un cuento con una vieja*.

Tengo varios comienzos para un cuento con una vieja. Están ahí, en la pila de cosas incompletas, en la carpeta de pendientes que guardo para cuando estoy en crisis y no se me ocurre nada. La misma carpeta que no abro cuando estoy en crisis porque me deprimiría todavía más leer esos párrafos abandonados en los momentos en que nada parece querer arrancar.

La vieja siempre es la misma. Pinta de loca, esas locas que viven en la calle, como una que para en una plaza acá a dos cuadras, que anda siempre muy abrigada y carga bolsas, botellas de plástico y un chango con ropa que cuelga de las rejas de la plaza, como si tuviese su propia feria de segunda mano. Las botellas de plástico las llena de agua y las pone a un costado del changuito y se pasea por la vereda, quién sabe si hablándose a sí misma o a algún fantasma. Pero la vieja de mis cuentos no es ésta vieja.

La vieja de mis cuentos inconclusos está llena de arrugas como si hubiera vivido al sol de enero desde siempre. No sé qué edad tiene porque no tiene edad. El pelo gris por falta de lavado. La ropa indefinible, o tal vez sea yo que la veo confusa, igual que en los sueños de los que uno no se acuerda todos los detalles. Es una especie de batón muy viejo de una tela que parece arpillera y tiene manchas oscuras, secas, que en algún momento gotearon de la boca o la nariz. Pueden ser pedazos de comida, quién sabe. Yo no sé, yo la veo sólo en esas situaciones en las que aparece y no la conozco lo suficiente como para andar determinando qué pueden ser esos manchones. Le faltan dientes, los que quedan están podridos y rotos. Lo sé porque la vieja me reconoce y me sonríe con una sonrisa abierta y los ojos que casi se pierden en medio de tanto pliego. Tiene las manos como garfios. Las uñas largas, mordidas en partes, como si las usara para cortar carne o algo y ese algo pudiera quedar enganchado en las irregularidades. Los dedos marrones de cigarrillos mangueados.

Es una marginal y no parece importarle. No tengo datos sobre su vida hasta nuestro encuentro.

Sé que me reconoce.

En una versión, nos encontramos en una parada de bondi. La parada del 39 que está sobre Salta, a media cuadra de avenida Belgrano. Es una vereda angosta, y la cola que se forma en esa parada justo tapa la salida de un kiosco atendido por un nigeriano, donde un tipo que suele estar sentado contra una especie de mostrador toma una gaseosa fría, lee un diario y relojea los culos de las minas que entran a comprar al local. En la cola de la parada hay un señor bajito y pelado, con panza. Corbata floja y camisa sudada. Saco en mano. Pinta de empleado contable con aspiraciones de jefatura que no realizará nunca porque suda demasiado y sus compañeros de trabajo lo odian.

Hay otras personas y la vieja, a un costado en la fila, apartada porque todos se apartan de ella – por ejemplo, dos adolescentes con mochilas punk que se besan con  lengua y de a ratos (en especial la chica) la miran de reojo. Pero la vieja me mira a mí. Y me dedica una sonrisa delirante, de otra realidad, y yo siento que ella sabe algo y quiere decírmelo pero no se atreve o yo no la dejo acercarse lo suficiente y me aferro a mi cartera y desvío la mirada deseando que llegue el colectivo y el gordito oficinista que no para de bajar a la calle para hacerlo venir más rápido. Y hasta ahí llego: no sé si dejo pasar el colectivo al que ella sube o si yo subo y ella se queda abajo mirándome fijo y yo también la miro y nos separamos por la fuerza de la velocidad y la veo que levanta una mano y la abre y me saluda y yo no le respondo. No me pregunten cómo sigue. Es de esas historias que en realidad son de otros y son otros los que deben terminarlas.

