día de cobro.

El Pulpo tiene días en que se despierta y no se acuerda de que la Pochi ya no está.

Abre los ojos, bosteza, estira la mano y la cama vacía lo hace pensar que su mujer debe estar en el baño o en la cocina. La realidad lo golpea siempre peor esas mañanas. Empapa la almohada de lágrimas y ese líquido claro que sale por la nariz cuando el llanto es desconsolado. El Pulpo se odia en esos ataques, porque es de la vieja escuela. La que dice que los hombres no deben llorar.

Pero el Pulpo llora hasta que no puede más. Hasta que el perro – un chucho sin nombre que encontró mojado y tembloroso en la puerta de su casa, una tarde de lluvia – le tironea la ropa de cama, desesperado por su vuelta.

Las mañanas en las que sí recuerda son más tolerables. Se levanta, se lava la cara, se hace un mate. Saca al perro. Cuando vuelven, el perro se acomoda sobre un sillón del que se apropió y el Pulpo enciende la radio y deja pasar el día.

El Pulpo no siempre fue así. La muerte de Pochi lo convirtió en este fantasma. Pochi, su Pochi, que durante casi veinte años lo mantuvo alejado de los problemas que se supo buscar hasta el día en que decidió dejarlo todo por una mujer. Una mujer, quién lo hubiera dicho, repetía el Pulpo a quien quisiera escucharlo, en las tardecitas de vino y amigos en el Club Italiani Uniti, antes de que ella se agarrara el cáncer fulminante que la liquidó en un mes y medio.

A veces lo vienen a buscar los amigos, encorvados como él. “Los muchachos” se dicen entre ellos, ahuyentando con esas dos palabras las décadas, los achaques, el dolor del cuerpo y la cercanía de la parca: como si las palabras fueran un conjuro. Pero el Pulpo ya no está para ir al club. No tiene ganas de volver a la casa vacía y sola, le recuerda demasiado a antes, cuando llegaba y la Pochi lo estaba esperando con mate caliente o tereré según la estación del año.

Ahora ni los deja pasar a los muchachos. Los atiende en la puerta, con el chucho a los pies, mirándolos silencioso y desconfiado. Todas las tardes el mismo ritual: el timbre, los saludos, la conversación de cinco minutos, negativas e insistencias, promesas de ir la próxima, la puerta que se cierra, el perro que mira al Pulpo, el Pulpo que le palmea la cabeza y la caminata de ambos con paso lento a la cocina, donde los conductores de AM relatan la vuelta a casa.

El Pulpo sabe que solo resta aguardar la muerte, está resignado y no entiende por qué se demora tanto la muy turra. Piensa que se está vengando, que la tuvo tan cerca en tantas oportunidades y coqueteó tanto con ella que ahora ella se hace esperar, se acicala, lo mira llamarla y no llega sólo para hacerlo sufrir lo que ella ha sufrido en los años mozos del Pulpo, cuando era un ejemplar que valía la pena llevarse.

Una tarde, después de cerrar la puerta, mientras los otros se alejan vencidos, el Pulpo se queda parado picaporte en mano. El perro, que ha arrancado a caminar por reflejo, se detiene y gira la cabeza con las orejas irregulares levantadas. Se acerca a su dueño. El Pulpo lo acaricia distraído.

Esa noche el Pulpo no duerme. Da vueltas en la cama, madura la idea. Cuando empieza a clarear, se levanta, se viste, saca al perro. Está y no está en las acciones que realiza de memoria. Su cabeza se asienta en el pasado, en antes de Pochi – por primera vez en muchos meses Pochi ha pasado a segundo plano, su ausencia ahora es apenas un pinchazo en el medio del pecho -. Piensa y repiensa en las épocas en las que creía que la vida era el juego constante de perderla.

Es día de cobro. El Pulpo se lava la cara, se moja el pelo, abundante pese a los años, lo tira para atrás. Se pone la boina y la bufanda, el saco de lana – el gris, el último que Pochi le tejió –, va hacia el cajón, se pone la Smith & Wesson en un bolsillo y el documento en otro. Vuelve a ser el Pulpo, el célebre Pulpo, y va en busca de su último titular en la edición matutina. Cuando entra al banco, está dispuesto a atrapar, por fin, a la muerte.

La tarde siguiente, en el club, tres viejos amigos se acomodan en la mesa de siempre, más silenciosos que lo habitual. La música en la radio suena como si nada hubiera pasado. El diario descansa en medio de la mesa, con las noticias cotidianas: elecciones, economía, la cura del sida. Y el recuadro, en el inferior, a la derecha: “viejo ladrón de bancos abatido en intento de robo”.

Los muchachos levantan las copas y brindan a la salud de Enrique Marcial Medina, el Pulpo.

