a todos nos deprimen los domingos a la tarde.

A todos nos deprimen los domingos a la tarde.
Es el mal de muchos
que no consuela ni a los tontos.
Es como una campana que suena,
que repite: es domingo, es domingo,
son las siete, deprímanse.
Ni para eso somos originales.
Tendríamos que dejar de saber
en qué día de la semana estamos.
Encontrar la forma de deprimirnos
de manera dominguera
sea el día que sea.
Porque no, no es la misma depresión:
no es igual deprimirse un domingo
que un martes o un miércoles,
eso lo sabe cualquier depresivo diagnosticado,
y muchos sin diagnosticar, que piensan
que la depresión es normal
que la tristeza es normal
que las cosas duelen siempre
que todo pesa demasiado
y que es así, que qué vas a hacer.
Los domingos, a la tarde,
acompañamos a todos los deprimidos
veinticuatro por siete,
somos depresivos solidarios.
¿Se sentirán menos solos los depresivos crónicos
los domingos, a la tarde?
¿Esperarán esa hora con ansia, con ganas,
para decir vieron, vieron que tenemos razón?
Qué mierda.
Qué puta mierda.
La depresión, el domingo, todo.

Pero:
si todos los días fueran domingo,
sin lunes al día siguiente,
¿no sería una fiesta la vida?

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