el amor frustra todos los planes.

Si quiere saber cuándo pensé en el atentado, fue el cinco de enero del ’93. No pasó nada especial ese día, fue la primera vez que pude reconocer en mí el deseo de hacer volar esa embajada. Pasé por allí como todas las tardes, estaba nublado, amenazaba lluvia. En la esquina dos hombres se puteaban por un lugar para estacionar. Todo indicaba que en cualquier momento se iban a las manos. Pero no me detuve a acompañar al corro de curiosos que se agolpaban ahí, esperando ver sangre de verdad sin la mediación de la pantalla, sangre que no fuera la suya. Nunca me detengo en la calle cuando dos pelean. Odio la necesidad  de los hombres de demostrar quién la tiene más larga, es uno de los motivos por los que nunca me casé.

En fin, fue ese día, el pensamiento llegó como llegan las grandes ideas, de repente y con claridad luminosa. El primer obstáculo era no tener idea de cómo hacer un explosivo que tuviera la fuerza suficiente, más bien no saber hacer un explosivo para nada. No se ría: nunca fui una persona violenta. Se imagina que no tenía idea de por donde empezar.

Al día siguiente renuncié al trabajo y apliqué para ingresar al personal de limpieza del edificio. Conseguí el trabajo con relativa velocidad, había omitido los datos necesarios para hacerles creer a mis empleadores que sería una buena empleada de servicio.

El trabajo era humillante, pero para nada exigente y me dejaba tiempo para aprender. Al principio no supe por donde empezar, era difícil en esa época, sin Internet, conocer algo sobre cómo armar una bomba. Pero comencé a visitar bibliotecas y salía con tipos de esos enfermos por las armas y los explosivos; esos que en realidad no matarían a una mosca y perderían cualquier pelea mano a mano de la forma más estúpida, los que cargaban su cobardía con una frustración tal que los convertía en fanáticos y coleccionistas.

Llevaba un diario. Tomaba notas en la biblioteca y cuando se iban esos pobres idiotas que creían que me habían subyugado con su interesantísima conversación. A algunos los vi más de una vez, todo dependía de cuánto me ayudaran a cumplir mi objetivo. Usted tiene todo el derecho a pensar que soy interesada, pero sepa que ninguno de ellos se fue sin pasar por mi cama en pago a la información que pudieran darme – ya que el trabajo de sirvienta no alcanzaba para pagarles de otra manera -.  Y créame que no debían ser demasiado afortunados en el amor: oficinistas paliduchos, gordos contadores, físicos tartamudos, ingenieros con dentadura postiza, químicos de manos sudadas (éstos fueron a la larga los más útiles). El que más me ayudó fue Ernesto, nos vimos tantas veces que se enamoró de mí y empezó a plantearse la posibilidad de dejar de vivir con su madre y mudarse conmigo. Por suerte ya me había dado casi todo lo que necesitaba y pude dejarlo ir, pero puedo asegurarle que ese hombre sufrió por mí.

Pasado un tiempo considerable, lo único que quedaba por hacer era conseguir los materiales y comenzar las pruebas. No fue nada sencillo. El resto ya lo sabe usted, todo está en los registros que encontraron en mi departamento: las dos pruebas en la Patagonia, el plan final. El plan perfecto e infalible. Era la última persona de la que podían sospechar, por eso me envalentoné. Cuando los meses siguientes leía como las investigaciones iban muriendo en laberintos sin salida, comencé a pensar en mi próximo objetivo.

Todo hubiese ido sobre ruedas de no haber sido por el hijo de puta de Ernesto. Sí, Ernesto, que ahora viene día por medio a visitarme y me pide disculpas y llora del otro lado del vidrio. Yo callo y lo miro llorar. Cuando termina la hora de visita me levanto y me voy sin más. Y el muy enfermo vuelve siempre, esperando que lo perdone. Pero yo no aflojo. Nunca hay que confiar en un hombre despechado. Se lo digo yo, que de esto sé mucho.

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  1. #1 por Concha Huerta el septiembre 23, 2011 - 5:54

    Que peligro tienen esos advenedizos que al final te destruyen por afan de protagonismo. Muy bien contruido el relato. Me gusto.