A veces creo que las ideas sí andan volando. Y una las engancha en el aire, en un error de apropiación. Tratás de hacerlas tuyas pero no podés. Creo que es porque están destinadas a alguien más. Como robar wifi o como enamorarse de un chongo, pero menos efectivo o gratificante: hay que aceptar que a veces no va, dejarlo ir, no encapricharse con hacerlo funcionar, es al pedo.

En otra versión, la vieja es un recuerdo. Yo camino por Corrientes llegando a 9 de julio y primero escucho y luego veo aviones militares. Muchos, demasiados. Oscurecen el cielo, tapan el sol. Otros transeúntes también escuchan y ven y se detienen y empiezan a observar los aviones y el ruido es ensordecedor, están cerca, son tantos que las turbinas no permiten hablar en un tono de voz normal. Pienso en una exhibición hasta que cae la primera bomba. Y las otras enseguida, y todo se transforma en un Apocalipsis de sangre y espanto. Los autos vuelan y matan a los peatones que no fueron alcanzados por los proyectiles. Las explosiones se alejan hacia dentro de la ciudad, los aviones pasan, todo es caos. Hay una mujer con traje ejecutivo, con el brazo destrozado y una cartera de marca colgando del hombro, a punto de caerse. La mujer avanza desorientada, como si no se diera cuenta de que está por perder el brazo que le cuelga de unos cartílagos resistentes. Camina entre los autos dados vuelta y los que quedaron en pie, entre los conductores que tratan de salir de los coches que se incendian, y algunos estallan y se produce un efecto dominó que hace estallar otros autos y la mujer del brazo se acerca a la mitad de la calle y un auto vuela por el aire y la mujer desaparece y la cartera cae humeante a pocos metros míos que estoy ilesa pero sorda salvo por un silbido que me da dolor de cabeza. Un nene le agarra la mano a una mujer muerta y llora y grita mamá mamá pero nadie acude, todos están aturdidos y yo reacciono y escapo por una calle lateral, pongamos Talcahuano. Hago un par de cuadras y me desmayo. Despierto en una calle desierta, otra a la que no sé cómo llegué. La cabeza contra el cordón de la vereda. Sangre en la calle, sangre mía. Me levanto, me duele todo el cuerpo, tengo un regusto a hierro en la boca, me toco y siento un diente flojo a punto de salirse y tiro, sale. Vomito y el gusto a hierro se mezcla con un almuerzo que tomé en otra vida, mi último almuerzo, que se mezcla ahí con el rojo en el asfalto y por la calle no pasa nadie, entonces me acuerdo de la vieja que me crucé esa mañana camino al trabajo al que no voy a ir más. La vieja que me miró y me sonrió y sí, me habló. HOY SE ACABA TODO, me dijo y las palabras quedaron flotando más tiempo que ella, que pegó media vuelta y se alejó rengueando y yo pensé que la vieja estaba loca y no hice caso porque no es cuestión de andar pidiendo explicaciones a todos los locos que uno se cruza. Y ahí muere la historia, porque la vieja no encaja acá tampoco y me corta la inspiración. O tal vez sea que no puedo escribir sobre la guerra porque nunca estuve en una y hay que escribir sobre lo que uno conoce, todo lo demás es falso y artificial, no sirve y queda incompleto, trunco. La vieja sigue sonriendo en mi cabeza, en el lugar en el que descansan todos los personajes que todavía no conozco, los que vi pasar nomás en la bruma de lo que puede ser una imaginación o un atisbo de mi destino.


*este post fue leído en la fiesta Psicofango 2, el 27 de noviembre de 2011 en La Cuadrada de Mar del Plata.

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  1. #1 por blopas el noviembre 28, 2011 - 22:53

    Esta vieja, no sé por qué, me hizo acordar a la viuda borracha que bordea la tumba abierta de su marido en “así.”. Me pasó anoche y me volvió a pasar ahora cuando lo leí. No sé por qué asimilo vieja a viuda. En fin.

