el pasado siempre es sepia, aunque sea en technicolor.

A nadie va a matar mi muerte. A nadie le quitará el aire, a nadie le provocará espasmos ni ACVs. Nadie llorará más que unos días y llorará su propia muerte y no la mía, y en el fondo será el alivio porque una vez más no fueron ellos, fue otro, porque el bingo de la parca sacó otro número y seguirán con el tiempo regalado que sólo pueden malgastar. Nadie va a dejar de existir por mi ausencia, nadie sentirá que la vida no merece ser vivida porque ya no estoy. Somos hijos de la finitud, esclavos del último aliento. Y no importa lo que hagamos, nadie va a morir con nosotros. El mío no será un final de película, no habrá últimas palabras, apenas el estertor y la mirada vacía. Mis seres queridos abrirán los ojos al día siguiente de mi entierro y estarán tristes pero se levantarán, y pondrán un pie delante de otro y pensarán que la vida sigue y que hay que vivirla. A nadie se le ocurrirá dejar de dormir, dejar de soñar, dejar de comer, dejar de reír. Nadie pensará que no hay sentido en el mundo sin mí, nadie verá mi sombra por el rabillo del ojo, pensándome presente y concreta. Quedarán imágenes con mi sonrisa, archivos en jpg que se borrarán por accidente o por decisión, cuando ya nadie sepa quién era esa mujer que sonreía en esa foto vieja. Quedarán cuadernos que nos significarán nada y palabras que tal vez ya no se usen, retratos del pasado color sepia, porque el pasado siempre es sepia aunque sea en technicolor. Y los ríos seguirán su curso, y los árboles seguirán creciendo, y las tortugas seguirán hibernando cuando ya no esté; y las manzanas seguirán rojas,  y los chicos seguirán pidiendo cuentos de terror, y sus bicicletas seguirán viniendo con rueditas. Y los mares seguirán salados, y los que queden tendrán miedo y tendrán ganas, y el sol va a seguir ahí, como ahora, como cuando estaban los otros antes que yo, cuyas muertes no me mataron. Nadie perderá la vida cuando me toque perderla a mí, y tiempo después seré apenas la molestia del nicho que se vence y hay que volver a pagar, hasta que alguien diga lo que debe decir: que mantener mis restos no vale la pena, y me borre del todo de la historia, del recuerdo y la parcela.

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