malamemoria.

No, no tengo buena memoria, no puedo decirle cuál es la canción que están pasando en la radio en este momento. Llamé para otra cosa. Es que yo lo conozco al conductor, ¿sabe señorita?

No, no lo conozco-conozco. No en persona. Me acabo de dar cuenta de que lo escuchaba de chico. Era amigo de la prima del tío muerto de un amigo. Sí, piénselo, son esas relaciones que uno necesita dibujar en su cabeza para entender…

Bueno, la cosa es que al conductor no lo conozco, pero mi amigo me hablaba de él. Escuchábamos su programa sentados en el sillón de la casa de mi madre. Uno al lado del otro, en silencio. Se usaba el pantalón corto, imagínese. Al principio intentábamos adivinar las canciones pero después escuchábamos nomás, porque no pegábamos una. Mi amigo insistía en escuchar el programa. A mí me gustaba escuchar con él porque siempre me contaba alguna anécdota sobre éste señor, que a él le había contado su tío muerto.

Mientras mi amigo y yo estábamos a oscuras en el sillón, yo imaginaba la voz del conductor (menos cascada que ahora, pero no le diga esto) diciendo las cosas que mi amigo contaba que decía. Aunque nunca supe si eran verdad. Mire si se iba a acordar las anécdotas ésas con tanta claridad mi amigo, que tampoco se acordaba de los nombres de las canciones. Eran lindas historias, pero ahora no podría contarle ninguna, por esto de mi pésima memoria. No puedo recordar la información cuando hace falta. Ése es el problema.

Por eso no confío me hice el hábito de anotar todo. Sé que sino me olvido las cosas, las importantes y las no tan importantes. No sabe la cantidad de veces que me olvidé llaves, documentos, hasta a mis hijos, y no sabía dónde. Me bloqueo. Es como si mi mente se pusiera en blanco o peor, como si aparecieran un montón de cosas que me impiden recordar lo que necesito recordar.

Ahora que lo pienso, no tengo idea de cómo me acordé del conductor. Seguramente fue su voz, vio que a veces uno esas cosas de la niñez, como los olores o los sabores o los sonidos, cuando vuelven lo llevan ahí de nuevo, a esos momentos. Por eso lo llamé, porque es tan poco habitual que yo… claro, exacto. Las veces que la memoria funciona hay que aprovechar. Es así.

Justamente, hablando de eso, me hace acordar de una de las pocas veces en que eso me pasó y que tiene que ver con mi amigo. Una noche él no apareció. Me puse a escuchar el programa yo solo, pero no era lo mismo. Hasta que tocaron el timbre. Era la policía. Venían a buscar a mi amigo. Lo acusaban de asesinato, puede creer la locura. Una nena. Sí. Violada y asesinada. Mi madre estaba muerta de miedo.

Y yo ahí me acordé de un vecino, uno que nos odiaba, uno que nos había pinchado no sé cuántas pelotas de fútbol. Era un hombre malo, raro, no le gustaban los chicos. Les dije eso a los policías. Miramos por la ventana con mi madre cómo se lo llevaban. Él gritaba y se resistía pero fue inútil: eran demasiados y él uno solo. Al día siguiente mi amigo vino a casa como todos los días, pero yo me olvidé de contarle lo que había pasado.

En fin, señorita, no la quiero distraer, usted está trabajando. Déjele un saludo al conductor, dígale que lo escuchaba hace muchísimos años. Y que yo conocía al sobrino del primo muerto de esa mujer que él conocía. Ah, y que pasa lindas canciones, aunque a mí la memoria no me sirva para saber cómo se llaman.

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  1. #1 por Andy el agosto 30, 2011 - 0:51

    Muy bueno, señorita… Como dice Benedetti, el olvido está lleno de memoria….Un placer pasar por aquí, como simpre.

    • #2 por g. el agosto 30, 2011 - 0:52

      algún día tengo que dejar de lado mis prejuicios sobre benedetti. entre otros prejuicios, claro.
      abrazo!

  2. #3 por blopas el agosto 30, 2011 - 9:33

    Hay tantas cosas de las que mejor no acordarse… Los niños tienen gran capacidad para percibir pero, obviamente, limitada para procesar ciertas cosas cuando les toca jugar en un mundo ‘de grandes’. Los recuerdos quedan ahí, en algún lugar. Hay veces que mejor no acordarse.
    Abrazo!
    (Ah, yo en tu lugar no dejaría de lado ciertos prejuicios…)

    • #4 por g. el agosto 31, 2011 - 15:12

      jejeje, no, hay prejuicios que están bien, es verdad.
      y sí, a veces mejor cerrar algunas puertas, que solo traen dolor.
      abrazo!

  3. #5 por vivianachapa el agosto 30, 2011 - 10:58

    Habra alguna diferencia entre olvidar y tapar? si, no? Yo voy por la memoria, siempre. Como bien cito Andy a Benedetti, porque no hay nunca olvidos casuales. Y todo esta latente, de todas formas. Obviamente luego de recordar, hay que saber archivar, ojo.
    (como los acentos que no ves aca, estan latentes, eh)
    Abrazo!

    • #6 por g. el agosto 31, 2011 - 15:13

      si hay alguna diferencia yo le desconozco. no creo en los olvido casuales, tampoco.
      abrazo!

  4. #7 por Marcelo el agosto 30, 2011 - 12:33

    Confiar en la propia memoria es ignorar cómo funciona nuestro cerebro. En todo caso, tanto los olvidos como los recuerdos son causales. Y esas causas están regidas, en primer lugar, por las leyes que gobiernan el órgano que los guarda: el cerebro.

    • #8 por g. el agosto 31, 2011 - 15:14

      eso mismo. salut.

  5. #9 por Concha Huerta el agosto 30, 2011 - 15:29

    Tu conductor-director es muy polifacético y la memoria de esta desmemoriada muy divertida.. Saludos

    • #10 por g. el agosto 31, 2011 - 15:14

      muy selectiva también, como toda memoria que se precie de tal.
      abrazo, concha.

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