que no.

Que no, que yo no quiero trascendencia,
ni en libros, ni en un árbol, ni en los genes
que sean otros, no yo, los que se esmeren
yo no lo quiero, no, no me interesa.
Renuncio, y no lo siento sacrificio,
a prolongar mi huella en otros pasos
a que tengan mi voz, o mis escasos
centímetros, mis mañas o mis vicios.
Que mi útero perezca inhabitado,
que no tenga futuro y sí pasado
que se termine en mí todo el linaje
prefiero ser llegada, fin del viaje.
Que no hereden de mí ni mis virtudes
ni aquello que hago mal, mis actitudes.
Que no: no es para todos ni es sagrado
y no es obligación, y no es soñado
por muchos como yo, que no queremos
ser más de lo que somos y podemos.
Que no tengan tus ojos, ni los míos
después que vos y yo hayamos partido
aquellos que caminen por el mundo.
Que no hay amor mejor, ni más profundo
que hacer lugar para los más fecundos.

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