el indio hace lo que puede.

Porque no podés comparar a Soda con los Redondos, lo mismo que no podés comparar la fase solista del Indio con los Redondos.

No estoy segura de haber escuchado bien pero qué importa, le digo que sí, que claro, que cómo no. En realidad lo que hago es asentir con la cabeza, la música suena tan alto que no hay manera de hacerme oír y debería gesticular y esforzarme. Asiento y miro hacia la pista. Me quiero morir. No sé que estoy haciendo acá. El Facu está hecho un denso y no se calla y yo quiero irme a dormir. Soy una pelotuda, pienso. Me estoy poniendo grande y no me di cuenta hasta ahora. Creí que sabía lo que estaba pasando acá afuera pero no tenía ni idea. Es lo que pasa por vivir quince años en una burbuja monogámica: te despedís de un mundo de gente de veintipico que en general no se entera de que tiene veintipico y ese mundo queda así, congelado en el recuerdo y la nostalgia. Un día volvés, y cuando volvés ese mundo se convirtió en un lugar al que ya no pertenecés: por energía, por experiencia, porque en fin, uno se acerca a la muerte y se va cansando y todo eso. Claro que está la otra alternativa: ir donde va la gente de tu edad. Esa es peor, es el espejo cruel de los fracasos y las renuncias, de los manotazos de ahogado y la resignación. Mucho encogimiento de hombros, mucho porque mi ex y porque los pibes y porque el laburo. Una se pregunta en qué momento pasó a pertenecer a este grupo y no al otro. Te lo preguntás con miedo y pena: querés saber si podías haberlo evitado aunque ya sabés la respuesta. El Facu sigue hablando pero yo casi le dejé de prestar atención: estoy mirando a un flaco con zapatos leñadores y pinzado blanco que trata de convencer a una mina de jean ajustado y mucho polvo tapacosas en la cara para que pruebe un líquido violeta de su vaso. Nunca fui buena para las bebidas, no tengo idea de qué es eso, pero a juzgar por la cara de la mina, debe tener un olor bastante desagradable. ¿No te parece?, me dice el Facu. No me parece qué, alcanzo a gritar. Que está claro que el Indio perdió mucho cuando la banda se separó. No sé Facu, no tengo idea, a mí me gusta. Yo no digo que no esté bueno, me dice, digo que antes era mejor.

Lo miro con lástima. Facu también. Él también extraña el pasado. El pasado no vuelve, Facu, el Indio hace lo que puede como vos y como yo, le quiero decir. Pero estamos grandes, y uno con los años aprende algunas cosas, no muchas, pero algunas. Sí Facu, le digo. Antes era mejor. Nos quedamos callados mirando a la gente. El tipo de pinzado blanco hace algo así como bailar en el medio, de la mina del polvo en la cara no hay rastros. Le doy un codazo al Facu: vamos, estoy cansada. Me contesta que bueno, y salimos.

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