    En ocasiones, nuestra mente puede ver mucho más que los ojos.

    Salute, y que sigan los épsitos!

    • #2 por g. el noviembre 28, 2011 - 23:10

      mira que asociación, es curioso porque hoy en el viaje de vuelta me acordé de esa viuda y te juro que hace mucho que no pienso en ella. me habrás hipnotizado y transmitido el pensamiento, roset. esas magias suceden.
      abrazo,

  2. #3 por Viviana el noviembre 28, 2011 - 23:03

    Qué bien te queda el fin del mundo, Gaby! Me encanta esa vieja, amo a esa vieja. Esa vieja te está diciendo todo al oido, eh. Y vos lo sabés.
    Me encantó!
    Abrazo

    • #4 por g. el noviembre 28, 2011 - 23:11

      es el personaje que te comenté en el blog que me crucé el otro día, por el cuento de clara. yo no sé si me gusta esa vieja, pero tengo que convivir con ella, al menos ahora ustedes la conocen como yo.
      abrazo, vi.

  3. #5 por Andy el noviembre 29, 2011 - 0:38

    Muy bueno. Una vieja de esas de las que no podes enamorarte sin rechazarla ni rechazarla sin enamorarte, una vieja de esas que abundan en los pueblos, merdeando plazas, mendigando historias. Un placer, como de costumbre

    • #6 por g. el noviembre 29, 2011 - 1:06

      sí, voy a tener que estar atenta a ver si me anda buscando.
      abrazo, querida,

      • #7 por Andy el noviembre 29, 2011 - 1:08

        que horror! quise poner merodeando y me salió merdeando. Bueno, quedó original, no?

  4. #8 por catartik el noviembre 29, 2011 - 8:54

    la vieja, la muerte, y el Psicofango: batidito y con hielo, por favor. Gracias.

    • #9 por g. el noviembre 29, 2011 - 23:04

      sale uno, regalo de la casa.
      gracias a vos.

  5. #10 por Ramiro el diciembre 2, 2011 - 5:58

    Hola! Te escuche leerlo en la cuadrada. Me gustó mucho. Ademas me sentí identificado con eso de los borradores que dejamos a mano para cuando se va la inspiracion y… cuando se va lo que menos hacemos es ir a esa carpeta.
    El domingo descubri Psicofango y fue algo bueno. Estuvo muy bien la noche, post lluvia, en Mar del Plata.
    Te invito a espiar mi blog, cuando puedas… con ganas… tiempo… etc.

    Gracias!

    Ramiro
    http://eltontoaliviodeescribir.blogspot.com

    • #11 por g. el diciembre 2, 2011 - 11:36

      hola ramiro, bienvenido, qué suerte que aparezca gente nueva que se acerque a conocer psicofango y qué bueno que te haya gustado, ahí me paso por tu blog.
      salut!

      • #12 por Ramiro el diciembre 2, 2011 - 17:10

        Gracias! Llegué de casualidad, después sobre el final hablamos algo ya que estaba en la mesa del personaje que agarró el microfono al final… ja!
        En fin, me guarde el folleto para mirar los blogs de ustedes al regresar de las vacaciones. Y ya de vuelta a la ciudad trato de cumplir.
        Hace tiempo que busco un taller o un grupo o algo acá pero por tiempos o por desconocimiento no lo consigo o lo postergo. En algun momento lo haré. Saludos nuevamente. Ramiro

      • #13 por g. el diciembre 4, 2011 - 14:24

        aaaah, ok, qué personaje ese muchacho!
        estamos viendo de hacer una fiesta acá en buenos aires, posiblemente en marzo o abril, así que si quieren los tenemos al tanto y se vienen.
        salut!

      • #14 por Ramiro el diciembre 5, 2011 - 20:01

        Dale, buenisimo. No veo a los chicos viajando pero yo vivo acá y si para esa fecha estoy iría encantado.

        Ramiro

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