    • #2 por g. el septiembre 24, 2011 - 14:27

      si, concha, hay que ver con quién se junta uno para llevar a cabo sus objetivos, porque sino puede quedar como nuestra pobre terrorista amateur.
      abrazo,

  2. #3 por Andy el septiembre 23, 2011 - 11:22

    Además de que me encantó que utilizaras “el corro de curiosos”, frase que está en desuso desafortunadamenente, me encantó el relato. No puedo evitar sentir cierta piedad por la presa que tuvo que pasarse a esos deleznables por el cuerpo a cambio de información…Y ciertamente, los despechados son gente MUY peligrosa, más peligrosa aún que los asesinos y los tirabombas-

    • #4 por g. el septiembre 24, 2011 - 14:28

      puf! la lista completa de los que tuvo que pasarse es impresentable. de verdad es digna de piedad. pongamos de moda el término “corro”.
      abrazo,

  3. #5 por blopas el septiembre 23, 2011 - 12:04

    Ella se involucró con un hombre que vivía con su madre. Errores que se pagan caro. Un caso más de aquellos para desconfiar.
    Leíste Pastoral Americana, del Philip Roth?
    Abrazo!

    • #6 por g. el septiembre 24, 2011 - 14:29

      eso le pasa porque fue demasiado ambiciosa. hay que cuidarse de los hombres pero más de sus madres.
      no lei nada de philip roth, recomendable?
      abrazo y gracias por comentar, pablo querido.

      • #7 por blopas el septiembre 29, 2011 - 19:05

        Philip Roth es, para mí, un titán. Ampliamente recomendable. Pastoral Americana, pese a los años que ya tiene, es un libro impresionante.

      • #8 por g. el septiembre 30, 2011 - 0:11

        tendré que conseguirlo entonces, por lo pronto me acabo de hacer con un ejemplar de las tumbas de enrique medina, que pasa a integrar mi cada vez más nutrida biblioteca de pendientes.
        abrazo,

  4. #9 por catartik el septiembre 26, 2011 - 21:21

    me quedo con tu comentario anterior : “hay que cuidarse de los hombres pero más de sus madres”.
    qué lindo que estás escribiendo, y mucho.
    abrazo de marsopa (?)

    • #10 por g. el septiembre 26, 2011 - 21:23

      si. exceptuando a mi suegra, claro, que es copada. y lee el blog. hola ceci!

      • #11 por catartik el septiembre 26, 2011 - 21:26

        y exceptuándome a mí también. hola ceci!

      • #12 por g. el septiembre 26, 2011 - 21:27

        claro, a vos también, pero de eso se ocupará tu nuera. #lalala.

      • #13 por catartik el septiembre 26, 2011 - 23:14

        mi nuera?? esa turra.

  5. #14 por Larabi el septiembre 30, 2011 - 13:31

    el tipo era un boludo…. y como alguien dijo alguna vez… son más peligrosos los boludos que los hijos de puta…. porque el hijo de puta vos sabes que te va a cagar, entonces te cubrís… pero el boludo nunca sabés que va a hacer….

    • #15 por g. el octubre 1, 2011 - 17:17

      ah sí, el gran problema de la humanidad, ser boludo o hijo de puta. lamentablemente no se elige.
      salute, estimado!

  6. #16 por Cine Braille el octubre 1, 2011 - 19:43

    Ah, la cantidad de bandas de ladrones desarticuladas por una mujer despechada… Y por una mujer es que fracasa el robo perfecto de Casta de malditos, la de Kubrick. Bien por invertir el esterotipo.

    • #17 por g. el octubre 3, 2011 - 22:18

      tenés razón, esta vez fue inconsciente, pero me paso la vida tratando de invertir los estereotipos. gracias por hacérmelo notar.
      abrazo!

  7. #18 por Ricardo el octubre 2, 2011 - 15:48

    En la segunda parte lo perdona y, cuando la liberan, llevan a cabo juntos el siguiente objetivo.
    Angelina Jolie no da ya para el papel, me parece, así que habría que transpirar el casting. Russell Crowe es perfecto para Ernesto.
    No espere mucho, esta segunda parte zafa si no pasa directamente a DVD.

    • #19 por g. el octubre 3, 2011 - 22:21

      yo iría más por una emily watson, con esa pinta de tímida y blanda, da justo para el papel. a él le pondría el cuerpo de colin firth, que siempre me pareció un maricastañuelas.
      abrazo, ricardo.

  8. #20 por Luis Irles el octubre 4, 2012 - 13:39

    Quería informarte que en el blog “El faro del fin del mundo” tienes un premio en reconocimiento a tu labor.
    Saludos cordiales.

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