meseta.

Entonces está la meseta y estás vos. El momento en que percibís la meseta todo el tramo anterior te parece una geografía escarpada que acaba de cambiar. Es una especie de revelación que te llega de golpe, posiblemente un domingo mientras tomás mate y mirás el balcón que se pone amarillo por el sol y te das cuenta de que la sensación que te gana el cuerpo es que de ahora en más todos los días son iguales.

La meseta puede ser una llanura verde o el sahara, da lo mismo, lo que desespera es su falta de accidente. Y te la creés, te creés que en realidad de acá en más lo único que podés hacer es andar por la meseta hasta el precipicio y una vez que llegues a él te tirás y listo se acabó gracias por todo quiero dedicar estos últimos minutos de mi vida a mis sponsors que me apoyaron con tanta amabilidad y afecto, sí señor, mis sponsors, por qué no, que las relaciones comerciales pueden tornarse afectivas y ahí está el secreto de la felicidad, decís mientras sonreís y saludás en cámara lenta y te sentís Bob Fosse.

Te aparece un agujero en el pecho, en algún lugar medio indefinible que si lo querés explicar tu mano da vueltas y vueltas y vos decís “acá”, pero no podés ubicar exactamente que es acá ni para qué serviría saberlo. La meseta y después quien sabe, que uno no tiene todas las respuestas y solo puede – o debería – hablar de lo que más o menos conoce o más o menos pudo elaborar, pero eso no sucede y por eso el mundo está contaminado de sonidos. El gran problema sonoro para nuestra especie no son las turbinas o los motores: son las palabras al pedo que nos podíamos haber ahorrado si lo hubiésemos pensado un poco más. Pero no podés pensar, te lo impide la idea instalada de decir lo que crees como si eso fuera la verdad.

Y así algunos ante la meseta se ponen a tener hijos, otros quieren un monumento, algunos se compran un descapotable, otros se operan el culo y otros se hacen socios de un club de fans. Porque se trata de dar sentido, como si esa fuera la solución para no amargarse demasiado.

Como si sirviera.

No pensar. Encogerte. Quedarte sentado, mirar para otro lado, hacerte el distraído, esconder el número que te tocó, que esta vez no es a vos, no es a vos. Mientras esperás cruzás los dedos para que te pase ALGO, una boludez, la más mínima boludez que te permita preguntarte “por qué yo, por qué a mí, qué hice para merecer este infierno” y en el fondo sabés que el infierno es mejor que la meseta, al menos te arde y te sentís vivo.

Cumplís años por décadas y los festejás, los pasos hacia la tumba, golpeás la copa con un tenedor, te aclarás la garganta y “Yo siempre supe que iba a llegar a este momento, ya de chiquito soñaba con (complete aquí con lo que más le sirva para tapar el hueco)”. Cuando en realidad la frase, la frase real que buscás y no te sale cuando chasqueás los dedos es “yo siempre supe que iba a llegar este momento, ya de chiquito soñaba con MORIR COMO UN PERRO como hicieron otros grandes, como Napoleón que se revolcó de dolor hasta el último día de su existencia pero eso sí, un continente conquistó casi eh, qué grande, chin chin, salud”. Y gracias por venir, como decía cierto cantante que hoy no dice nada pero al cual aún no se puede homenajear porque flota en las nebulosas del coma.

Pero la meseta no es meseta. Vos confiás en tus ojos y tus ojos te engañan: está llena de depresiones que no vas a ver hasta que no estés hundido en ellas hasta el fondo, y eso – ese camino hacia arriba que vas a tener que emprender cada vez que caigas – es lo más cercano a subir a la cima que vas a estar. Pero no te alarmes, no te pongas triste. No tiene remedio. Hasta el pico del Himalaya es llano cuando llegaste a él y después sólo podés ir en bajada.

Simplemente caminá. Para adelante, que atrás no hay nada.

Y cerrá la puerta cuando salgas, que entra chiflete.

Anuncios

, , ,

  1. #1 por Juan Sebastián Olivieri el junio 10, 2011 - 10:14

    Un empujón de atrás y sorpresivo. Para desestabilizarte un poco, y para que te pase algo. Algo que te espante la depre y te devuelva esa ficción que escribís tan bien.
    Igual me gusta.

    • #2 por g. el junio 11, 2011 - 14:20

      jeje, gracias juan sebastian, no es depre, no es depre, es transmisión, no llega a ser depre porque por suerte la puedo escribir.
      abrazo,

  2. #3 por catartik el junio 10, 2011 - 10:25

    ajá, caminá que para atrás no hay nada.
    profundo, doloroso. igual, a veces extraño las mesetas, tanto subibaja es cansador, eh?
    abrazos de lobomarino!

    • #4 por g. el junio 11, 2011 - 14:19

      se, es cansador, pero te digo que menos mal que está el subibaja. aunq canse.
      beso!

  3. #5 por micromios el junio 11, 2011 - 4:53

    “Caminate no hay camino, se hace camino al andar…” dijo el poeta.
    Extraña y sugerente reflexión.
    Salut

    • #6 por g. el junio 11, 2011 - 14:13

      y ése poeta sabía de lo que hablaba, eh.
      abrazo,

  4. #7 por acidcaramelo el junio 11, 2011 - 5:19

    ” Cuando en realidad la frase, la frase real que buscás y no te sale cuando chasqueás los dedos es “yo siempre supe que iba a llegar este momento, ya de chiquito soñaba con MORIR COMO UN PERRO…”

    Es curioso, en una charla hace poco, un amigo me dijo: “Estoy en una meseta”. Y la imagen fue tan clara, que no me tuvo que explicar las razones.
    Ahora vos las exponés de manera fantástica, como siempre.

    • #8 por g. el junio 11, 2011 - 14:15

      es terrrrrible la meseta, terrrrrrible. por eso hay que tomarlo con calma, respirar y andarla nomás.
      abrazo!

  5. #9 por María el junio 11, 2011 - 15:39

    Cuando estamos en la meseta, que estamos varados en un llano que es puro horizonte que nunca se alcanza; cuando estamos en las cataratas, que te ahogan, te hunden, te sacan a flote y te llevan a donde quieren… no hay nada que nos venga bien jajjaa! Pero así es la vida! Besito Ga! Un placer leerte como siempre…

    • #10 por g. el junio 11, 2011 - 15:41

      y cuando estamos al borde del precipicio, que el vértigo. y sí, así es la vida (menos mal)
      gracias blan, abrazo!

  6. #11 por annefatosme el junio 12, 2011 - 18:05

    Me encanta tu manera de expresar sentimientos tan hondos de forma tan coloquial, un dialogo con el lector. La atmósfera de tu relato me recuerda a la del Desierto de los tártaros de Buzatti. Al fin que el relato de vos me parece realmente bueno.
    Un abrazo,

    • #12 por g. el junio 12, 2011 - 18:07

      gracias anne! no lei el desierto de los tartaros, tendré que verlo para ver si encuentro las reminiscencias. a mí también me gusta el relato en segunda persona, a veces sirve para canalizar todas las preguntas sin respuesta que tengo.
      abrazo,

  7. #13 por blopas el junio 14, 2011 - 12:50

    La meseta es una forma de negar que lo único que existe, desde que nacemos, es una barranca abajo.
    Salute y felicitaciones!

    • #14 por g. el junio 16, 2011 - 23:05

      como el tango! tiene razón, como siempre, estimado, usté que la sabe lunga.
      abrazo!

A %d blogueros les gusta esto: