la mujer de los días perdidos.

Primero perdí un martes. Cuando vi el acolchado con el que me había acostado bien doblado sobre el sillón al lado de la ventana, creí que me había confundido al pensar que estaba puesto o que tal vez lo había sacado en medio de la noche, acalorada. Pensé en calores y en la menopausia y me dio miedo como siempre que pienso en eso porque no me gusta pensar en que se me pueda secar la concha y empiece a tener problemas de los huesos. Mi psicóloga me dice que soy una exagerada, pero claro, ella no está en mi lugar, es una pendeja divina que todavía seguro ni se preocupa por esas cosas, así que no le doy pelota y me sigo amargando por el tema porque tengo derecho, a mí me va a llegar antes que a ella y le pago para que escuche mis traumas.

La sospecha del martes perdido se acentuó cuando mi hijo no me pasó a buscar para llevarme al curso de bonsai filipino, una asombrosa técnica de relajación en la cual los músculos se contraen, una se hace más pequeña y realiza movimientos sincronizados de pelea filipina en cámara lenta. Es muy recomendable pese a ser costoso, pero vamos, los gustos hay que dárselos en vida, por lo menos así me parece a mí, qué sé yo.

¡Cuando lo llamé y me dijo que era miércoles! Entramos en una discusión de esas: pero mirá si hoy no va a ser martes, qué estás diciendo, me querés hacer pasar por loca, hijo de puta, seguro esto es culpa de tu padre. Esas discusiones que nunca terminan bien y que no sé para qué me gasto en empezar porque el muy desamorado me termina cortando.

No me quise asustar. Pensé que era de esos errores comunes que se cometen cuando las actividades son siempre las mismas, una rutina que lleva a cualquiera a confundir un martes con un miércoles o un jueves con un viernes.

Aunque la inquietud, debo confesarlo, me asaltó cuando me senté a trabajar. Trabajo en casa, soy la creadora y administradora de la Fundación “Aparato serás vos”, un espacio de inclusión para todos los niños que son discriminados por usar frenillos hasta los doce años (les decimos “frenillos” porque creemos que decirles “aparatos” es despectivo y suele ser el insulto más común que reciben estos pobres chicos junto con “dientes de metal” y otros bastante más ásperos que no voy a ponerme a citar acá).

Fue cuando me puse a chequear los mails que me di cuenta. Todos los correos sin leer fechados en miércoles. Y los del martes respondidos. Revisé el calendario, no fuera cosa que en una de esas se hubiera corrido y… pero no. Incluso antes de mirar ya sabía que algo había pasado con mi martes. Pensé en llamar a alguien, mi psicóloga por ejemplo, ¿pero cómo explicárselo para evitar una acusación de locura o delirio?

Pasé el miércoles tratando de pensar lo menos posible en mi martes. Al día siguiente, me desperté y era jueves, así que me alivié y para el sábado ya me había olvidado del asunto.

Ojalá hubiese quedado así.

Lo que perdí después fue un viernes. Y eso fue mucho peor, claro. No sólo por la repetición, que convertía un hecho aislado en síntoma, sino porque bueno, ustedes saben que los viernes son mejores. Digo, creo que todos estamos de acuerdo en que los viernes están al menos entre los dos mejores días. En mi caso, los viernes cojo. Llamo a un muchacho muy discreto que atiende a otras chicas acá en el country y me lo quedo toda la noche. Facundito, le decimos, y yo no les puedo explicar lo que tuve que hacer para tener los viernes a la noche con Facundito. Las otras mujeres pueden ser muy duras en una negociación de este tipo, pero no me quedé atrás y lo gané. Perder un viernes era trágico. Significaba dos semanas sin sexo incluso habiéndolo tenido.

Ahí sí llamé a la psicóloga, que me citó en su consultorio a la semana siguiente. El lunes sin falta. El martes no me acordaba de haber vivido el lunes ni de lo que habíamos hablado, así que tuvo que verme de nuevo. Me hizo estudios, no había nada inusual, dijo. Pero yo seguía perdiendo días al tuntún sin poder solucionarlo. Me transformé en un caso clínico. Estudiosos, doctores de prestigio me entrevistaban en ateneos y me hacían mil preguntas. Después se miraban entre sí y yo me daba cuenta de que estaban desconcertados porque me juraban y me re juraban que creían que sabían lo que me pasaba. No creo en los médicos, me parece que son brujos que conocen de memoria nombres de medicamentos en lugar de nombres de plantas curativas y que son todos comerciantes del primero al último, pero se esconden atrás de un juramento para creerse por encima del resto de los mortales.

Yo estaba tranquila porque me habían asegurado que no era menopausia ni vejez ni nada de eso: ninguna enfermedad del deterioro que me dejara babeante en un rincón sin saber ni el año en el que estaba. Siempre fui una mina práctica así que me organicé: anoto en un papel que dejo en la mesa de luz “Hoy es (coloque el día correspondiente)”. Los correos del día anterior quedan marcados sin leer hasta el día siguiente. Revisión de llamadas y de los mensajes de texto. Una asistente extra en la fundación que se dedica a tomar nota de lo que hago para contármelo al día siguiente si hace falta. Si pierdo un viernes, llamo a Facundito otro día y si puede me atiende y siento que cojo improvisando como cuando era adolescente.

Escribieron un ensayo sobre mí. “La mujer de los días perdidos” lo llamaron. Me pareció un nombre tan romántico que mandé hacer una impresión de lujo que guardo celosamente en mi biblioteca, al lado de los libros del maestro Deepak. El interior es una idiotez: puras conjeturas y cháchara de apariencia académica. Pero el título en el lomo me da placer.

Llegué a la conclusión de que los recuerdos están sobrevaluados y que la mayoría de los días son intrascendentes. Que con tecnología e imaginación se reconstruyen a piacere (cosa que hacemos igual cuando recordamos aunque no hayamos olvidado) y que en realidad somos en el mundo la suma de nuestras acciones y no de nuestros pensamientos. Eso sí: veo mucho menos a mi hijo. Tiene la buena puntería de visitarme casi siempre en los días que no recuerdo. Me encantaría pensar que es culpa de mi ex marido y su capacidad de cagarme la vida, pero la verdad es que a veces las cosas pasan y no hay culpables. En definitiva – un día más, un día menos – no hacen diferencia a la suma de todos.

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  1. #1 por catartik el noviembre 16, 2011 - 15:56

    “Llegué a la conclusión de que los recuerdos están sobrevaluados y que la mayoría de los días son intrascendentes.” un día más, un día menos: maneras prácticas de evitar las pérdidas, aunque no se dejan evitar.
    puf, boluda, me angustié. te lo comparto.

    • #2 por g. el noviembre 16, 2011 - 16:23

      cómo me querés vos eh.
      beso, futu.

      • #3 por catartik el noviembre 16, 2011 - 22:21

        no me subestimes, eh. te quiero, es cierto, y me gusta lo que leo, eh. futu.

      • #4 por g. el noviembre 17, 2011 - 23:31

        no te subestimo, me subestimo yo. ja!

  2. #5 por tatito el noviembre 16, 2011 - 16:58

    Lo leía y me pensaba a mi a los (x) años, teniendo que hacer un esfuerzo por recordar si hoy era unes o martes, y no sabiendo si tomé el medicamento o no, Te juro que me dió escalofrios, demasiado frágil es esto de la memoria… no??

    Besos.

    • #6 por g. el noviembre 17, 2011 - 23:30

      puf, una cosa que si uno lo piensa un poco, apenas existe.
      salut!

  3. #7 por Ricardo el noviembre 17, 2011 - 2:12

    Pobre, la señora.
    También podría probar con Alcóholicos Anónimos, ¿no? ¿Para qué toma, si no sabe? 😉

    • #8 por g. el noviembre 17, 2011 - 23:31

      viste cómo es esto de los vicios.
      salú!

  4. #9 por micromios el noviembre 18, 2011 - 3:53

    A mi se me confunden, hay días que son jueves y creo que son sábado, hay martes que me saben a lunes. Tendria que haber semanas flexibles y que cada uno elija el dia. Total tampoco es que mis dias tengan mucha historia.
    Es curioso que yo tambien estoy escribiendo sobre los dias y leí algun relato sobre ellos. ¿Será una revolución diaria?
    Salut

    • #10 por g. el noviembre 18, 2011 - 21:40

      está bueno lo de las semanas flexibles, deberíamos buscar la forma de implementarlo.
      viste que a veces las ideas flotan en el aire y los estímulos se terminan pareciendo tanto que podemos escribir sobre las mismas cosas en partes distintas del mundo? está muy bueno eso.
      salut, carme.

  5. #11 por Larabi el noviembre 18, 2011 - 10:43

    Guarda con el contenido autoprofético de lo que se escribe. Guarda. Mirá a Donoso. eh! Ya te veo olvidándote de los días, ya te veo…
    Saludos.

    • #12 por g. el noviembre 18, 2011 - 21:42

      yo me veo olvidándome hasta mi nombre, asi que algo de profecia debe haber. qué bueno que existe la tecnología.
      salut!

      • #13 por larabi el noviembre 19, 2011 - 10:14

        Aunque pensándolo bien, como autoprofético tal vez prefieras el chonguito de los viernes. Esa puede estar buena….

      • #14 por g. el noviembre 19, 2011 - 14:54

        va a estar descontada, claro que necesitaré que otros me avisen que lo vi, seguro que me olvido.
        salut!

  6. #15 por Cine Braille el noviembre 19, 2011 - 10:32

    ¿Ya comenté que me gustó?

  7. #16 por Cine Braille el noviembre 19, 2011 - 10:36

    Iba a repetir el sin dudas graciosísimo comentario “¿Ya comenté que me gustó?” pero WordPress no me deja: dice que ese comentario ya fue posteado y está repetido. Alguien tomó nota de su inquietud, parece.

    • #17 por g. el noviembre 19, 2011 - 14:55

      mire usted las cosas de las que se viene a enterar uno, no? no sabía que wordpress no dejaba repetir comentarios. es más inteligente de lo que parece wordpress.
      salut!

  8. #18 por Gilda el noviembre 20, 2011 - 12:22

    Ay, qué triste.

    • #19 por g. el noviembre 20, 2011 - 13:45

      sí. pero dice mi protagonista que igual se vive. ella está en la negación para no enloquecer.

  9. #20 por Concha Huerta el noviembre 25, 2011 - 6:21

    Me encanta el titulo, la mujer de los dias perdidos, que buena idea para un relato que por cierto no tiene desperdicio. Una mujer que olvida parte de una existencia gris que no es memorable y que quiere desacer los problemas que le acosaron en la vida. muy ingenioso. Me gustó. Un saludo

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