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  1. #1 por Vi el junio 16, 2011 - 23:46

    Si!!!! Eso tenía ganas de leer. Genial, g., hasta me quedó la duda de cómo sería la Pochi esa, sabría en qué andaba el Pulpo? Esto está lleno de frases célebres. Esa descripción de los personajes por medio de sus actos. El perro, EL PERRO!!!. La palabra “muchachos” para ahuyentar décadas. Que te puedo decir? Que te envidio!!!!! Y que me encantó leer esto.
    Abrazo

    • #2 por g. el junio 17, 2011 - 0:23

      gracias vi, gracias por tantos halagos, lo de las frases célebres me encantó, je.
      la pochi sabía, eso te puedo decir seguro, sabía y aceptaba, y dejar el negocio por ella fue decisión del pulpo, aunque lo hablaron mucho.
      abrazo enorme,

  2. #3 por Gonzalo Viñao el junio 17, 2011 - 0:04

    aaaaaaaaaah!!! te pasás!!! qué bueno que está éste!!!

    • #4 por g. el junio 17, 2011 - 0:24

      gracias loco. tantos signos de admiración son alentadores. (!!!)
      abrazo,

  3. #5 por Alan Rulf el junio 17, 2011 - 3:49

    ¡¡¡ Chapeau !!! Te quedó redondo, de principio a fin. Me ha gustado mucho.

    Saludos.

    • #6 por g. el junio 17, 2011 - 8:46

      gracias alan!
      abrazo.

  4. #7 por Carolina el junio 17, 2011 - 18:25

    aahhh, qué lindos personajes! y la muerte, viste, siempre ahi, siempre ahi, en casi todo. me encantó, futu. besosss!

    • #8 por g. el junio 17, 2011 - 18:26

      futu! ja!
      y sí, la muerte… es como dice dolina “en definitiva el tema es la muerte, pasa que casi nadie se da cuenta” o algo así.
      abrazo, futu!

  5. #9 por María el junio 18, 2011 - 15:31

    Muy buenoooo! Qué nostalgia! Besotes!

    • #10 por g. el junio 21, 2011 - 21:23

      gracias blan, abrazo.

  6. #11 por Andy el junio 26, 2011 - 13:37

    Crudo relato. Y entrañable. Y cariñoso. Y dan ganas de balearse en un rincón, como dice el tango que mientras te leía no paraba de sonar en mi cabeza. Un lujo, bah.

    • #12 por g. el junio 26, 2011 - 13:46

      grosso, suena un poco a tango el relato, es verdad. aunque yo de tango sé poco y nada. mi viejo escuchaba mucho y a mí (joven y bruta) no me interesaba. pero se ve que algo, algo quedó-
      abrazo!

  7. #13 por Sergio Mauri el junio 26, 2011 - 14:37

    Tal vez porque me gusta leer a solas, cuando opino, lo hago de manera unánime. A veces me discuto, pero por lo general me termino ganando. Y es por eso que, en este caso, no tengo nada por lo que polemizarme. Muy buena la historia de la muerte de Enrique Medina, el Pulpo. Nada como una muerte con épica, aunque sea modesta.
    Saludos muchos!!

    • #14 por g. el junio 26, 2011 - 14:41

      bienvenido estimado!
      me alegro que te haya gustado, y sí, el hombre buscó su pequeña muerte heroíca. quien sabe, quizas en otra entrega sepamos algo mas del pulpo en sus años mozos, cuando le huía a la muerte.
      salut!

  8. #15 por micromios el junio 28, 2011 - 2:56

    Triste que la unica esperanza que quede sea irse con la muerte de compañera.
    Estupendo relato, me gustó especialmente el final. Dice todo solo con un pequeño titular.
    Salut

    • #16 por g. el junio 28, 2011 - 22:50

      gracias carme! el final se me fue apareciendo a medida que lo escribía, me pareció bien contar como el mundo vio la muerte del pulpo y cuan diferente fue en realidad.
      abrazo

  9. #17 por Matias el junio 30, 2011 - 14:12

    Genial…memocionè.
    Encima ese nombre “Enrique Medina”….homenaje al escritor de “las Tumbas”?
    Felicitaciones.

    • #18 por g. el junio 30, 2011 - 14:24

      no no, se me ocurrió nomás. vos sabés que no leí las tumbas, debería.
      salut y bienvenido!

  10. #19 por Cine Braille el septiembre 23, 2011 - 0:41

    Lo leí en Psicofango (tengo el 17). Felicitaciones.

    • #20 por g. el septiembre 23, 2011 - 0:46

      qué lindo! gracias, y gracias por tenerlo, yo estoy ancha de contenta.
      abrazo.

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