contrario, eran terribles por lo que contaban, por lo que Martín dibujaba para explicarse sus sueños. Martín solía despertar muy temprano. Tomaba el lapiz y una hoja y se tiraba en el suelo en posición dorsal, medio dormido todavía, como poseído, como en éxtasis. No salía de su habitación hasta que el sol no entraba por la ventana, cuando parecía que se le desinflaban las ganas y abandonaba los papeles y los sueños por el mundo real. Así todos los días.

Dibujaba monstruos devorando universos, hombres y mujeres desnudos cojiendo o destripándose (o ambas a la vez), orgías en castillos helados o en países lejanos, gatos con cabezas de perros entre las fauces ensangrentadas, niñas sonrientes y sangrantes con vestidos blancos colgando del techo boca abajo. Me los mostraba a mí en secreto, porque sabía que mis padres no aprobaban que yo los viera. Él siempre decía que yo era la más inteligente y la mejor de todos y que podría entender y no asustarme. Tenía razón, no me daban miedo los dibujos: yo era parte de la vida de mi hermano y eso me hacía sentir importante.

Hay uno que no me puedo sacar de la cabeza: un hombre con los ojos en blanco y una escafandra. Sonríe y le faltan algunos dientes. De su boca salen burbujas y la escafandra está llena de agua. Un pez le pasa por delante de la nariz. Cada vez que en estos veinte años me sentí sobrepasada y débil, me vino a la cabeza esa imagen. No tengo idea de por qué y la verdad es que tampoco me lo pregunto tanto como quizás debiera.

La mañana de la pelea con papá (aunque llamarla así suena un poco inexacto), estábamos en la cocina. Mamá nos hacía el desayuno, Martín me tiraba del pelo y yo le sacaba la mano. Jugábamos así, el me molestaba, yo hacía como que me molestaba pero en realidad no. Yo adoraba a mi hermano. Lo adoro todavía, ¿qué culpa tuvo él de tener esa inclinación a traducir lo que no se nombra?

A propósito: nunca supe si lo que provocó la pelea fue verdad o no. A veces los sueños son la forma que tenemos de saber cosas, aquellas que por pudor o por miedo a la locura no nos decimos despiertos. A veces son sólo mensajes en una botella. En fin, la cuestión es que mamá y yo nunca hablamos del tema, primero porque yo era demasiado chica cuando pasó lo que pasó (tenía diez años) y después porque llegué a la conclusión de que daba lo mismo que el dibujo que papá encontró ese día fuera o no basado en un hecho real.

Cuando papá entró a la cocina estaba lívido. En sus manos traía el papel. Se quedó parado en el umbral hasta que todos hicimos silencio y recién entonces mostró el dibujo: en él mamá estaba chupando una verga enorme. Detrás de la verga estaba mi padrino.

Mamá me tapó los ojos. Intenté sacarle las manos de la cara y mientras luchaba contra esas garras frías en que se habían convertido las manos siempre cálidas de mi madre podía escuchar los golpes y a mamá que le gritaba a mi padre que por favor parara.

Lo peor eran los golpes. Secos y constantes, paf paf paf. Mamá lloraba y yo llamaba a Martín a ciegas. Pero Martín no dijo nada. Cuando papá dejó de gritar y sólo se oían los sollozos de mamá, escuché los pasos de mi hermano subiendo las escaleras. Mamá me sacó las manos de la cara y se arrojó contra la mesada. Mi papá hizo un bollo con el papel, lo deshizo, lo rompió en pedazos, tomó un fósforo de la cajita y lo encendió. Lo arrojó a la pileta donde había un par de platos sin lavar y lo miró arder. Luego subió las escaleras y mi mamá lo siguió tomándole el doblez del pantalón, asustada quizás porque creyó que seguiría pegándole a mi hermano.

Yo me tapé los oídos. No quería volver a escuchar los golpes, así que me metí debajo de la mesa y me tapé los oídos. Al rato – no sé cuánto tiempo más tarde – sentí vibrar la escalera con los pasos inconfundibles de papá.

Sus pies frente a la pileta. El ruido de papeles y el olor a fósforo. Me empezaron a arder los ojos por el humo. Me escapé gateando hacia el comedor. Me hice un bollo en el sillón, metí la cabeza adentro de los brazos y las piernas. Al rato mamá me tocó el hombro, me dijo que era hora de ir al colegio. Ella tenía los ojos hinchados, la cara roja. No pude evitar ponerme a llorar. Mamá me abrazó, me secó las lágrimas y me mandó a buscar la mochila.

Cuando volví del colegio, Martín ya no estaba. Fue inútil preguntar. Papá estaba sentado en la cabecera de la mesa, la mirada fija hacia la pared. Mamá preparaba el almuerzo.

Me senté al lado de papá con la cabeza gacha. Mamá sirvió un puré con hamburguesas y se sentó. Antes de empezar a comer, papá me acarició la cabeza.

–          Algún día, hijita, vas a poder entender todo lo que pasó.

Almorzamos en silencio durante los siete años siguientes.

Anuncios

, , , ,

  1. #1 por pau el mayo 29, 2011 - 16:53

    Creo que hay gente que pudo comprender el concepto de “blog” que, a mi criterio, ya se convirtió en un género, sin dejar de hacer cosas fantásticas al nivel de otros géneros anteriores.
    Son pocos. Vos sos una.

