los latigazos.

uno.
No le puede explicar a su hija lo que le pasa. La nena la ve llorar y se le llenan los ojos de lágrimas. La nena tiene miedo y cómo no, si su madre es un estropajo que no puede levantarse por las mañanas sin tomar tres o cuatro pastillas de colores. La nena una vez tomó las pastillas de la madre y hubo que hacerle lavaje de estómago porque casi se muere. La madre se pasó dos días al lado de ella en la clínica privada. La familia fue y vino y saludó pero nadie ofreció ayuda. Se acuerda todos los días de esa noche y todos los días se cuida de cerrar con llave el cajón de las pastillas para que no vuelva a pasar. Se colgó una cadenita con la llave en el cuello. Como hacía de chica con la llave del candado de su diario íntimo. Pero de eso no se acuerda.

dos.
Se cala el sombrero a la altura de las cejas y abre la puerta. Hace frío y siente que se le congelan las manos y cree que debería volver y agarrar unos guantes pero ya va retrasado y está complicado con el presentismo así que mejor no. Manos a los bolsillos y puños apretados. Se quiere morir todos los días, por eso no se anima a comprar un arma.

tres.
Cincuenta años y contando, quién hubiera dicho: ella que nunca pensó más allá de los treinta. Hace veinte años que no piensa a futuro, ni siquiera con los propios hijos que ya no la visitan mucho porque no tienen mucho que decirse. Ella los entiende y les da la razón pero piensa en ellos y los extraña. Los piensa más entre las ocho y las diez de la mañana, no sabe por qué. Sobre todo los días de humedad. Hoy va a ir al cementerio un rato, para salir nomás. El aire fresco sienta bien al espíritu, se dice mientras se acomoda la bufanda.

cuatro.
Nunca le pasa nada. Repite la rutina que le enseñaron en el colegio: levantarse temprano, desayunar un café con leche con dos o tres galletitas de agua, cumplir las obligaciones, volver, mirar televisión y quejarse de que nunca le pasa nada. Eso sí: se queja para adentro. Total nadie escucha.

cinco.
La llaman loca porque se para en la plaza y cuelga harapos y bolsas en la reja, que después ofrece a la venta. Alguna vez fue maestra de primer grado pero ahora no se acuerda de cómo se escribe. Sueña por las noches. Novelas enteras que se olvida cuando se despierta y sale a ser loca a la calle.

 

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  1. #1 por Andy el agosto 27, 2011 - 16:58

    Pequeñas “ráfagas” de vidas sin vida, de gente sin mañana, de grises almas yendo a oficinas animadas….La vida, o sea. La puta vida. Gracias por estas pinceladas.

    • #2 por g. el agosto 27, 2011 - 17:00

      no, ráfagas no!
      abrazo,

  2. #3 por blopas el agosto 27, 2011 - 17:32

    Qué terrible es eso de “…y contando”. Inexorable el paso del tiempo. En el primer latigazo uno podría preguntarle para qué trajiste una hija al mundo, no? Pero también por qué no cerraste bien el cajón desde el primer momento. Terrible. Latigazos de la vida para la madre y de la madre para la hija. Los otros latigazos impactan por la soledad de esas almas. Al fin y al cabo la soledad se transforma en una compañera.
    Y con esa frase arjoneana pedorra me despido dejando una felicitación inconmensurable.
    Gracias!

    • #4 por g. el agosto 27, 2011 - 17:37

      uf, el tema de la paternidad y la maternidad y la cantidad de veces que uno se pregunta eso… es tan triste ver cuantos chicos atraviesan situaciones terribles de desamor, o de no saber qué hacer con ellos.
      gracias totales por el comentario y por la frase arjoneana, todo blog que se precie debería tener al menos una.
      abrazo de gol,

      • #5 por blopas el agosto 27, 2011 - 17:42

        Y ahora que releo comment y respuesta, leo “cerrar el cajón” y algo hizo ‘click’.
        Groso.

      • #6 por g. el agosto 27, 2011 - 17:45

        uh, grosso.

  3. #7 por catartik el agosto 27, 2011 - 23:06

    uf, sí, como dice blopas, la soledad en cada latigazo. no sé, es muy triste, me pegó por ese lado esta vez. es hermosamente triste. abrazo!

    • #8 por g. el agosto 28, 2011 - 17:49

      si, es triste,pero pasa, no?
      abrazo,

  4. #9 por Ricardo el agosto 28, 2011 - 2:07

    Uy. ¿No habian latigazos de la vida de… ehm… Natalia Oreiro?
    Digo. Porque sí, la vida puede ser una porqueria y la soledad la regla pero la felicidad tampoco puede ser un estado permanente. Ya lo dijo el filósofo asqueado Páez: es sólo una cuestión de actitud.

    Que Ari Paluch se ponga a temblar: tiene competencia.

    • #10 por g. el agosto 28, 2011 - 17:50

      ja, si, pero por eso el título, los latigazos son dolorosos y la vida esta lamentablemente lleno de ellos.
      abrazo, ricardo.

  5. #11 por Concha Huerta el agosto 28, 2011 - 7:37

    Cinco microtextos que describes vidas apagadas con mucha fuerza. Me gustaron

    • #12 por g. el agosto 28, 2011 - 17:51

      vidas apagadas, o momentos apagados de vidas.
      abrazo concha,

  6. #13 por vivianachapa el agosto 28, 2011 - 16:13

    Hay Gaby, como hija de madre empastillada, no puedo dejar de sentir algo al leer esto. Retrataste muy bien, demasiado bien, a esa gente. Lo que deseo es que no te haya pasado de cerca, no puedo negarte que se me piantó algún lagrimón, eh.
    Abrazo

    • #14 por g. el agosto 28, 2011 - 17:52

      uy, vivi, no sabía que estuviste en esa situacion. lo que hice es mas una reconstruccion de cabos sueltos que se juntan y arman esto, a veces ni yo sé por qué escribo lo que escribo (en general, te diría)
      abrazo

      • #15 por vivianachapa el agosto 28, 2011 - 18:07

        Ese es el mérito. Cuando podés escribir a cerca de algo que no te pasó y describirlo como si hubieses estado ahí. De otra forma sería una catársis.
        Me gustó mucho, mas allá de historias personales

      • #16 por g. el agosto 28, 2011 - 18:09

        sí, es que a veces es más fácil hacerlo así, exorcizando los demonios de la autorreferencia con la abstracción. al menos para mí.
        beso!

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