conversaciones con marita (II).

Vasitos de plástico amarillos y blancos. Servilletas amarillas y blancas. Niños que corren de acá para allá a los gritos. Adultos que comen chips, fosforitos, sanguchitos de miga, hablando de cosas que no le interesan a nadie y menos que menos a ellos, que miran sus relojes para ver a qué hora es lícito irse a casa a mirar televisión en pantuflas. La recién comulgada anda pecando por ahí, se pelea con la hermanita menor y le saca la lengua a la abuela, que le pide que por favor no se desarme el peinado que tanto trabajo costó armar. Uno de los chicos lleva un disfraz de Superman que le va enorme, arrastra la capa roja con la S resaltada y la capa se va llenando de migas y papel picado. En la pechera, una mancha amarronada enturbia el azul brillante del disfraz, coca cola seguramente. Pienso en si el disfraz será alquilado, en las explicaciones que tendrá que dar la madre, padre o tutor del pequeño Superman a los de la tienda de disfraces, en lo acostumbrados que estarán en la tienda de disfraces a entregar un disfraz limpio y recibir de vuelta un manojo de migas, papel picado y pegote de gaseosa. Al lado de donde estamos sentadas Marita y yo, dos viejas hablan de lo maravilloso y amable y bueno que parece el papa Francisco, de lo bien que le hace a la Iglesia que haya cambiado el trono papal por uno más modesto, porque Francisco es austero. Como siempre, quiero discutir, quiero hacerlas pensar, quiero preguntarles si de verdad creen que después de morir seguirán vivas. Quiero hacerles ver la contradicción. Marita, mientras tanto, mira a los chicos que van y vienen y de golpe se le detiene la mirada en el pequeño Superman.

–         ¿Vos te cojerías a Superman? – me pregunta.

–         Eh, no sé.

–         Bué, pensalo.

Ni siquiera quiero entrar en la lógica que lleva a que mi hermana tenga ese tipo de razonamientos viendo a un nene disfrazado. Como no le contesto de inmediato, y ella no soporta el silencio, sigue hablando.

–         Para mí que no cojía Superman. Para mí que era virgen. Porque oime, era un extraterrestre. Andá a saber cómo estaba hecho por abajo del traje.

–         Bueno, no, pero se ve que hay algo dentro del calzón, Mari.

–         Algo sí, pero andá a saber. Habría que mirar en Internet, por ahí dicen algo sobre si Superman cojía o no. El que para mí debe cojer como loco es Batman. Ese es un traje que te da ganas de cojer. Yo me cojería a Batman. No a Bruno Díaz, ojo, Bruno Díaz me parece un careta.

La madre de la agasajada pasa con una bandeja de plástico, agarro una brochette de pollo y morrón. Marita también: la desarma, saca el morrón y lo tira sobre una servilleta amarilla, vuelve a pinchar el pollo y se lo lleva a la boca.

–         ¿Para qué lo volvés a poner en la brochette? Es al pedo.

–         Es de mala educación comer pollo con la mano.

–         Pero si están todos comiendo con la manNADA, no importa.

–         Porque está claro que Clark Kent es virgo. Da virgo.

–         Bueno, sí, pero es el personaje también.

–         Ok, pero si Superman necesitara coger, se hubiera buscado un alterego un poco más cojestible. Para mí que Superman no necesita cojer porque no es humano. Los extraterrestres no deben cojer como nosotros.

–         No sé qué decirte.

–         Bueno che, pensá conmigo, si no tenemos otra cosa que hacer que charlar y comer, al menos charlemos de algo interesante. ¿O preferís que nos pongamos a charlar del Papa, como estas cacatúas de acá al lado?

Me hace reír la palabra cacatúas y eso es un error. Hace mucho tiempo aprendí que no debo reírme de nada que diga Marita porque eso la ceba y le da cuerda. Las viejas siguen con Francisco, hablan de lo lindo que es que no sea estirado y protocolar. Para esas señoras, la palabra revolución debe significar lograr que en el supermercado chino les acepten la devolución de un yogur vencido y les den dos en compensación.

–         Es un poco como el Papa.

–         ¿Por el traje decís?

–         Por el traje y porque no coje. Y usa otro nombre. Clark Kent-Superman. Jorge Bergoglio- Francisco.

–         No sabés si no coje.

–         ¿Francisco o Superman?

–         Los dos. Además no es lo mismo, Bergoglio no es la identidad secreta de Francisco.

–         Bueno, no, pero tiene poderes especiales. ¿O no? Es como el elegido de Dios, cosa así.

–         Ponele. – me pregunto cuántos ‘ponele’ tendré que decir antes de que esto se termine.

–         Y bueno.

–         ¿Y bueno qué?

–         Y bueno que no me dijiste si te cojerías o no a Superman.

–         Yo qué sé, Marita. Supongo que sí.

–         Ja, yo sabía.

–         Qué sabías.

–         Sos pro yanqui.

–         ¿Eh? No, no soy pro yanqui.

–         Y sí, sino no hubieras dicho que sí. Te gusta la bandera yanqui, te gusta la cosa imperialista.

–         ¿Pero de dónde sacás eso? ¿no te das cuenta de que estás diciendo una boludez?

–         No sé, loca. A mi me parece que sos pro yanqui, que querés que te diga.

–         Bueno, Marita, bueno. Soy pro yanqui, ¿está bien? Tenés razón, me garcharía todo a Superman, de arriba abajo, porque en realidad quiero hacerme una paja con la bandera yanqui, ahí tenés. ¿Te parece bien? ¿Eh? ¿Mmmh?

Y miro para el frente, y veo al nene con el disfraz de Superman, y a la comulgada, y a los amiguitos (hay uno disfrazado de algo que parece el Hombre Araña), que me miran fijo, con la boca abierta y los ojos como platos. Los miro, les sonrío, y son como los niños del maíz, están ahí callados y atónitos.

–     Nos vamos, Marita.

–     Pero no cortaron la torta.

–     Nos vamos igual.

Agarro el saco y agarro a marita, que manotea un chip de crudo y tomate de salida, mientras escucho, mientras nos alejamos, la voz de Supermancito, aguda y chillona:

–    Mamaaaaaá, ¿qué es ‘garcharía’?

*Aclaración necesaria:  la responsable de este blog adscribe al uso de la palabra cojer con J, porque es argentina y por todo esto que está tan bien explicado en este texto:  http://www.taringa.net/posts/info/10552663/Coger-o-Cojer.html. Más de una vez me han tirado la bronca por el golpe que significa a la vista leer esa J donde se supone (porque así lo dice la Real Academia) que debería haber una G. Mi respuesta siempre es la misma: en definitiva, no importa como se escriba, importa hacerlo, mucho, bien, y con consentimiento de ambas partes.

* Habrán notado el (II) entre paréntesis. Eso se debe a que estos personajes vienen repetidos desde acá

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