    Un abrazo Gabo.

    • #2 por g. el mayo 29, 2011 - 16:54

      (colorada)
      abrazo de oso,

  2. #3 por Alan Rulf el mayo 29, 2011 - 19:27

    Esta entrada me ha encantado, y su última frase, más aún,

    Espero que no esté basada en hechos reales. Me temo que sí.

    Abrazo de oso, ¿no?

    • #4 por g. el mayo 29, 2011 - 19:31

      me alegro, alan de que te haya gustado. siempre hay algo cierto y algo que no lo es en los relatos de este blog (escribimos lo que somos, lo que canalizamos). escribir es como ponerse un disfraz para contar algo que vaya uno a saber qué esconde debajo. en fin, para eso escribo yo, aunque como martín con sus dibujos no tenga idea de algunos mensajes secretos que estoy diciendo en las historias.
      abrazo de oso (blanco), por supuesto que sí.

  3. #5 por María el mayo 29, 2011 - 20:00

    Buena historia y buenas historias nena! Te sigo siguiendo, besote!

    • #6 por g. el mayo 29, 2011 - 20:03

      gracias querida, abrazo!

  4. #7 por Andy el mayo 29, 2011 - 20:38

    Clap clap clap!!!

    • #8 por g. el mayo 30, 2011 - 0:00

      cha gracia.
      salute!

  5. #9 por Vi el mayo 29, 2011 - 20:47

    Creo que te lo dije ya, estas historias desoladas te quedan muy muy bien. El hombre con los ojos en blanco y la escafandra, me remiten al pobre Martín. Ese perturbador silencio de siete años es un gran final. O un gran principio de quien sabe qué.
    Muy bueno, g.! Disfruté mucho leyéndolo.
    Abrazo

    • #10 por g. el mayo 30, 2011 - 0:01

      me alegro vi! tomó unos días darle forma, está bueno que les guste el resultado.
      abrazo!

  6. #11 por Ricardo el mayo 30, 2011 - 15:13

    Una historia que golpea, brillantemente relatada.
    Me hubiera gustado que respondieras que no al que te preguntó si estaba basada en hechos reales -supongo que para bajar la ansiedad que genera- pero me parece muy bien la respuesta.

    Un gusto.

    • #12 por g. el mayo 30, 2011 - 17:44

      gracias ricardo! en cuanto al misterio de qué tan real es la historia, me remito al comentario que sigue a éste, el de Gonzalo.
      abrazo,

  7. #13 por Gonzalo Viñao el mayo 30, 2011 - 17:41

    Genial, lejos lo mejor que subiste al blog!!!

    (y eso de “basado en una historia real”: a mi me parece que ni se pregunta, ni se constesta)

    me gusta cada vez más como escribís!!!

    • #14 por g. el mayo 30, 2011 - 17:47

      jeje. se agradece, don zalo, su opinión es muy valorada por mí, ya que admiro mucho su criterio (y su talento). a mi tb me gusta cada vez más como escribo, pero lejos está de convencerme del todo, sigo en busca de esa historia perfectamente contada que con suerte y viento a favor no voy a encontrar nunca (siendo como soy socia del club de los perdedores).
      abrazo de gol,

  8. #15 por @fvidiella el mayo 30, 2011 - 23:04

    y tu padrino ligo paliza también?

  9. #16 por blopas el mayo 31, 2011 - 1:03

    Coincido con Gonzalo, al menos hasta donde he leído. La madre guarda silencio también, supongo, escudada en los quehaceres domésticos. Siete años de silencio hubo, tras los cuales el padre sólo parece haber perdonado al hijo. Lo que me intriga mucho es la historia de la madre durante los 13 años siguientes al fallecimiento del esposo. Cuánto habrá sufrido su alma, cuántas culpas. Pagaría por conocer un solo diálogo entre madre e hija, si es que lo hubo.
    Felicitaciones!

    • #17 por g. el mayo 31, 2011 - 9:54

      yo también quisiera saber como fueron esos 13 años siguientes, aunque dudo que hayan sido muy diferentes a los anteriores. hay esqueletos que pesan demasiado como para desarmarlos.
      gracias por leer, estimado, como siempre.

  10. #18 por catartik el mayo 31, 2011 - 1:28

    mi halago es: qué tremenda hija de puta. este cuento es sencillamente genial. te admiro, gabi, y encima, te adoro.

    • #19 por g. el mayo 31, 2011 - 9:55

      gracias corazón. los sentimientos (ambos) son mutuos.
      abrazo!

  11. #20 por Juan Sebastián Olivieri el junio 1, 2011 - 12:40

    “…a mi tb me gusta cada vez más como escribo, pero lejos está de convencerme del todo, sigo en busca de esa historia perfectamente contada que con suerte y viento a favor no voy a encontrar nunca (siendo como soy socia del club de los perdedores)…”

    Yo te voy a leer siempre. Siempre que sigas en busca de la historia.
    Eso sí, el día que la encuentres, no te leo más.

    ¡Genia!

    • #21 por g. el junio 2, 2011 - 0:48

      gracias juan, difícil dejar de buscar, y difícil que la encuentre, por suerte.
      abrazo,

A %d blogueros les gusta esto: